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Miénteme

Finjo no darme cuenta de nada, en esta red de mentiras en la que parece que sólo hay una única e inmanente verdad: cualquier cosa es mejor que el PSOE.

Emilio Campmany
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Como muchos votantes del PP, estoy en trance de convertirme en personaje de bolero. Suplico lastimero que me mientan, que sigan haciéndolo una y otra vez asumiendo con melancolía que su fingida honradez es lo único que me queda para no caer en la desesperación. También me siento habitar en el tango y aparto con un empujón al mal compadre que quiere quitarme la venda de los ojos y descubrirme lo cornudo que soy. Desdeño sus noticias, abjuro de su amistad, reniego de la verdad como un fumador de opio, yaciendo lánguido en mi confortable sofá, adormilado por las mentiras que me acunan y me permiten conservar la esperanza.

Miénteme, Rajoy; miénteme, Arenas; miénteme, Cospedal, y no dejéis que tenga que caer en el desamor de la abstención y abandonar la manija para que se apodere de ella la perversa izquierda. No importa lo que digan el PSOE e Izquierda Unida, que siempre imputan sin fundamento y sin razón. Huyo de lo que dicen mis medios, los que atravesaron con el PP el desierto, absurdamente empeñados algunos, gracias a Dios pocos, en destapar una verdad que me arrastra al abismo. También los periodistas han de mentirme: aquí no hay más que una manzana podrida que ya ha sido apartada del cesto. En el resto no hay otra cosa que torpeza, ingenuidad, desidia, si se quiere, pero nada más.

Que me mientan unos y otros y que me den una razón para seguir votando y, en la medida de lo posible, cerrar el paso a la izquierda, siempre más corrupta, más chabacana, más impresentable. Soy ya un personaje de bolero. Un viejo amante al que su pareja trata cada vez con más desdén, pero al que todavía le susurran al oído gastadas palabras de amor pronunciadas cada vez con menos convicción. "Jamás, jamás, jamás". Qué dulce veneno sale de sus labios, qué amable sopor al que inducen esas palabras. Quiero creerlo, jamás, jamás, jamás. Y, como viejo amante, me niego a reconocer que no ya es que me mientan, sino que dilapidan mi peculio, sisan de mi bolsa, revenden mis regalos, desprecian mis atenciones y se ríen de mi ingenuidad. Y sin embargo, que por Dios me sigan mintiendo, porque, de puro viejo, no me siento ya capaz de encontrar un nuevo amor digno de mis rancias solicitudes. Menos aun si lo que busco es que sea sincero.

También soy un otario de tango. Engañado mil veces mil, finjo no darme cuenta de nada, entontecido en esta red de mentiras en la que parece que sólo hay una única e inmanente verdad, que cualquier cosa es mejor que ver cómo el PSOE, convenientemente ayudado por los comunistas en su caso, vuelve a cargarse por enésima vez a la nación. Miénteme, Rajoy; miénteme, Arenas; miénteme, Cospedal. Sólo quiero oír repetida en un bucle infinito esa palabra: jamás, jamás, jamás.

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