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Emilio Campmany

"El País" y la historia

La República que el PSOE quería tenía que ser una en la que las derechas jamás pudieran ganar unas elecciones.

La República que el PSOE quería tenía que ser una en la que las derechas jamás pudieran ganar unas elecciones.
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Este miércoles, Pablo Casado, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso, ha dicho algo que ha enfurecido a la izquierda:

La Guerra Civil fue el enfrentamiento entre los que querían la democracia sin ley y los que querían la ley sin democracia.

Para rebatir tal afirmación, El País ha recurrido a los historiadores, pero no a todos, solamente a Julián Casanova y a Ángel Viñas, conocidos por sus torticeros esfuerzos por blanquear el régimen de la Segunda República. Es inequívoco que la Guerra Civil comenzó a raíz de un intento de golpe de Estado que fracasó. Pero el levantamiento militar no lo fue contra un régimen legítimo, pues la Segunda República llegó a raíz de otro golpe de Estado en 1931 que, a diferencia del de 1936, triunfó porque la derecha renunció a oponerse con las armas a él. Lo incruento no quita lo ilegítimo.

Es posible que la República fuera más o menos un régimen democrático, como afirman los historiadores de referencia de El País. Pero lo que no dicen es que el primero que quería acabar con él en la medida en que lo fuera fue el PSOE. Son innumerables las amenazas con la guerra civil de Largo Caballero. La República que el PSOE quería tenía que ser una en la que las derechas jamás pudieran ganar unas elecciones. La victoria de éstas en 1933 demostró que ésa no era la república que ellos querían y por eso se levantaron contra ella en 1934 intentando un nuevo de golpe de Estado que fracasó dejando miles de muertos. Los socialistas alcanzaron la conclusión de que la mejor forma de alcanzar el objetivo era por medio de la guerra civil. Y, hasta que no la tuvieron, no pararon.

En cualquier caso, cuando el PSOE se hizo con el poder en febrero de 1936, su intención fue la de convertirlo en un régimen revolucionario que no tuviera nada de democrático. Y enseguida empezó a dejar de serlo cuando en él fue posible que militantes del PSOE asesinaran al líder de uno de los partidos de la derecha con total impunidad, si no al amparo del propio régimen.

Es probable que en la España de 1936 fueran muy pocos los que querían para España una genuina democracia. Pero, si la derecha la aborrecía, la izquierda lo hacía con más ahínco. ¿Cabe decir que de no haber habido levantamiento militar los pocos republicanos demócratas existentes hubieran sido capaces de reconducir la situación y hacer de la Segunda República un régimen democrático? Es posible, pero eso no era lo que querían los líderes del PSOE. Lo más seguro es que la república hubiera degenerado en un régimen comunista liderado por quien se hizo llamar el Lenin español, autoapelación suficientemente reveladora.

Quizá tenga razón el presidente del Gobierno cuando dice que no hay verdadera ley si no es democrática. Pero, si es así, no lo es menos que la ley de la Segunda República en 1936 no tenía nada de democrática, entre otras cosas porque no se cumplía y quien más la violaba con total impunidad en perjuicio de vidas y haciendas era el PSOE, el partido del que Pedro Sánchez es hoy su secretario general.

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