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PERÚ

El "odio" de Vargas Llosa

Recientemente, el presidente Alan García condecoró a Mario Vargas Llosa con la Orden al Mérito de las Artes y las Letras. A un grupo considerable de personas le llamó la atención. Y resulta obvio el porqué: el excandidato del Frente Democrático no llegó a la presidencia de la República porque nuestro actual mandatario y el APRA hicieron todo lo posible para impedirlo.


	Recientemente, el presidente Alan García condecoró a Mario Vargas Llosa con la Orden al Mérito de las Artes y las Letras. A un grupo considerable de personas le llamó la atención. Y resulta obvio el porqué: el excandidato del Frente Democrático no llegó a la presidencia de la República porque nuestro actual mandatario y el APRA hicieron todo lo posible para impedirlo.

Como se recuerda, en las elecciones presidenciales del noventa García desempeñó, desde el Palacio de Gobierno, un papel decisivo en la guerra sucia que se orquestó para asustar al elector, con el objeto de hacerle creer que las propuestas del escritor traerían al país solo desgracias. Fue él quien lideró una campaña muy costosa, en la que se emplearon casi todos los recursos del Estado.

Finalmente, el voto por consigna de apristas y comunistas posibilitó la victoria del novato Alberto Fujimori. García festejó ese triunfo como propio, porque de hecho fue él el verdadero artífice de la derrota de Vargas Llosa. El líder aprista se ha jactado públicamente de ello.

En las elecciones presidenciales de 2006, ante la disyuntiva de elegir entre García y Ollanta Humala, Vargas Llosa, pensando que la candidatura del segundo era una amenaza para la democracia –por su cercanía al totalitarismo–, se manifiesta públicamente a favor del aprista: eso sí, solicitó al elector que fuera a sufragar "tapándose la nariz".

Afortunadamente, en este segundo mandato García se está comportando de manera bien distinta a como lo hizo en su irresponsable y fracasada primera administración. Aplica una política económica que garantiza la libertad económica y el orden fiscal, lo cual redunda en beneficio del país, y merece el saludo y el reconocimiento de la comunidad internacional, así como de numerosos empresarios e intelectuales, entre los que se cuenta el célebre escritor.

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Al poco de llegar a Lima desde Estocolmo, tras recibir el Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa declaró, luego de que le preguntaran por la candidatura presidencial de Keiko Fujimori: "Si la hija del dictador que está condenado por criminal y ladrón tiene la posibilidad de ser elegida presidenta del Perú, voy a tratar de impedirlo por todos los medios legales posibles". Acto seguido añadió que una victoria de aquélla en los comicios de 2011 sería "una catástrofe para el país".

La heredera del autócrata, sus partidarios y sus útiles amigos en algunos medios de comunicación reaccionaron violentamente ante las citadas declaraciones. Al punto de que acusaron a Vargas Llosa de actuar motivado por el odio y el resentimiento.

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Las afirmaciones del Nobel no eran novedosas. Jurídicamente hablando, el exdictador es un criminal. Fujimori fue condenado luego de un larguísimo proceso en el que participaron tres cortes: la Interamericana de Derechos Humanos, la Suprema de Chile y la Suprema del Perú. Este hecho, sin duda inédito, acredita que el caso tuvo un sustento jurídico sólido, que permitió la condena del déspota por delitos de violación de derechos humanos y corrupción.

Acaso la prueba más concluyente de la corrupción registrada en el Gobierno de Fujimori sea la repatriación de cerca de 200 millones de dólares –obtenidos ilícitamente por conocidos fujimoristas– llevada a cabo por fiscales y jueces extranjeros, e ingresados en un fondo (Fedadoi) creado durante el Gobierno del presidente Alejandro Toledo.

Cuando, en los comicios de 1990, Vargas Llosa ganó la primera vuelta, pensó en renunciar a participar en la segunda en beneficio de Fujimori, para evitar que el candidato sorpresa cayera en las manos del partido de García. Además, le ofreció el programa de gobierno que sus técnicos habían preparado. Pero el deseo del escritor no prosperó.

Una vez que Fujimori ganó las elecciones, Vargas Llosa reconoció su triunfo y solicitó a sus parlamentarios (del Movimiento Libertad) que apoyaran al nuevo Gobierno en todas las iniciativas para modernizar el país, abrir la economía y defender la legalidad. Así se obró.

El novelista retornó a Europa para dedicarse a su quehacer literario, y guardó un prudente silencio durante toda la etapa constitucional de su antiguo rival (1990-1992). Estimó que había que dar estabilidad política al Gobierno para que sacara adelante su difícil tarea de reconstruir el país, que había destruido García. Cambió de conducta cuando Fujimori rompió el orden constitucional y dio el golpe de estado del 5 de abril de 1992. A partir de ese momento se convirtió en el más pugnaz adversario de la dictadura, y advirtió a sus compatriotas de las graves consecuencias de apoyar tamaña aventura.

Vargas Llosa, sí, denunció durante todos los años que duró la autocracia fujimorista los atropellos cometidos por un régimen abusivo que poco o nada respetaba a los ciudadanos y que otorgó poderes cuasi plenos a un personaje siniestro: Vladimiro Montesinos.

Un apunte final: la hija del dictador también acusó de intolerante a Vargas Llosa. En eso sí tiene razón. Es intolerante con todos los que están contra el Estado de Derecho, con aquellos que creen que la dictadura es la mejor forma de gobierno. Pero no odia. Si no, que le pregunte a su aliado táctico Alan García.

 

© El Cato

PEDRO CATERIANO, exdiputado del Movimiento Libertad de Perú.

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