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IBEROAMÉRICA

Inquietante presencia iraní

Con el apoyo de Chávez, el régimen de Teherán proyecta una sombra nociva y peligrosa sobre Latinoamérica.

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El presidente Obama será anfitrión de la Cumbre sobre Seguridad Nuclear, que reunirá en Washington a 44 jefes de gobierno los días 12 y 13 de este mes. Aunque el Departamento de Estado insiste en que no se considerarán temas relacionados con la proliferación nuclear, sino que el foco se pondrá en la cooperación y la seguridad para prevenir actos terroristas con armamento radiactivo, es difícil imaginar que dicho acontecimiento esté desvinculado del peligroso programa nuclear de Irán. Por su parte, los ayatolás han anunciado que inmediatamente después de la cumbre washingtoniana celebrarán en la capital iraní una reunión internacional para demostrar que su programa nuclear tiene propósitos pacíficos, algo que no se creen ni sus vecinos árabes.

Es comprensible que Estados Unidos quiera resaltar el peligro que representa el hecho de que un régimen dictatorial, militarizado y teocrático como el iraní disponga de armamento nuclear, pero resulta sorprendente que al mismo tiempo haya ignorado por varios años las cabezas de playa que los ayatolás han venido estableciendo en el hemisferio, con la complicidad de Hugo Chávez.

Caracas y Teherán han estado trabajando por años en reforzar su peligrosa alianza. Su paso más descarado ha sido la firma de un memorándum de entendimiento para "cooperar en el campo de la tecnología nuclear"; así, Chávez abastecerá a los iraníes con uranio y Ahmadinejad le transferirá tecnología nuclear. Recordemos que Venezuela y Cuba fueron los únicos países que votaron a favor de Irán en la reunión de gobernadores de la Organización Internacional de Energía Atómica que el año pasado condenó su programa nuclear.

Chávez ha estado ayudando a Teherán a evadir las sanciones internacionales. El ejemplo más descarado lo encontramos en la creación del mal llamado Banco Internacional de Desarrollo, que supuestamente es venezolano pero cuya directiva es íntegramente iraní, así como el ciento por ciento de su propiedad, en manos del Banco Saderat, sobre el que pesan sanciones del Departamento del Tesoro norteamericano. Con Chávez actuando de Celestina ante Rafael Correa, los iraníes se han infiltrado también en el sistema bancario ecuatoriano con una inversión de 120 millones de dólares para, supuestamente, facilitar el comercio entre ambas naciones.

Si dejamos de lado la política, nada justifica semejante implicación de la banca iraní en Suramérica. Datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) muestran que Suramérica apenas supone el 0,09% de las exportaciones iraníes. Aun así, Chávez ha hecho la friolera de 8 visitas a Irán, y Ahmadinejad ha abierto 6 nuevas embajadas en América Latina: la de Nicaragua tiene una cantidad de personal sorprendentemente alta; en cuanto a sus viajes a la región, han tenido por foco Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Bolivia, es decir, Chavezlandia.

Los intensos vínculos con los ayatolás conllevan asimismo el establecimiento de relaciones con grupos terroristas. Por los lazos de Chávez con Irán, abrieron oficinas en Caracas los terroristas de Hezbollá, a los que Teherán financia con más de 120 millones de dólares anuales, y Hamás, que controlan la Franja de Gaza. Por cierto, la justicia española ha mostrado pruebas del apoyo chavista a los terroristas de las FARC y ETA.

Hezbolá perpetró dos atroces ataques terroristas en Buenos Aires: contra la embajada de Israel (1992), donde murieron 29 personas y 242 resultaron heridas, y contra el edificio de la comunidad judía (1994), que dejó 86 muertos y 300 heridos. La justicia argentina señaló que Hezbolá siguió órdenes "emanadas directamente del régimen de Teherán" y emitió órdenes de captura contra altos funcionarios iraníes, como por ejemplo el actual Ministro de Defensa, en un reporte que fue aprobado por Interpol.

Ante semejante historial terrorista, sorprende el silencio atronador de los países del continente que acabarán pagando los platos rotos, así como la curiosa displicencia de Estados Unidos.


© AIPE

JAIME DAREMBLUM, director del Centro de Estudios Latinoamericanos del Hudson Institute.
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