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Eduardo Goligorsky

Orgullosos de nuestro estilo de vida

La UE debería prestar atención a Cataluña, donde se ha implantado un régimen atrabiliario con incrustaciones feudales y carlistas y antorchas del Ku Klux Klan.

Eduardo Goligorsky
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La UE debería prestar atención a Cataluña, donde se ha implantado un régimen atrabiliario con incrustaciones feudales y carlistas y antorchas del Ku Klux Klan.
EFE

Es comprensible que los nostálgicos de la barbarie que continúan activos en el seno de nuestra sociedad reaccionaran escandalizados cuando la presidenta electa de la nueva Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, creó una vicepresidencia con el nombre de Protección del Estilo de Vida Europeo.

Funcionario hereje

¡Blasfemia eurocentrista!, clamaron los iluminados salvapatrias. Y exhumaron el rancio discurso maniqueo contra los arcaicos colonizadores y explotadores de los pueblos del Tercer Mundo. Con el agravante, para estos enemigos de nuestra civilización, de que el comisario que controlará los asuntos vinculados con el asilo, la migración y la seguridad de la UE será un funcionario que ya había incurrido en la herejía de oponerse categóricamente a que las instituciones europeas entablaran negociaciones con los mendicantes golpistas catalanes: el griego Margaritis Schinas ("El rapto del estilo de vida europeo", Público, 26/9). Su designación es, por cierto, una garantía de que la protección del estilo de vida europeo está en buenas manos y es otro motivo para que quienes conspiran contra la convivencia dentro de una Europa sin nuevas fronteras interiores pongan el grito en el cielo.

El estilo de vida europeo, que no está circunscripto a un espacio geográfico cerrado sino que se infiltra subrepticiamente por sus valores en otros continentes donde despierta envidia, tiene enemigos externos e internos, precisamente en razón de que esos valores se encarnan en la vigencia de la libertad, la igualdad, los derechos humanos y el imperio de la ley, que son anatema para los demagogos populistas y los sátrapas totalitarios del resto del mundo.

Motivos para enorgullecernos

Tenemos motivos de sobra para enorgullecernos del estilo de vida europeo, que también abarca a países de América como Estados Unidos y Canadá, y de Oceanía, como Australia y Nueva Zelanda. Y aunque en el primero de ellos esté transitoriamente convaleciente, lleva en su ADN los anticuerpos necesarios para una recuperación paulatina.

Para poner las cosas en su lugar, me permito citar extensamente al historiador Niall Ferguson, quien escribe en su enciclopédico Civilización (Debate, 2012):

Obviamente, la civilización occidental está lejos de carecer de defectos. Ha perpetrado su ración de desafueros históricos, desde las brutalidades del imperialismo hasta la banalidad de la sociedad de consumo. Su intenso materialismo ha tenido toda clase de consecuencias dudosas, entre ellas el malestar que Freud nos animaba a consentir. Y desde luego ha perdido aquel ascetismo frugal que a Weber le resultaba tan admirable en la ética protestante.

Sin embargo, este paquete occidental todavía parece ofrecer a las sociedades humanas el mejor conjunto disponible de instituciones económicas, sociales y políticas; aquellas que con más probabilidad suscitarán la creatividad humana individual capaz de solucionar los problemas que afronta el mundo del siglo XXI. En el último medio milenio ninguna civilización lo ha hecho mejor a la hora de descubrir y formar a los genios que se albergan en el extremo derecho de la curva de distribución de talento de cualquier sociedad humana.

Civilización única

Y en este contexto, es inevitable hurgar en el clásico El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, de Samuel P. Huntington (Paidós, 1997), que a su vez nos remite a otro politólogo de élite:

Occidente no se diferencia de las otras civilizaciones por la forma en que se ha desarrollado sino por el carácter distintivo de sus valores e instituciones. Estos incluyen sobre todo su cristiandad, pluralismo, individualismo e imperio de la ley, que permitieron que Occidente inventara la modernidad, se expandiera por todo el mundo y despertara la envidia de otras sociedades. Estas características son, en su conjunto, peculiares de Occidente. Como ha dicho Arthur M. Schlesinger Jr., Europa "es la fuente, la única fuente" de las "ideas de libertad individual, democracia política, imperio de la ley, derechos humanos y libertad cultural (…) Estas son ideas europeas, no asiáticas, ni africanas, ni del Medio Oriente, de donde solo son por adopción". Ellas hacen que la civilización occidental sea única, y la civilización occidental no es valiosa porque sea universal sino porque es única.

Abandonado a su suerte

Ursula von der Leyen merece el reconocimiento público por su iniciativa de crear un organismo cuya función consiste en proteger nuestro estilo de vida, que últimamente sucumbe en algunos países abandonado a su suerte, hasta el extremo de que, como escribió Arturo Pérez-Reverte ("Llegan los godos al imperio vencido", La Nación, Buenos Aires, 18/9/2015):

La sociedad europea exige a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa –y solo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia– queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse con él por las armas como lo estuvo en 1939.

Si la Unión Europea decide cumplir con su compromiso de proteger el estilo de vida europeo, con todos los derechos y libertades que este conlleva, deberá prestar atención a lo que sucede en Cataluña. Aquí se ha implantado un régimen atrabiliario con incrustaciones feudales y carlistas y antorchas del Ku Klux Klan, que decreta la confrontación con el Gobierno del Reino de España del que esta región forma parte indisoluble, y que exhorta a desobedecer las leyes y las sentencias de los tribunales de justicia, a tomar por asalto las instituciones, a discriminar a los ciudadanos que no participan de los ritos tribales y a alimentar sentimientos anexionistas sobre territorios vecinos mediante resoluciones del Parlamento que aluden a los hipotéticos Països Catalans ("Propuestas que serán recurridas", LV, 28/9). Con un presidente putativo que carga las baterías de los violentos cuando pone como modelos para los jóvenes a los pistoleros asesinos de los años 1930 y abraza a sus imitadores modernos.

Que venga el comisario

Los insurgentes totalitarios terminaron de pasar un rodillo sobre el estilo de vida europeo en Cataluña cuando aprobaron en el Parlamento una propuesta de la CUP que "abría la puerta a que Catalunya, si llevaba a cabo ‘el ejercicio del derecho de autodeterminación’, también pudiera decidir ‘sobre la pertenencia o no a las diferentes organizaciones internacionales’, como es el caso de la UE, la OTAN, la zona euro y otros organismos internacionales" (Marius Carol, "La urgencia de una brújula", LV, 28/9).

Los ciudadanos que estuvimos orgullosos del estilo de vida europeo del que disfrutamos hasta que llegó la marabunta secesionista y guerracivilista con sus órganos inyectores de veneno fratricida, esperamos que los partidos constitucionalistas sumen sus voluntades para restaurar la normalidad añorada aplicando los artículos 116 y 155 de la Constitución, y la Ley de Seguridad Nacional.

Y si nos fallan, que venga el comisario de la UE Margaritis Schinas encargado de proteger el estilo de vida europeo y cumpla con su deber.

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