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AMÉRICA

El triste caso de Bolivia

Bolivia, el país más pobre de América del Sur, necesita desesperadamente un líder nacional que repare sus muchas divisiones. Lamentablemente, Evo Morales no es de esa clase.

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Cuando fue elegido presidente, en 2005, este antiguo cultivador de coca contaba con un apoyo bastante amplio entre los diferentes grupos raciales y económicos. Pero se empeñó en discriminar y excluir a los mestizos y a los blancos. Por otro lado, ha estatizado buena parte de la economía, incluido el sector de la energía, e impulsado un gran programa de confiscación y redistribución de tierras. Asimismo, ha erosionado las instituciones democráticas e intentado debilitar política y económicamente a los departamentos del este del país porque no le apoyan.

Bolivia hoy está más dividida y polarizada que cuando Morales asumió el cargo. Sus iniciativas económicas estatizantes asustaron a los inversionistas extranjeros, y la corrupción sigue siendo generalizada. Ahora, el gobierno está envuelto en un enorme escándalo de corrupción de altos funcionarios.

Las relaciones con los Estados Unidos se han deteriorado notablemente. Morales sigue un modelo político de conflicto, enfrentamiento e intimidación. Muy al estilo de su mentor, Hugo Chávez, utiliza el antiamericanismo como herramienta política y divulga disparatadas teorías conspiratorias. En setiembre expulsó al embajador estadounidense. Poco tiempo después, y debido a la creciente violencia política, Washington evacuó a los voluntarios del Cuerpo de Paz. En noviembre, Morales exigió que la DEA dejara de operar en Bolivia, y la referida agencia norteamericana dejó de hacerlo en enero.

Por esa falta de cooperación en la lucha contra la droga, el entonces presidente de EEUU, G. W. Bush, suspendió el acceso privilegiado al mercado estadounidense que tenía Bolivia bajo la Ley de Preferencia para el Comercio Andino (ATPA, por sus siglas en inglés) y la Ley de Promoción del Comercio Andino y Erradicación de las Drogas, legislaciones ambas que exigen a los países beneficiarios que cooperen en la lucha contra las drogas.

La administración Bush tenía justificación para suspender las preferencias comerciales. Esa decisión tendrá considerables repercusiones económicas en Bolivia, y Morales, previsiblemente, la ha usado como propaganda doméstica. Ahora, la administración Obama debe decidir si las restaura, y bajo qué condiciones.

Bolivia representa muy poco (entre un 1 y un 2%) del intercambio comercial de los Estados Unidos con los países andinos, pero el gigante norteamericano es uno de los principales socios y una de las mayores fuentes de inversión extranjera de Bolivia. Así, las preferencias comerciales significan mucho más para La Paz que para Washington.  

Es de esperar que la administración Obama condicione su restauración a que el gobierno de Evo Morales brinde un mínimo de cooperación en la lucha contra las drogas. Suelo estar en desacuerdo con las sanciones comerciales, pero este es un caso especial. La Paz no puede recibir un cheque en blanco en la lucha contra las drogas. Bolivia, tercer productor mundial de coca, es un frente clave en esa batalla. Las condiciones fijadas por en la ATPA y la Ley de Promoción del Comercio Andino son muy claras y tienen lógica.   

Hay otras fuentes de preocupación para los Estados Unidos. Bolivia tiene enormes depósitos de gas natural, y Morales aboga por establecer vínculos estratégicos con Irán. En unos momentos en que Teherán está ampliando su esfera de influencia a través de América Latina, preocupa su emergente asociación con La Paz. El secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, declaró recientemente ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de su país que está "preocupado" por el nivel de actividades subversivas que están desarrollando los iraníes en América Latina. Hay evidencia de que la cordial relación de los ayatolás con Hugo Chávez, principal patrocinador de Morales, ha permitido al grupo terrorista Hezbollah establecerse en Venezuela. La conexión Bolivia-Irán requiere observación y cuidado.  

¿Cómo preservar la democracia en Bolivia y reforzar sus instituciones democráticas? En sus esfuerzos diplomáticos para respaldar la democracia y apoyar  a la sociedad civil, los Estados Unidos deberían colaborar estrechamente con los gobiernos democráticos de Europa y América del Sur, así como abordar la difícil situación de los más pobres en Bolivia y apoyar el trabajo de las ONG de buena fe a través del National Endowment for Democracy. También debe promover la libertad económica y la creación de un clima empresarial más favorable. A la hora de valorar los ambientes empresariales del planeta, el Banco Mundial sitúa a Bolivia en puesto 150 (de 181). Sólo Haití y Venezuela están peor en América Latina y el Caribe.

Un punto final: hasta ahora, el presidente Obama ha decepcionado a quienes esperaban acciones prontas para reforzar los lazos de Estados Unidos con el resto del continente. Irán, Rusia y China están trabajando para fortalecer sus relaciones con América Latina. Si los Estados Unidos no hacen de su propio hemisferio una prioridad, se arriesgan a perder influencia en una región crítica para su seguridad y su economía.


© AIPE

JAIME DAREMBLUM, director del Centro de Estudios para América Latina del Hudson Institute (Washington).
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