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EDITORIAL

Democracia interna al estilo Rubalcaba

La adulteración de un proceso de primarias hasta convertirlo en un triste espantajo es sólo la consecuencia natural de haber tenido como protagonista al vicepresidente y ministro de Interior.

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El historial del PSOE con sus procesos de primarias para elegir candidatos electorales no ha sido precisamente ejemplar –ahí está su catálogo reciente de damnificados para acreditarlo–, pero al menos es un partido que brindaba a sus afiliados la posibilidad de pronunciarse libremente sobre las distintas candidaturas, cosa que, por ejemplo, no ha llevado a cabo jamás su principal rival político. Pues bien, con la forma en que se ha designado a Rubalcaba como candidato "oficial" del partido, también este leve rasgo de democracia interna ha quedado destruido.

La farsa de estas primarias cocinadas por Rubalcaba y presentadas por un Zapatero más patético que nunca difícilmente va a engañar a los militantes de su partido, por más amplias que sean sus tragaderas políticas... que lo son. En cuanto al resto de la sociedad española, el ridículo que está protagonizando el PSOE con esta fantochada antidemocrática no va precisamente a contribuir a mejorar una imagen ya de por sí bastante depauperada por méritos propios.

Zapatero se marcha de la política destruyendo también la ya de por sí bastante anémica democracia interna de su partido, algo por lo demás consecuente con el carácter intrínsecamente destructivo del personaje. Ciertamente no podía encontrar un sucesor más adecuado, por lo deletéreo, que Alfredo Pérez Rubalcaba, el hombre de la portavocía de la corrupción felipista, del Gal, del 13-M y del Faisán, que con el consentimiento de ZP y la colaboración necesaria de unos barones regionales únicamente preocupados de mantener el escaso poder que las urnas les han reservado, se ofrece ahora a la militancia socialista como el tipo que va a ilusionar a la sociedad española entera para captar su confianza en las próximas generales.

No hay otro político en España que presente un rechazo más contundente a los principios democráticos que el inmarcesible Alfedo Pérez Rubalcaba, como lo acredita su presencia constante en el puente de mando de todas las operaciones del PSOE destinadas a vulnerar las reglas del juego democrático. Desde esta perspectiva, la adulteración de un proceso de primarias hasta convertirlo en un triste espantajo es sólo la consecuencia natural de haber tenido como protagonista al vicepresidente y ministro de Interior.

Con unos pocos meses hasta las elecciones generales a las que va a concurrir como cabeza de lista del PSOE y la imperiosa necesidad de remontar el penoso resultado de las recientes autonómicas y municipales, Rubalcaba no va a tener reparos en poner en juego toda su astucia y su falta de escrúpulos para subvertir las reglas básicas del combate democrático si ello sirve a sus objetivos. Ya lo ha hecho otras veces. Ahora, además, lo hará desde el poder. Vayamos todos preparándonos para vivir unos meses escalofriantes.


 

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