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EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Españoles y norteamericanos: nuevas alianzas

Se habla mucho de antiamericanismo europeo, y más concretamente, porque nos afecta más, de antiamericanismo español. Lo hacemos remontar al 98, cuando EEUU destrozó la escuadra del almirante Cervera en la bahía de Santiago y acabó con lo que quedaba del antiguo imperio. También va a cuenta de Eisenhower y su apoyo a Franco, o al revés, de la negativa norteamericana a que España se beneficiara del Plan Marshall, pese a ser el primer país en rechazar con éxito la implantación de un régimen comunista fuera de la URSS.

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Vinieron luego los progres de los 70, con su imitación de la izquierda radical norteamericana, y más tarde, ya en nuestros días, el antiamericanismo ideológico de Rodríguez Zapatero y su manipulación de la opinión pública española ante cualquier compromiso bélico, incluso ante el simple apoyo diplomático que el Gobierno de Aznar prestó a Bush durante la intervención en Irak.
 
Todo eso es cierto. Para compensar, hay un número importante y creciente de españoles que se interesan por Estados Unidos como nunca hasta ahora había ocurrido.
 
No es que los españoles se hayan sentido siempre ajenos a lo que ocurría en la primera democracia del mundo. Tocqueville, por ejemplo, fue casi tan traducido al español como al inglés, un hecho sorprendente, ya que es de suponer que el público interesado en Tocqueville era capaz de leerlo en francés. Valera, embajador en Washington, supo, como suele decir el profesor Manuel Pastor –el mejor conocedor de todo este asunto–, entrever la complejidad y el significado auténtico del sistema político norteamericano. Ramiro de Maeztu, siempre apasionado, se dejó seducir por la vitalidad del capitalismo yanqui, tan denostado por otros de sus compatriotas, y así lo dejó escrito en unos artículos que publicó bajo el título de El sentido reverencial del dinero. Más tarde Julián Marías, que vivió varios años allí, caló con perspicacia y sutileza la psicología norteamericana y rectificó con creces el escaso interés, por no decir los prejuicios, de su maestro Ortega (influyente, en cambio, en el conservadurismo norteamericano gracias a La rebelión de las masas).
 
Pero hoy hay algo más. Hay personas que se están esforzando, a uno y otro lado del Atlántico, por crear nuevos lazos entre los dos países desde la realidad actual y con la voluntad de estar presentes en el debate público sin pasar por la financiación pública ni la intervención de instancias gubernamentales. Los más llamativos se están produciendo en los medios de comunicación, muchas veces precarios pero con un enorme alcance gracias a internet.
 
Así, acaba de aparecer en la Red Diario de América/America’s Daily, elaborado por Alberto Acereda, editor del extinto USA Digital, y Pablo Kleinman, del igualmente desaparecido El Iberoamericano. El Diario de América, fusión de los referidos medios y confeccionado desde Arizona y Nueva York, donde residen AA y PK, es un proyecto ambicioso en el que participan personas próximas al republicanismo y otras más cercanas al ideario demócrata. Se propone dar a conocer una visión en profundidad y sin prejuicios ideológicos de la realidad norteamericana para un público de habla española. Con suerte y algo de ayuda, se convertirá en un medio influyente en la comunidad hispanoparlante de Estados Unidos, en Latinoamérica y, muy en particular, en España.
 
Más centrado en asuntos latinoamericanos, aunque interesante también para el público español, es el newsletter en inglés del Hispanic American Center for Economic Research, HACER, relacionado con la Atlas Foundation y elaborado en Washington; mientras que en este lado del Atlántico contamos con la American Review, a cargo de la Fundación Burke y cuyo objetivo es similar al del Diario de América. Comparten la misma curiosidad, la misma voluntad de dar a conocer una realidad mal conocida, a pesar de su importancia, y de propiciar un debate en profundidad acerca de la sociedad norteamericana. La verdad es que ésta siempre acaba influyendo en los países europeos, fascinados con lo que ocurre allí. No dejen de seguir los artículos de Jorge Soley, de los que suele hacerse eco Libertad Digital.
 
La Fundación Burke, casi recién creada, tiene ya relaciones establecidas en Estados Unidos y está empeñada en la difusión en nuestro país de un pensamiento conservador moderno como el que ha ganado la batalla de las ideas en Estados Unidos durante los últimos treinta años. También está presente en Norteamérica, desde presupuestos estrictamente liberales, el Instituto Juan de Mariana. En cuanto al GEES, que tiene por prioridades el análisis geoestratégico y el fomento de la relación transatlántica, no necesita presentación para los lectores de Libertad Digital.
 
Por otra parte, en Estados Unidos hay organizaciones puramente políticas que están mostrando una sorprendente vitalidad. Los españoles residentes allí no se limitan a esperar a ver qué se les dice desde la Península, sino que se organizan y toman la iniciativa. Me estoy refiriendo, muy en particular, a los miembros del Partido Popular en Estados Unidos, una organización que en los últimos años está desplegando una intensa actividad, que está en manos de gente joven, que se encuentra en lugares de gran importancia estratégica (Nueva York, Nueva Jersey, Florida, California y Massachusetts) y que está demostrando ser cada vez más capaz de movilizar esos votos que a veces resultan decisivos.
 
Todas estas organizaciones ofrecen información y ayuda, y servirán para promover en la vida diaria una forma de relación atlántica que los Estados y las maquinarias gubernamentales, lastradas por las decisiones políticas y las burocracias, no son capaces de dinamizar.
 
Cuando la situación se normalice, se acabe la histeria del zapaterismo y se restablezcan como es debido las relaciones entre Estados Unidos y España, todas estas iniciativas habrán contribuido a que el nuevo campo de juego esté bastante menos yerto que antes. Si quieren establecer relaciones serias y de largo plazo, los políticos podrán aprovecharlo. Y, en cualquier caso, siempre es bueno que la gente, lo que se llama "la sociedad civil", se adelante a las decisiones de los Gobiernos. Al final, la opinión pública es la que acaba mandando, y en este caso tiene instrumentos de los que antes carecía. Para conocer y también para manifestarse.
 
 
Pinche aquí para acceder a la web de JOSÉ MARÍA MARCO, autor de LA NUEVA REVOLUCIÓN AMERICANA.
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