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ESTADOS UNIDOS

Calladito estás más guapo, Jimmy

Con la elegancia que le caracteriza, Jimmy Carter ha afirmado que la política exterior de Estados Unidos ha alcanzado su punto más bajo durante la presidencia de George W. Bush. "Creo que, por lo que hace al impacto negativo del país en el resto del mundo –declaraba en fechas recientes a la Arkansas Democrat Gazette–, esta Administración ha sido la peor de la historia".

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No es normal que un ex presidente ofenda tan abiertamente a un presidente, y claro, el ataque de Carter a Bush atrajo la atención internacional. El atacante, entonces, dijo que quizá sus palabras habían sido "descuidadas" o "malinterpretadas", y añadió: "Desde luego, no estaba aludiendo a ningún presidente en concreto". Oh, por supuesto, claro que no. 
 
Si el Libro Guinness tuviera una categoría llamada "Le dijo la sartén al cazo", Carter arrasaría en la edición de este año. Aún pasará un tiempo hasta que la historia dicte sentencia sobre Bush, pero su veredicto sobre Carter, que abandonó la Casa Blanca hace 26 años, parece ya bastante claro: viene a decir que... en fin, digamos que Mr. Carter está mucho más guapo dando consejos que profiriendo frases sobre Administraciones norteamericanas que incluyan la expresión "la peor de la historia".
 
Christopher Hitchens rememoraba recientemente una discusión con Eugene McCarthy, un veterano progresista que había votado por Ronald Reagan en 1980. McCarthy no lamentaba haberlo hecho. Y es que Carter, a juicio de McCarthy, "abdicó de su responsabilidad mientras ostentó la Presidencia, así de claro". "Dejó la nación a merced de sus enemigos tanto en casa como allende nuestras fronteras. Fue el peor presidente que hayamos tenido jamás".
 
Se mire por donde se mire, fue el peor inquilino que tuvo la Casa Blanca en el siglo XX. Durante su mandato, la reputación internacional de EEUU cayó en picado. Nuestro 39º presidente accedió al cargo cuando los vientos de la Guerra Fría soplaban a favor de la Unión Soviética. Vietnam y Camboya habían caído en manos de los comunistas, y Mozambique, Angola y Etiopía estaban gobernadas asimismo por marxistas. Aun así, Carter se las apañaba para tachar los principios anticomunistas de propios de una paranoia estúpida. "Nos hemos liberado de ese desmesurado miedo al comunismo que en otros tiempos nos llevó a abrazar a todo aquel dictador que lo compartiera con nosotros", llegó a decir por aquel entonces. Carter prefería darse al apaciguamiento antes que impedir por la fuerza que los comunistas expandieran su poder.
 
Antes de nada, recortó en miles de millones de dólares el presupuesto de defensa, canceló el programa relacionado con los bombarderos B1 y ordenó la retirada de los misiles norteamericanos de Corea del Sur. Asimismo, saludó la toma sandinista de Nicaragua y proporcionó a Managua 90 millones de dólares en concepto de ayuda. Estableció relaciones diplomáticas con la dictadura de Fidel Castro mientras miles de soldados cubanos luchaban en África junto con otras fuerzas marxistas. Y mientras Moscú emprendía una vasta empresa de rearme y desplegaba una red terrorista de alcance internacional, Carter dio en suprimir cientos de puestos de inteligencia en la CIA.
 
A Carter no se le cayó la venda de los ojos hasta que los soviéticos invadieron Afganistán. Según él mismo declararía, esa agresión tan descarada hizo más por cambiar sus puntos de vista que nada que hubiera hecho Moscú con anterioridad a su llegada a la Casa Blanca.
 
Ronald Reagan.Carter se mostró despectivo con quienes advertían de que la debilidad norteamericana era peligrosamente provocativa. Así, a Reagan lo tachó de "simplista" y "jingoísta" en octubre de 1980. Sin embargo, con los tiranos y los matones se mostraba tétricamente untuoso. Del mariscal Tito dijo que era "un valeroso gran líder" que creía en los derechos humanos; y del brutal dictador Ceaucescu, esto otro: "Nuestros objetivos son los mismos (...) permitir que la población mundial comparta el crecimiento, la paz, la libertad individual (...) la mejora de los derechos humanos". Su servilismo quedó plasmado para la posteridad en unas fotografías en las que se le ve besando al dictador soviético Leónidas Brezhnev en 1979, apenas unos meses antes de la invasión de Afganistán.
 
Lo peor de todo fue la respuesta de su Administración a la toma de la embajada norteamericana en Teherán, perpetrado a finales de ese mismo año. Cuando Carter dijo que emplearía la fuerza militar para poner fin a la crisis y liberar a los 52 diplomáticos estadounidenses sometidos a cautiverio, el ayatolá Jomeini se rió de él: "Está tocando un tambor roto. No tiene agallas para emprender una acción militar, y nadie le hace caso".
 
Los frutos de la debilidad de Carter han sido muy amargos, afirma el profesor Steven Hayward, autor de The Real Jimmy Carter (El verdadero Jimmy Carter). A juicio de Hayward, la caída de Irán en manos de los ayatolás "puso en marcha el avance del islam radical y el auge del terrorismo que alcanzó su punto culminante el 11 de Septiembre". Además, al no hacer nada por evitar la invasión soviética de Afganistán, Carter creó el caldo de cultivo del que bebió la violencia yihadista que padecemos en la actualidad.
 
Los norteamericanos sólo tardaron cuatro años en darse cuenta de que Carter era un desastre, y en 1980 le dieron una patada fenomenal: en las presidenciales perdió en 44 de los 50 estados de la Unión.
 
"El peor de la historia", dice Jimmy de George W. Lo que hay que oír. Y en boca de quién...
 
 
JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.
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