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Izquierda fake

Hay una izquierda fake -tanto mediática como política- capaz de dar pábulo al más disparatado de los bulos para hacer daño a sus rivales.

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El PP que lideran Pablo Casado y su equipo aún tiene mucho que mejorar en un aspecto tan fundamental como la comunicación, y lo ocurrido estos días con su propuesta de Ley de Maternidad es un buen ejemplo de ello: ni la forma en la que se ha explicado lo relativo a las inmigrantes ilegales que deseen entregar a sus hijos en adopción, ni la reacción cuando el asunto se ha convertido en un enorme follón mediático han sido adecuados.

De hecho, se ha evidenciado que si los populares no quieren verse una y otra vez masacrados en las redes sociales y los medios deben ser más eficaces y, no menos importante, también más rápidos.

No obstante, lo más relevante de todo lo ocurrido en las últimas horas alrededor de este tema no ha sido constatar cómo el PP sigue teniendo problemas en esta faceta, sino cómo hay una izquierda fake –tanto mediática como política– capaz de dar pábulo al más disparatado de los bulos para hacer daño a sus rivales.

Eso es exactamente lo que ha ocurrido en este caso: partiendo de una propuesta concreta que es cierto que se incluye en un proyecto de los populares y de una presunta pregunta que parece ser que no ha recibido una respuesta adecuada, se ha montado un auténtico auto de fe en el que han participado medios, políticos y líderes de opinión.

Resulta especialmente sangrante que el epicentro del bulo sea una página que presume de neutralidad hasta en su nombre –menudo sarcasmo– y que, sin embargo, no sólo tiene un sesgo más que evidente sino que, además, bajo esa fachada aséptica y profesional en realidad se dedica a algo muy poco parecido a lo que debe ser el periodismo y escasamente relacionado con la verdad.

Pero aún es peor constatar cómo cualquier falsedad propalada por el grupo de periodistas millonarios de extrema izquierda del que Ana Pastor forma parte adquiere de inmediato la categoría de dogma y es replicado por toda una miríada de medios comunicación, desde los digitales en la órbita de Podemos hasta las televisiones públicas que pagamos entre todos, pasando por periódicos de toda la vida entregados ahora al sanchismo.

Una conexión que aún tiene otra derivada no menos importante: la de los políticos que aprovechan estos bulos, da igual lo increíbles y disparatados que sean, para atacar y desprestigiar al rival. Algunos incluso con importantes responsabilidades institucionales como Ada Colau o varios de los ministros de Sánchez –qué papelón el de Grande-Marlaska, por ejemplo– que no desaprovechan ninguna oportunidad, por falsa que sea, para embarrar el terreno de juego.

Ni es una casualidad ni una sucesión de hechos aislados sino que, una vez más, la izquierda es exactamente aquello de lo que acusa a sus rivales: un gran fake que vive en y de la mentira y que no se acaba en uno u otro partido, sino que está en las redacciones de muchos medios, sobre todo en los que más presumen de neutrales y más lecciones de ética periodística reparten.

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