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Emilio Campmany

Sánchez es más de Clausewitz que de Sun Tzu

Sánchez llegó a la Presidencia con un plan y ha decidido no desviarse de él. Al contrario, cree que la derrota andaluza se debe a no haberlo seguido con la fidelidad debida.

Sánchez llegó a la Presidencia con un plan y ha decidido no desviarse de él. Al contrario, cree que la derrota andaluza se debe a no haberlo seguido con la fidelidad debida.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Algún arúspice, tras leer las entrañas e higadillos de los resultados de Andalucía, ha concluido que el electorado moderado ha dado la espalda a Sánchez. Esta conclusión hizo vaticinar a algunos que el presidente cambiaría de estrategia, se separaría de sus deletéreos socios separatistas y trataría de llegar al final de la legislatura soportando a Podemos en el Gobierno, que es precio más que sobrado para comprar sus votos, y con acuerdos que buscaran la abstención del PP y el apoyo de Ciudadanos. Esto es lo que habría aconsejado Sun Tzu, que escribió:

Aquel que puede modificar sus tácticas en función de su oponente y así conseguir la victoria podrá ser llamado capitán nacido del cuerno del cielo.

Pero el soberbio de la Moncloa, en lo del cuerno del cielo, ve más astas que paraísos y cree mejor asesorarse en Clausewitz, que dice:

Una vez que (…) se determina lo que la guerra podrá y tendrá que ser, entonces el camino para alcanzar esto será fácilmente encontrado; pero seguirlo en línea recta, llevar a cabo el plan sin verse obligado a desviarse mil veces por mil influencias variables, requiere, además de fuerza de carácter, una gran claridad y firmeza mental.

En otras palabras, trazado un plan, atente a él. Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno con un plan y ha decidido no desviarse de él. Al contrario, cree que la derrota andaluza se debe más bien a no haberlo seguido con la fidelidad debida. Por eso piensa insistir en la política de chequera y afear la conducta a PP, Ciudadanos y Vox por no apoyar lo que le conviene a la gente. Por eso piensa seguir respaldando el proyecto de Yolanda Díaz, que tiene la misión de redondearle en su día la mayoría parlamentaria, a pesar de su probada incapacidad de entusiasmar. Por eso ha reactivado la ley de memoria democrática, para volver a enfrentarse a los viejos fantasmas, que es lo que le procuró la admiración de la gente, y declarará al fin la ilegalidad del franquismo, de sus sentencias y de cuanto se hizo durante la oprobiosa.

Con todo, los espectros del pasado no son los únicos que exigen ser alanceados. También hay que someter a los enemigos del presente, que no son el risueño Juanma, ni el provecto Alberto, ni la bella Inés ni el furioso Santiago. Al peor, al más abyecto, al que mira de soslayo y agrede por la espalda empuñando una rosa a modo de daga, a ése le tiene reservada la más dulce de las venganzas. Por eso ha pactado con Bildu investigar los crímenes del franquismo hasta 1983, para incluir al GAL, a ver si el gatazo tontiastuto se calla durante un par de meses por lo menos.

Volver a pactar nada con Bildu no obstante los perjuicios electorales que acarrea es un notable sostenella y no enmendalla, pero en esto habrá que agradecerle que sirva para callarle la boca al estomagante Felipe González. Hasta el peor de los demonios puede hacer el bien una vez al año.

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