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HISPANOAMÉRICA

¿Quién apaga el antisemitismo chileno?

Un gravísimo incendio y Rotem Singer, un mochilero judío-israelí, alcanzaron para que una parte de la población chilena entendiera que había causas suficientes para lanzarse a una campaña denigrante contra Israel, los israelíes y todo aquel que tratara de mostrar un poco de sentido común en el lamentable siniestro en Torres del Paine.

Roberto Sánchez Ortega
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La frustración encontró su cauce cuando apareció involucrado en el incendio el veinteañero Singer. Enterados de ello, cientos de xenófobos chilenos saturaron portales y blogs con teorías conspirativas y originales propuestas sobre cómo plantar cara al "monstruo sionista".

"Israelíes genocidas", "Judíos de mierda", "¡Asesinos!", "¡Judíos a la horca!"... todo al mejor estilo medieval, cuando se acusaba a los judíos de matar a los niños y utilizar su sangre para preparar el pan ácimo de la Pascua.

Cuando no se conocía la condición judía del presunto autor, en Chile lamentaban la horrible tragedia ecológica y las críticas se dirigían sobre todo al Gobierno y a los organismos encargados de afrontar este tipo de catástrofes por su lento accionar. Pero en cuanto se supo que era judío y, por si fuera poco, israelí, hizo eclosión la inmundicia antisemita. No les interesaba, a estos superexpertos en estereotipos, ni la verdad ni la responsabilidad; sólo dar fuerza al vendaval de aversión y asco hacia el Estado judío desatado.

Chile emergió entonces como un país racista, discriminador y hasta alarmante para quienes son objeto de tan exaltadas muestras de odio. Lo más engorroso es que los exabruptos antisemitas no fueron sólo cosa de gentes anónimas. En el Parlamento y en los medios pudieron escucharse expresiones como: "Apostaría a que el israelí que causó el incendio es de aquellos enviados por su Estado luego de matar niños palestinos" o "El mejor castigo para el israelí es que lo entreguen a los palestinos en Gaza".

El hermoso Parque Nacional de Torres del Paine, con o sin la ayuda de expertos israelíes, volverá con el tiempo a florecer. Pero, por lo visto, hará falta mucha agua del Pacífico y varios períodos de deshielo andino para tratar de extinguir las llamas del antisemitismo en ese mismo lugar en que Neruda escribió: "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".

 

NOTA DE LA REDACCIÓN. Por error, en un primer momento se publicó este artículo bajo la firma de Alberto Mazor. Pedimos por ello disculpas a nuestros lectores y, de manera muy especial, a su verdadero autor.

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