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El súbito amigo guineano

Yo no sé qué pasa en España que los de arriba están permanentemente sometidos a la irresistible pulsión de ser amigos de quienes exportan petróleo.

Emilio Campmany
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Yo no sé qué pasa en España que los de arriba están permanentemente sometidos a la irresistible pulsión de ser amigos de quienes exportan petróleo. Fíjense si no en nuestros tradicionales lazos con los países árabes. Resulta que hace un porrón de tiempo, cuando el oro negro no valía un chavo, nos invaden, nos matamos con ellos, nos cuesta ocho siglos echarlos y ahora, yo no sé por qué, son nuestros mejores amigos. Hasta el punto de que a eso de echarlos lo llama Juan Luis Cebrián "la insidiosa Reconquista". ¿Tendrá algo que ver con el petróleo?

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero, a quien Dios confunda, ganó las elecciones se inventó una cosa, la Alianza de Civilizaciones, que era una especie de estadio superior del Diálogo de Civilizaciones salido del caletre de Jatamí, ese ayatolá tan simpático que vino una vez a España. Lo del iraní no fue más que una negación dialéctica del choque de civilizaciones que pronosticara Samuel Huntington. En cambio, nosotros hicimos de nuestro invento todo un instrumento político con el que arrimarnos a Irán y a otros países islámicos. Y de nuevo estuvimos en danza con una dictadura exportadora de petróleo.

Hace unos años tuvimos un roce con Venezuela a raíz de que un enfadado Juan Carlos reprimiera a Hugo Chávez diciéndole aquello tan diplomático de "¡Por qué no te callas!", que se arregló, como ustedes saben, con el compromiso del comandante bolivariano, asumido en Mallorca tras una entrevista con el mismo Juan Carlos, de proporcionarnos petróleo por debajo del precio de mercado. Y desde entonces nuestros políticos, especialmente los de izquierdas, pero no sólo, viven un apasionado romance con la república caribeña. ¿Será también por eso del petróleo?

Teníamos olvidada durante lustros a la pobre Guinea Ecuatorial, nos limitábamos a dar un modesto y discreto asilo político al opositor Severo Moto; pero ha sido aparecer allí petróleo y mejorar súbitamente las relaciones con el dictador. De manera que en pocas semanas viene Obiang a Madrid para ser el único jefe de Estado que asiste al funeral de Adolfo Suárez y tiene ocasión de saludar al rey. De aquí sale para una conferencia en Bruselas en el Instituto Cervantes y luego cenar, entre otros, con Rajoy. Más adelante es el propio Rajoy quien visita Guinea y dice con una sinceridad que desarma: "Yo no vengo a ofrecer nada (…). Yo vengo a pedir que cuenten con España". Ahora aparecen por allí Zapatero, Moratinos y José Bono, que dicen de estos dos últimos que llevan ya varios viajes al país africano. Todo es del color del petróleo, más negro que el tizón.

Con tanto político interesado en el petróleo que por desgracia tiene que comprar España en el exterior para atender a nuestras necesidades energéticas, ¿cómo va a tener una oportunidad de explotación el de Canarias, que, de encontrarse y extraerse, no generará una sola comisión y encima hará que disminuyan las que provienen de las compras en el exterior? ¿Regeneración? Tararí que te vi.

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