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Venezuela: ¿a qué juegan Sánchez y Borrell?

No hay un minuto que perder, pues el tiempo corre en beneficio de Maduro y su gang y en perjuicio de los luchadores por la libertad de Venezuela.

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Aunque Pedro Sánchez haya, por fin, calificado de "tirano" a Nicolás Maduro, la actitud del Gobierno español ante el criminal y radicalmente ilegítimo régimen que subyuga Venezuela sigue siendo de una cobardía rayana en la complicidad. El calificativo de "tirano", que Maduro merece desde que sustituyó a su semejante Hugo Chávez, no libra del oprobio al Gabinete Sánchez, que sigue sin reconocer a Juan Guaidó como presidente encargado o interino de Venezuela, sino que hace de su posición algo aún más bochornoso e incoherente. Y es que, si Maduro es un tirano, ¿a qué se debe la renuencia del Gobierno a reconocer que es Guaidó quien debe llamar a unas elecciones genuinamente democráticas?

Todo parece indicar que, bien sea debido a los ominosos tejemanejes con el chavismo del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, bien sea debido al apoyo parlamentario que brinda a Sánchez la extrema izquierda chavista de Pablo Iglesias, el presidente del Gobierno está esperando a que sean otros países comunitarios los que fijen la posición común de la UE. En lugar de liderar en Europa la lucha contra el chavismo criminal, Sánchez prefiere dejarse llevar por la corriente que se le presente. Esta actitud es tanto más infame por cuanto España debería hacer lo que se espera que haga motu proprio: dirigir la política europea hacia Hispanoamérica.

Aún más indignantes son las declaraciones con las que se ha descolgado este miércoles el ministro de Exteriores, el bluf Josep Borrell. "España no quiere un cambio de régimen en Venezuela", ha dicho sin vergüenza; lo que quiere, ha añadido, es que los venezolanos puedan expresar libremente "quién quieren que les gobierne". De no creer lo de este ministro que luego se indigna si se reprocha a su Gobierno que no haga declaraciones de apoyo a los demócratas venezolanos mucho más claras y contundentes, como ya han hecho otros Gobiernos europeos.

Con un presidente y un ministro de Exteriores de esta ralea, no es de extrañar que la imagen internacional de España esté quedando por los suelos con ocasión de la crisis venezolana. Afortunadamente, partidos como el PP, Ciudadanos y Vox están en una onda muy distinta. Especialmente acertado estuvo este miércoles el líder de los populares, Pablo Casado, cuando afirmó que España debe no sólo liderar la lucha europea contra Maduro y a favor de Guaidó, sino poner el foco en "la congelación de todos los activos del narcoestado bolivariano" y en "el embargo de sus propiedades inmobiliarias" en territorio europeo.

Esa es la actitud y esa es la idea: estrechar el cerco sobre los criminales y socavar su régimen liberticida. No hay un minuto que perder, pues el tiempo corre en beneficio de Maduro y su gang y en perjuicio de los luchadores por la libertad de Venezuela.

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