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HISPANOAMÉRICA

Bolivia nuclear, un chiste que podría no ser gracioso

Cuando los nazis hablaban de tomar el mundo, hablaban de tomar el mundo entero. Lograron ocupar gran parte de Europa y algo de África. Pensaron hacerse con Asia, Oceanía y Norteamérica con ayuda de los japoneses, pero la bomba de Hiroshima puso fin a sus planes en ese flanco. Esa es la historia más conocida. Lo que muchos ignoran es que en sus planes imperiales también figuraba Sudamérica.

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Para entrar en el sur del continente americano, los alemanes eligieron Bolivia, centro geográfico del territorio, el Herzland. Efectivamente, Bolivia es de vital importancia en términos geoestratégicos.

Inicialmente enviaron a Bolivia ingenieros civiles, que construyeron uno de los primeros aeropuertos modernos de Sudamérica en la ciudad de Cochabamba, el centro del país, conocido hasta hoy como Aeropuerto Jorge Wilstermann, en honor del primer piloto boliviano, justamente de origen alemán.

La elección de Bolivia, claro está, no fue al azar; tampoco fue porque sí que Fidel Castro y Ernesto Guevara iniciaran su agresión guerrillera en Ñancahuazú, si bien fracasaron ante el ejército local y vieron así frustradas sus esperanzas de dominio comunista –que sólo ahora, con el cacique incaico, recobran fuerza–; ni es por mera casualidad o amor al prójimo que los rusos estén ofreciendo a Evo Morales montar una planta de energía nuclear en el país, como anunció su embajador en La Paz, Leonid Golubev.

El diplomático dijo que Rusia podría ayudar en el desarrollo atómico de Bolivia... con fines pacíficos. Habría que ser demasiado descarado para hablar de fines bélicos. Para eso está Ahmadineyad.

Si algo le sobra a Bolivia es energía, igual que a Irán. Bolivia exporta gas a Brasil y Argentina, y tiene petróleo de sobra... que se vende de contrabando como gasolina a los países limítrofes. El gas boliviano surte al estado brasilero de Sao Paulo, que tiene una población estimada de 42 millones de habitantes. ¿Tiene algún sentido que Bolivia se procure energía atómica?

Evo Morales.Evo Morales, Hugo Chávez y los demás patanes del siglo XXI piensan que los pueblos son imbéciles. Hasta el momento, la experiencia y la psiquiatría les dan la razón: de lo contrario no estarían gobernando. Pero si las masas no brillan por su lucidez, eso no significa que todos se traguen las mentiras y engaños que cotidianamente se vocean acerca de la consideración de la carrera armamentista como una necesidad.

Dmitri Medvédev, que es el Morales de su país, puesto que Vladimir Putin es el Chávez que sigue dirigiendo el circo ruso, tiene los mismos delirios inmortales que su jefe, y que pasan por hacer de su nación la potencia hegemónica del orbe. Putin nunca se resignó a aceptar el despedazamiento de la Unión Soviética, el colapso del comunismo y el triunfo de la libertad. Es inteligente, astuto, y en su corazoncito nada le causaría mayor placer que ver el fin de los Estados Unidos como superpotencia.

Sus ilusiones, desgraciadamente, están materializándose gracias a la ineptitud de Barack Obama.

Estando Norteamérica en un descenso veloz, y los chinos demasiado ocupados en trabajar y ascender económicamente, el momento no podría ser más propicio para ganar terreno en Latinoamérica, que se encuentra gobernada por los más feroces antiamericanos de todos los tiempos.

Hablar de una Bolivia nuclear es un chiste divertido si pensamos en los científicos bolivianos tratando de fabricar la bomba. Pero cuando los rusos están de por medio, el escenario adquiere dimensiones reales y el chiste deja de hacer gracia.

Si los vecinos del Herzland están conformes con una Bolivia atómica en manos de Chávez, allá ellos. Si, por el contrario, creen que puede ser una amenaza futura, más vale que empiecen a hablar ahora y a tomar las medidas preventivas necesarias para poner a los psicóticos bolivarianos en su lugar.


© Diario de América

JOSÉ BRECHNER, ex diputado boliviano.
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