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Podemos: lo llaman democracia y no lo es (1)

Es esta palabra, 'democracia', la que veo más problemática en relación con Podemos.

David Jiménez Torres
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Hace algunos días me enteré de que se estaba montando un círculo de Podemos en Mánchester, la ciudad donde vivo y trabajo. Fue más o menos a la vez que se anunció que el círculo de Podemos en Londres se iba a presentar de la mano de Owen Jones y Ken Loach, en un evento que transcurrió bajo el nombre "Podemos como parte de la nueva construcción de la democracia en Europa". Lo que estos eventos señalan es la atracción que ejerce Podemos sobre una parte de la gran diáspora española que ha sido creada o reforzada por esta crisis interminable; y el activo cortejo que evidentemente realiza Podemos de este grupo numeroso y enérgico. Pero si Podemos interpela a la diáspora, supongo que el resto de los que estamos en ella también tenemos derecho de réplica.

Coincido con Podemos y sus aledaños en un asunto: la necesidad de una sociedad civil fuerte, activa y contestataria. Fue la razón por la que simpaticé con el 15-M en sus primeros días de acampada en la Puerta del Sol, y por la que me sigue pareciendo que aquella manifestación de descontento no fue del todo negativa para el país, independientemente de que sus derivaciones hayan resultado escasamente productivas (cuando no, como en el caso de los escraches, directamente muy negativas). Pero está bien que la política se debata, que la gente se decida a informarse de las razones últimas por las que se encuentra en determinada situación, y que esté dispuesta a salir a la calle para defender sus intereses y sus ideas. Quizá con una sociedad civil más activa la corrupción, por poner un ejemplo, no quedaría tan impune.

Claro que ni el 15-M ni Podemos ni la PAH inventaron todo esto. En los años de Zapatero, por buscar el precedente histórico más cercano, se vivieron enormes movilizaciones contra las decisiones de aquel gobierno, y en un ambiente de hostilidad mediática más o menos tan grande como el que dicen sufrir Pablo Iglesias, Monedero y Colau en sus entrevistas en La Sexta, El País, El Mundo, Cuatro, etc. Lo que pasa es que entonces no lo llamaban "toma de conciencia de las masas" o "manifestación de la voluntad del pueblo". Lo llamaban "crispación", y era malo y era algo que debía ser eliminado. Sí, vale, pelillos a la mar, pero que sean coherentes con su propio discurso. Si las movilizaciones contestatarias son la máxima expresión de la democracia, entre los años de Aznar y los de ZP llevamos dos décadas dándonos atracones democráticos. Esa balsa de aceite anestesiado, esa democracia de borregos que dicen que era España antes de un cierto 15 de mayo nunca existió.

Y es esta palabra, democracia, la que veo más problemática en relación con Podemos. Porque este partido, o movimiento, o lo que se quieran llamar (en ese esfuerzo algo pueril por rechazar la terminología de la política clásica), propone medidas fundamentalmente económicas: legislación laboral para disminuir el desempleo, regulación bancaria, política de vivienda, etc. Propuestas en las que no entro, porque no soy economista y hay mucha gente infinitamente más cualificada que yo para hablar de ese tema. Pero el problema es que Podemos y sus aledaños no se definen como movimientos que defiendan sencillamente una organización diferente de la economía. El problema es que se definen como defensores de la democracia.

Éste es el verdadero eje central de su discurso, el sustantivo que nunca anda muy lejos de cualquier frase de sus dirigentes o portavoces (véase de nuevo el nombre que pusieron a su evento en Londres). Todo en Podemos es democracia, o falta de ella: si te despiden de tu empresa cuando ésta obtiene beneficios, es cuestión de democracia; si el Gobierno rescata a los bancos con dinero público, es cuestión de democracia; si te desahucian de tu piso, es cuestión de democracia. Que una supuesta mayoría socioeconómica salga perdiendo y una minoría socioeconómica salga ganando (siempre según su relato) es, en fin, un problema de democracia. Si algún griego de la Antigüedad se hubiera molestado en patentar la palabra democracia, con la irrupción de Podemos y Cía. sus descendientes ya estarían nivelando las balanzas fiscales de aquel país.

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