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ESTADOS UNIDOS

Del "Yes, we can" al "You have to"

Después del bochornoso espectáculo de la coronación del presidente americano, a medio camino entre la Marcha sobre Roma, Woodstock y una típica película de Cecil B. DeMille, ya se empieza a atisbar lo que hay detrás de la gran operación de márketing político del Partido Demócrata.

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El presidente americano traía preparada una agenda de medidas para los primeros días de mandato que marcara lo que iba a ser su gobierno. Ninguna mejora la libertad, todas auguran días sombríos.
 
Atentando contra el espíritu constitucional, el presidente empieza a legislar por decreto; a adoptar medidas tan sorprendentes como la de obligar a la industria automovilística a introducir motores eléctricos en los coches nuevos en un plazo de dos años. Sin moratorias, sin demanda previa del mercado. Por decreto. Las consecuencias se notarán dentro de unos años, cuando la industria haya desviado sus partidas de I+D en seguridad para los conductores a los motores eléctricos, que demandan una energía de la cual los americanos no disponen de forma masiva.
 
Por decreto, el presidente abolió recientemente la prohibición introducida por la administración Reagan de que se financiaran abortos en el extranjero con dinero público. El presidente quiere llevar ya al Congreso la llamada Freedom of Choice Act, que contempla los siguientes puntos: fin de la notificación paterna; sostenimiento fiscal del aborto; autorización para la práctica de abortos en hospitales militares; fin de los períodos de espera previos al aborto; revocación de las leyes que prevén la información previa al aborto; denegación del derecho de los médicos a la objeción de conciencia por motivos religiosos; obligación de que los hospitales de filiación religiosa perpetren abortos; revocación de las regulaciones de sanidad de los abortorios; revocación de las leyes que impiden el aborto sobre niños viables; legalización del aborto por nacimiento parcial.
 
Como se ve, no solo las víctimas del aborto se van a ver pisoteadas en sus derechos elementales, sino el resto de los que se oponen a él.
 
Lo que en España se venido llamando "control de los lobbies", como si fuera algo positivo frente a la rapacidad de los grupos de presión, no es ni más ni menos que limitar la libertad de expresión impidiendo que los ciudadanos eleven sus reivindicaciones a sus representantes directos, esencia del sistema democrático americano. Pero el recorte a la libertad de expresión no se queda ahí. La llamada Fairness Doctrine, revocada por el presidente Reagan, pretende la censura previa sobre los talk-shows de la radio, de forma que se obligue, a través del atento ojo de la Federal Communications Commission (FCC), a que siempre haya un representante de la visión contraria a la imperante en el programa. Está claro que los demócratas no soportan que haya talk-shows solo de ciudadanos que no mantengan sus puntos de vista.
 
Esta es la Nueva Era del presidente actual. Menos libertad, más Estado, menos derechos. Mientras tanto, americanos y europeos totalmente embobados dicen amén a cualquier cosa que proponga la Casa Blanca, aun a costa de la libertad de todos.
 
Decía una encuesta que el 70% de los americanos han puesto sus esperanzas en el nuevo presidente. Allá ellos. Los que no tienen ninguna esperanza son los no nacidos, un auténtico río de sangre inocente. Tampoco tendrán ninguna los que todavía creen en la libertad.
 
 
© Fundación Burke
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