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EDITORIAL

Zapatero nos avergüenza ante las víctimas

Las víctimas del terrorismo han pedido a los políticos que “no caigan en la confusión entre víctimas y verdugos”, algo por desgracia muy usual cuando los objetivos políticos de un partido sin escrúpulos se imponen a cualquier imperativo moral.

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A José Luis Rodríguez Zapatero siempre le han molestado profundamente las víctimas del terrorismo. Incapaz de mostrar la mínima empatía con los que más han sufrido por atentados terroristas, su tarea desde que llegó al poder ha sido siempre hacerlas desaparecer del escenario público. Probablemente porque ellas son, con su ejemplo, la prueba sufriente de que no se puede pactar bajo ninguna circunstancia con asesinos.

Zapatero ha conseguido desactivar a la asociación que aglutinaba a la mayor parte de nuestras víctimas del terrorismo, y protagonizó la más vergonzosa rendición del Estado de Derecho ante un la ETA en el llamado “proceso de paz”, sin que hasta el momento haya mostrado el menor arrepentimiento, ni por lo uno ni por lo otro. Pero no era suficiente. Hacía falta demostrar una vez más su profundo desprecio hacia la parte más noble y sufrida de la sociedad española, negándose no ya a acudir al VI Congreso Internacional celebrado esta semana en Salamanca, sino tan sólo a acusar recibo de las invitaciones que la organización le ha hecho llegar de forma reiterada.

Sólo el anuncio de la presencia de los Príncipes de Asturias le disuadió de llevar a cabo su plan inicial de enviar a un cargo político de tercera fila. En el último momento, y forzado por las circunstancias, envió al ministro de Justicia, precisamente el hombre más cuestionado por las víctimas tras el episodio del chivatazo del Bar Faisán, un nuevo desdén que han debido sufrir por parte del Gobierno socialista, cuya propensión al desprecio hacia los familiares de nuestros asesinados parece inagotable.

Pero la sociedad española no olvida fácilmente a las víctimas del terrorismo, como lo demuestra el éxito de participación en el congreso y el emotivo acto celebrado en la Plaza Mayor de Salamanca, con la asistencia de miles de ciudadanos anónimos que quisieron de esta forma manifestar su apoyo y respeto hacia los que han sufrido en sus carnes y sus familias el azote terrorista.

Víctimas del terrorismo de todo el mundo presentes en el congreso han pedido a los políticos que “no caigan en la confusión entre víctimas y verdugos”, algo por desgracia muy usual cuando los objetivos políticos de un partido sin escrúpulos se imponen a cualquier imperativo moral. El caso de los familiares de los asesinados por el terrorismo montonero de Argentina es, en esta tesitura, tal vez el ejemplo más flagrante de las simas de abyección a las que puede descender un Gobierno que premia a los asesinos con cargos políticos y los ensalza por sus acciones, mientras niega a los asesinados y sus descendientes el derecho a existir en la esfera pública.

Ningún gesto de apoyo, respeto y cariño hacia las víctimas será nunca suficiente, y quien quiera hacer una distinción entre ellas por motivos ideológicos o de cualquier otro tipo estará haciéndoles un favor a los asesinos. Por otra parte, la voz de los que han sido mutilados o han perdido un familiar por acciones terroristas ha de ser escuchada siempre en primer lugar , pues una paz que la condene al olvido sólo será una rendición. Por nuestra parte, y con toda modestia, seguiremos defendiendo su memoria y su dignidad. Las mismas que Zapatero les viene negando desde hace ya seis años.


 

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