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ARGENTINA

Después de Néstor Kirchner

Mucho se viene escribiendo y opinando sobre el país post Néstor Kirchner. Pero, como siempre, la Argentina vive analizando diagnósticos y faltan las soluciones (tratamiento) para los problemas de la política y la economía. En general, los opinólogos nos presentan un panorama donde la salida no se ve. ¿No la ven? Yo creo que sí la ven, pero publicarla sería políticamente incorrecto.

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La salida va a ser, según lo entiendo, una salida a la argentina. Traumática, muy probablemente violenta. Estilo Rodrigazo o diciembre de 2001, pero con una violencia social tal vez mayor; porque, como sucede siempre, con cada nueva explosión (crisis), en la Argentina y en todo el mundo occidental, unos pocos se quedan con otra porción de lo poco que compartimos unos muchos, que estamos cansados de eso. La Argentina, o sea nosotros, su sociedad, somos adolescentes caprichosos que mantenemos cierta calma mientras la cosa está equilibrada, con ese equilibrio inestable que nos caracteriza. No importa cuán precario sea, porque a fin de cuentas no deja de ser un equilibrio a la argentina, o sea, precario. Cuando esa ficción de equilibrio se pierde, porque las circunstancias se precipitan y se nos cae el techo en la cabeza mientras el suelo se hunde bajo nuestros pies, salimos con las cacerolas, armamos una batucada, se producen algunos saqueos, vociferamos "¡Que se vayan todos!" y, en cuanto aparece el Nuevo Salvador, nos metemos en nuestras casas, lamentamos la olla abollada, llorisqueamos un poco por las víctimas de la violencia callejera y la represión, nos engañamos con "En una de esas con éste salimos adelante" y... "La historia vuelve a repetirse, mi muñequita dulce y rubia", como dice el tango.

"Profundizar el modelo". ¿Cómo no va a hablar la presidenta de "profundizar el modelo"? Ella ha sido elegida por una mayoría que insiste en profundizar el modelo de país con cada elección. La derrota electoral de junio de 2009 fue la derrota de un sector del propio peronismo, cuya cara visible era Néstor Kirchner. La oposición no es más que el conjunto del peronismo disidente (una parte del cual está considerando volver al redil del Partido Justicialista) y el radicalismo, o sea, el mismo establishment político de siempre, disfrazado de diferente, y algunas expresiones políticas menores de insignificante llegada al electorado que más tarde o más temprano terminarán siendo furgón de cola de algunas de las expresiones políticas con mayor caudal electoral. El resultado, un simple berrinche de una parte de este pueblo adolescente en rebeldía contra los papás de turno, y la inercia del resto que vota lo malo conocido porque asomarse a lo bueno por conocer exigiría hacer la tarea de saber qué ofertas políticas genuinas existen, que no sean las ya archiconocidas y fracasadas a repetición desde hace décadas.

Solución: no es a corto plazo. Mientras la mayoría del pueblo no aprenda que repartir está bien pero que hay que ser criterioso en el cuánto, el cómo, el cuándo y el a quién, los oportunistas de la política seguirán creando pobres en las fábricas de pobreza que se han ocupado de fundar, para que sean sus clientes a cambio de míseros subsidios, que les permiten vivir, mal pero sin trabajar, como no sea asistiendo a actos políticos y sindicales como protagonistas del "apoyo incondicional del pueblo a las políticas del/de la compañero/a" de turno.

Se vio con la muerte de Néstor Kirchner. Hubo una minoría que fue espontáneamente a rendirle homenaje, pero también estuvieron los arrieros haciendo a conciencia su trabajo de acercar a Plaza de Mayo a "la gran masa del pueblo", como se podía comprobar con sólo ver la cantidad de micros estacionados en la Avenida 9 de Julio y las innumerables columnas de doloridos militantes que saltaban, gritaban y bombeaban con mucho donaire. Probablemente, muchos de ellos estuvieron pocos días antes en el acto del compañero Moyano Conducción, con quien Kirchner –se dice– discutió telefónicamente la noche anterior a su fallecimiento; porque, según parece, el camionero es de los que apoyan con la lengua y compiten con todo el resto.

No nos engañemos: sin arrieros no habría habido multitud. (En cambio, al sepelio de Alfonsín sí acudió de manera espontánea mucha gente). Sea como fuere, los grandes ausentes al luctuoso evento fueron Juan y Eva Perón (ausencias justificadas, si consideramos que han muerto hace ya muchos años), así como todos/-as quienes no piensan como los K: la Corte Suprema, el vicepresidente, gobernadores, el jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, diputados y senadores de la oposición, etcétera. En esta ocasión, el Líder Fundador del Gran Movimiento Nacional y Popular y la Abanderada de los Humildes y Jefa Espiritual de la Nación quedaron hermanados en la exclusión con todos los anteriores. Es que el peronismo ha hecho del personalismo una característica propia. Y de la supresión del otro una razón de vivir. Cuando hablo de "supresión" no me refiero a la eliminación física, sino al acto de ignorar que existe el otro, que existe lo otro. El que no es peronista es "gorila". Lo que no es peronista es "gorilaje". O sea, fuera de la categoría de lo humano. Primates. ¡Si esa no es una forma de supresión...!

Con semejante panorama, ¿cuál podemos esperar que sea la solución? La consecuencia de la desaparición del "hombre fuerte" será la profundización de lo que marcha mal, el unicato ideológico y personalista y el mismo escenario de base: una inflación que perjudica como nadie al pueblo trabajador, que somos todos quienes vivimos de un ingreso fijo y vemos cómo nuestro poder adquisitivo se licua diariamente por la insensatez de estos administradores de la cosa pública que se creen dueños de ella. En la Argentina, antes veremos pasar un camello por el ojo de una cerradura que al hijo de un obrero por una educación que le permita competir en pie de igualdad con los hijos de los ricos... o de los de los altos funcionarios de nuestros gobiernos "nacionales y populares", que asisten a escuelas y universidades privadas del país o del extranjero.

Sólo perteneciendo a algunas de esas oligarquías tendrían nuestros hijos la posibilidad, por ejemplo, de estudiar –como Florencia Kirchner– cinematografía en la vidriera del imperialismo, la réproba New York. Sólo así les fletarían –al costo que fuera– un avión que les trajera de vuelta a tiempo para despedirse de un ser querido recientemente fallecido. Estas ventajas sólo son posibles cuando millones de trabajadores se esfuerzan por mantener ostentosamente a una oligarquía política parasitaria que ha convertido el país en un bien familiar.

Y ahora esperemos a ver qué sucede en este generoso (con algunos) país que acaba de perder a otro padre de la patria.

 

JORGE JAURENA, empresario.

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