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EDITORIAL

El peor enemigo de Cataluña

Los niveles de intimidación y violencia que ha impuesto el nacionalismo en Cataluña son totalmente incompatibles con la democracia y la libertad.

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La UAB: lo peor de una sociedad enferma

Lo ocurrido en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) este miércoles es una prueba escalofriante de la degradación moral de la sociedad catalana en general y de sus universidades en particular. Por culpa del nacionalismo, lo peor que les ha podido pasar.

No hace tantos años, escenas y gritos como los de este miércoles en la UAB eran impensables en España, salvo en el País Vasco dominado por la ETA. Hoy, sin una banda de asesinos imponiendo el terror, unos universitarios son de todas formas capaces de acercarse a un grupo de compañeros y gritarles "Pim, pam, pum, que no quede ni un!", grito que no es necesario traducir y que habrían firmado los cachorros de ETA en los años más negros del terrorismo.

Los niveles de intimidación y violencia que ha impuesto el nacionalismo en Cataluña son totalmente incompatibles con la democracia y la libertad. En Cataluña, la mitad de la población vive sin poder expresarse en libertad, sin poder siquiera hablar en el idioma mayoritario de la región y sometida a discriminaciones sin cuento.

Si la actitud de los niñatos aprendices de terrorista de la UAB es despreciable, muchísimo peor es la de la propia institución, que no sólo les dejó campar a sus anchas impidiendo la entrada al campus de los Mossos sino que, un día después, emitió un comunicado vomitivo en el que culpaba a las víctimas de la agresión, en la peor tradición de los más despreciables regímenes totalitarios.

Quienes han perpetrado ese comunicado infame son indignos de ostentar responsabilidad pública alguna. Es completamente aberrante, pero por desgracia una constante en las regiones infectadas de nacionalismo, que los encargados de la formación de la juventud se sirvan de su inmerecida posición para convertir los centros de enseñanza en semilleros de fanatismo y odio.

La educación, el periodismo, la cultura y la política dan de continuo ejemplos de la devastación que ha llevado a Cataluña el nacionalismo, sin la menor de las dudas el peor enemigo de esa tierra a la que tanto dice amar.

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