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IBEROAMÉRICA

La violencia engendra más violencia

Los años 60 y 70 fueron particularmente tempestuosos en Latinoamérica. Surgieron grupos guerrilleros que, imbuidos de una gran soberbia, pretendían imponer por la fuerza bruta una forma de gobierno totalitaria que la inmensa mayoría de la población rechazaba. Eso se constata fácilmente, porque, salvo en Chile, los marxistas obtenían un escaso caudal de votos en las elecciones nacionales.

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Es hartamente conocido que la violencia engendra más violencia. Y la guerrilla fue el pretexto ideal para que salieran a escena otros supuestos "salvadores de la patria": los militares.
 
Como prima una compulsión obsesiva por falsear la historia, es bueno recordar que, en sus inicios, las dictaduras de esa época contaron con el apoyo mayoritario de las opiniones públicas de los países en que se establecieron. La razón es fácil de comprender: debido a los extremistas, en la región reinaba el terror. Los secuestros, los asesinatos planificados de víctimas seleccionadas, las muertes "accidentales", los atentados, los asaltos a mano armada, la inseguridad eran el pan nuestro de cada día.
 
La ciudadanía quitó su apoyo a las cúpulas militares cuando comprendió que el remedio había resultado peor que la enfermedad. Fue cuando, con horror, descubrieron que los secuestros, los asesinatos planificados de víctimas seleccionadas, las muertes "accidentales", los atentados y la inseguridad seguían formando parte de lo cotidiano, sólo que con otros verdugos.
 
Esta evolución de los acontecimientos sorprendió a muchos. Sin embargo, está en la propia naturaleza de las cosas que así se desarrollaran. Tanto los guerrilleros como los militares se consideraban los poseedores de la única verdad, y actuaron en consecuencia. Además, con sus actos revelaron el profundo desprecio que sentían por sus semejantes.
 
Justamente, ésas son las notas distintivas de cualquiera que tenga alma de tirano. Y es por eso que guerrilleros y dictadores militares se parecen tanto en su forma de razonar y actuar.
 
El presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez.Actualmente están gobernando en nuestros países muchos miembros o simpatizantes de aquellos grupos terroristas. Lo irónico es que pretenden ostentar, como una de sus principales banderas, la "defensa" de los derechos humanos. Asimismo, quieren imponer una visión "histórica" en la cual aparecen como unos grandes "defensores" de la democracia que lucharon titánicamente contra gobiernos dictatoriales. De hecho, esa versión de los acontecimientos se ha incorporado en algunos países como estudio obligatorio en la enseñanza, pública o privada.
 
No obstante, como dice la sentencia bíblica, "por sus frutos los conoceréis". Analicemos lo que está ocurriendo en el Uruguay. En febrero de 2006 la ministra de Defensa llegó sin previo aviso a la sede del Departamento II (Inteligencia) de la Fuerza de Tierra y se incautó de cientos de miles de documentos microfilmados con información delicada. Son los archivos de espionaje que elaboró la Inteligencia del Ejército durante la dictadura militar (1973-1985). Son tres millones de páginas que incluyen registros de grabaciones clandestinas, interrogatorios a detenidos y datos sobre la vida pública e íntima de miles de uruguayos.
 
A pesar de no contar con un marco regulatorio ni con código deontológico alguno a su disposición, la ministra ordenó la apertura de los archivos. Y desde hace un año dos personas de "la mayor y absoluta confianza" de la jerarca: un ex guerrillero tupamaro y una mujer que estuvo detenida en el centro clandestino de Argentina, revisan y clasifican los legajos sin ningún control.
 
Un líder de la oposición protestó: "El actual Gobierno no puede hacer lo que quiera con archivos extraídos por coacción, por apremios físicos y por pesquisas secretas, que están prohibidas por la Constitución". La propia ministra, por su parte, declaró: "Ya extrajeron de los archivos documentos que fueron remitidos a la Justicia para investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos o para pedidos de indemnización a los Estados por causas vinculadas a las dictaduras en Argentina y en Uruguay".
 
Uno no puede menos que preguntarse: ¿qué entenderá ella por "derechos humanos"? ¿Cuál es la distancia que separa una forma de actuar de la otra?
 
 
© AIPE
 
HANA FISCHER, analista uruguaya.
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