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Eva Miquel Subías

El eventual perenne

El País no es más que otro roedor que abandona el barco, aunque lo haga saltando desde la proa con un triple mortal y moviendo la colita

Eva Miquel Subías
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¿Lo habrás leído, no? Me pregunta Leo, un hombre gay de mediana edad con quien comparto café y algunas confidencias más de una mañana. Sí, las declaraciones de Mansouret al respecto del arrebato sexual con Dominique Strauss-Khan en una de las oficinas de la OCDE de París son realmente brutales, le contesto.

Apasionante. Pero me refiero al editorial de El País, apunta Leo con su gracia habitual. Vaya, pues no, todavía no, déjame tomar el café y me pongo a ello.

Y me puse, aunque sin demasiadas ganas, para qué nos vamos a engañar. A estas alturas de la función, con el telón rasgado y con enormes e incómodas bolas de pelusa a punto de caer, me cogen ya desganada. Me irrita además el debate suscitado en torno a las demoledoras palabras del Grupo Prisa. Entiendo que se comenten por el morbo que entrañan, algo así como las descripciones despechadas de una amante con respecto a su amado cuando hace ya tiempo que sus ojos son para otra. Pero no nos cuentan nada nuevo, nada que no supiéramos y lo más preocupante, nada que no supieran ellos mismos cuando decidieron –en aras de su propio interés–, pasarse por el forro progre los intereses de los españoles y perpetuar en el poder, a golpe de teclado, administrando la verdad y dosificando las medias mentiras, a su señor.

Otra trágica semana para José Luis Rodríguez Zapatero. A la prima de riesgo se le suma el primo de Zumosol. Con el don de la oportunidad que siempre le caracteriza y con esas pequeñas ocurrencias con las que nos obsequia de vez en cuando, Felipe González nos confiesa que sigue siendo militante, aunque no simpatizante del partido que le encumbró y que hoy tiene a Pérez Rubalcaba como el hombre elegido.

Tendría bemoles que empezáramos a tener lástima del presidente, concluimos con Leo ante la atenta mirada de Nines.

Ni siquiera un adelanto de las elecciones a finales del mes de noviembre sería suficiente para los chicos de Prisa. Más, más, demandan insaciables. "Su deber moral es anunciar cuanto antes un calendario creíble para el proceso electoral" apunta sin apartarse ni una coma Juan Luis Cebrián. Aunque el consejero delegado del grupo mediático lo adorna con anécdotas personales que han sucedido entre reuniones de foros civiles y entornos de escuelas de negocios.

Pero El País no es más que otro roedor que abandona el barco, aunque lo haga saltando desde la proa con un triple mortal y moviendo la colita. Y el presidente, por mucho que quiera seguir mostrándonos sus bíceps con la camiseta ajustada de Roures y su equipo, debería ir recogiendo sus bártulos, pero no porque así lo digan estos tipos, sino porque realmente demostraría tener un mínimo de estima hacia España, esa nación que le dio la oportunidad de hacer algo grande por ella y sin embargo, decidió utilizarla para dar forma a sus sueños absurdos y erróneos de juventud.

Cuenta le leyenda que un ministro abroncó de manera desmesurada al oficial mayor del céntrico ministerio en cuestión y que éste, a los pasos indignados del otro, dio la vuelta y espetó: ¡habrase visto con estos eventuales!

No conocería por entonces al todavía presidente de Gobierno. Con él, el significado de eventualidad adquiere definitivamente otra dimensión.

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