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VENEZUELA

Chávez en Mercosur: principios y maletines

El Senado de Paraguay es el último bastión que enfrenta el presidente venezolano, Hugo Chávez, en su empeño de ingresar en Mercosur. El presidente paraguayo, Fernando Lugo, que no oculta sus simpatías por Fidel Castro, está dispuesto a permitir el ingreso de Venezuela en dicho club, pero necesita el visto bueno de la Cámara Alta.

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¿Cómo votarán los senadores? Es difícil saberlo. En un primer momento el pedido del Ejecutivo fue rechazado, pero posteriormente el directorio del Partido Liberal votó a favor del mismo arguyendo que el presidente Chávez no es el pueblo venezolano; un argumento inconsistente que delata la flagrante claudicación de principios de quienes se dicen liberales pero más bien merecen ser llamados "serviles".

Esta es una cuestión de fondo, sin duda, en la que se enfrentarán dos enemigos antagónicos. Por un lado tenemos los principios; por el otro, los maletines. Si los principios son las reglas de conducta que orientan la acción del individuo de tal manera que no dañe al prójimo, los maletines, en este ejemplo, retratan a quienes buscan sacar tajada sin que les importe lo más mínimo la suerte del prójimo.

El senador que desapruebe el ingreso de Venezuela en Mercosur no estará en contra del pueblo venezolano, ni de ampliar el comercio internacional en la región. Ese senador sabrá que el comercio y la industria son obra de los emprendedores privados, que, a fuerza de coraje e ingenio, promueven el bienestar general, que sólo puede darse cuando se garantiza la propiedad privada y los actos de gobierno son predecibles.

A Chávez en nada le interesa el Estado de Derecho, ni la economía de mercado. Chávez, en realidad, es un imitador de Fidel Castro, el otro dictador, que desde hace cincuenta años promete prosperidad al pueblo cubano; prosperidad que, por supuesto, nunca han conocido los habitantes de la Isla.

Chávez confisca la propiedad privada con el pretexto de hacerla más social, considera delincuentes a quienes lucen en la camiseta un "No a Chávez" y, con la soberbia que le caracteriza, asciende a los militares que le juran lealtad. Se trata de un peligroso precedente: otros podrían adoptar tal conducta, en la propia Venezuela o en el resto de la región. ¿Acaso no puede ocurrir en el Paraguay? Cuando pierde el control, el poder es ciertamente arbitrario y peligroso.

El senador que se oponga al ingreso de la Venezuela de Chávez en Mercosur estará siendo respetuoso con el marco institucional de la República, el sistema político que se fundamenta en la Constitución, la separación de los poderes y la igualdad ante la ley. El senador que defienda el régimen republicano de gobierno ha de estar convencido de que sin la República sobreviene el abuso del poder y desaparecen las libertades civiles y económicas, exactamente como está sucediendo en Venezuela.

El senador que se reconoce en la tradición liberal de Locke, Montesquieu Tockeville y Eusebio Ayala sabe que el buen gobierno protege la vida, la libertad y la propiedad de la gente, y que los regímenes que no hacen tal puede que sean democráticos en la forma, como la Venezuela de Chávez, pero no genuinas democracias republicanas.

En la votación sobre el ingreso de la Venezuela de Chávez en Mercosur se sabrá qué senadores defienden la libertad por principio y cuáles son –maletines mediante– encubridores sumisos de la arbitrariedad.

 

© El Cato

VÍCTOR PAVÓN, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Tecnológica Intercontinental (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

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