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AHONDANDO EN HONDURAS

Sobre la incompetencia del presidente Obama

El acontecimiento político más importante del primer año de la Era Obama no ha sido el "planetario" encuentro Obama-Zapatero anunciado por Leire Pajín, sino la crisis de Honduras, que en un principio parecía más modesto.

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Por primera vez en la historia, un presidente norteamericano (Zapatero-Moratinos son patéticamente irrelevantes) ha adoptado durante cinco largos meses una actitud ambigua, si no favorable, hacia presiones anti-democráticas y anti-constitucionales contra un pequeño y valeroso país, amigo leal de los Estados Unidos.

Ya se ha cumplido lo que protefizó el bocazas del vicepresidente Biden: en muy poco tiempo se pondría a prueba la capacidad de decisión del presidente Obama. Sí. Pero lo que ha quedado de manifiesto es su incompetencia. Finalmente, el sentido común y el buen hacer de algunos altos funcionarios del Departamento de Estado heredados de la administración Bush, como Thomas Shannon, han resuelto el embrollo creado por los obamaníacos.

El pasado 30 de noviembre, la magnífica periodista Mary Anastasia O'Grady escribía en The Wall Street Journal ("In Elections, Honduras Defeats Chávez") que merece reconocerse que la administración Obama (subrayo yo lo de "la administración") había comprendido que las elecciones eran la mejor solución a la crisis. En mi opinión, quien merece todo crédito es precisamente Ms. O'Grady, que a lo largo de todos estos meses ha sido la voz del sentido común, racional e inteligente: ha demostrado una finura en el análisis político de América Latina muy superior a los políticos y académicos, y me atrevo a afirmar que inspiró la solución diplomática ejecutada por Shannon. Es un ejemplo loable (ya quedan pocos) de profesionalidad y servicio público de la prensa.

Las elecciones en Honduras han sido una derrota sin paliativos de la nueva Internacional Comunista/Socialista en el Hemisferio Occidental, ALBA (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Honduras bajo Zelaya) y sus aliados estratégicos: la ahora desprestigiada OEA, los presidentes de Argentina, Brasil, Chile y España, la prensa e intelectualidad progre, así la plétora de organizaciones internacionales (ONU, Unión Europea, etc.) controladas y manipuladas por los socialistas de todos los partidos, que diría Hayek.

Obama no está libre de responsabilidad. El nuevo emperador, multilateral, hamletiano, veleta, post-racial (pero quien le critique será acusado inmediatamente de racista), en realidad es el primer presidente post-americano, como le ha calificado acertadamente el embajador Bolton. La crisis de Honduras ha provocado una pequeña guerra civil en la administración Obama, entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado. El chivo expiatorio ha sido Gregory Craig, cuyo caso ilustra mejor que nada la incompetencia, los lastres ideológicos y el continuo flip-flopping del presidente.

Craig.¿Quién es Gregory Greg Craig? En España es poco conocido, pero para la clase política norteamericana y sobre todo para los washingtonianos es un viejo y conocido peón político de brega. ¿Recuerdan el caso del niño balsero, Elián González? Craig fue, precisamente, el abogado de Fidel Castro, que consiguió –durante los últimos meses de la administración Clinton– la devolución del niño a Cuba, con la innoble colaboración de la secretaria de Justicia, Janet Reno. (Con todo, una consecuencia positiva del caso, según algunos analistas, sería la victoria de Bush en las elecciones presidenciales de 2000, tras hacerse con la mayoría de los votos de los cubanos de la Florida y, así, con todos los votos del estado en el Colegio Electoral).

En su reciente hagiografía de Obama, A Long Time Coming (New York, 2009), Evan Thomas –como hijo del líder socialista histórico Norman Thomas, sabrá muy bien lo que significa el título– nos informa de que Creig trabajó como ayudante del senador Ted Kennedy y como jefe de planificación política –es decir, comisario– en el Departamento de Estado con Bill Clinton, de quien fue abogado durante el célebre impeachment. Cuando Obama se postula como candidato en 2007, Ted Kennedy envía a Creig junto al joven senador negro, como adelantado ( "the Kool-Aid boy", le denominó Obama, por su devoción y dedicación) de lo que más tarde será la formalización del pacto Kennedy-Obama contra la candidatura de Hillary Clinton.

Obama nombrará a Creig White House counsel (top lawyer), y hoy sabemos que fue el motor principal de la presión para cerrar Guantánamo, publicar más fotos de los presuntos abusos sufridos por prisioneros terroristas e impulsar el enjuiciamiento de funcionarios de la CIA. Según informó hace meses Mary Anastasia O'Grady, parece que Greig también asesoraba al presidente respecto a América Latina (presumimos que especialmente en los asuntos de Cuba, ALBA y Honduras), su secreta gran vocación, a espaldas del Departamento de Estado y contra la opinión de Ms. Clinton, que le consideraba un traidor.

En resumen: Obama consintió en la creación de una administración paralela de más de un centenar de asesores y zares directamente vinculados a la Casa Blanca, sin responsabilidad política ante el Congreso y los ciudadanos, ni siquiera ante el propio partido demócrata; un auténtico partido en la sombra, que, como sabemos por los precedentes históricos de Stalin y de Hitler, es la estrategia del totalitarismo para minar el Estado y la Constitución. Algunos de esos zares y asesores han sido obligados a presentar su dimisión por la presión del periodismo crítico. El primer caso notorio fue el presunto comunista, racista negro y sandía (verde por fuera, rojo por dentro) Van Jones, zar para la política medioambiental, denunciado reiteradamente por Glenn Beck en la cadena Fox. El último (13 de noviembre) ha sido el propio Creig, luego de que el caso Honduras se resolviera diplomáticamete con la aceptación norteamericana del veredicto de las urnas. No sería la primera vez que un top adviser o un top lawyer resultara ser un topo del anti-americanismo.

P. S.: Más sobre la incompetencia de Obama. Mientras escribo este artículo, el primero de diciembre, veo por la noche en televisión el discurso del presidente en West Point. Lo primero que se espera de un Comandante en Jefe –como dice el Crítico en Jefe del actual, Charles Krauthammer– es voluntad y decisión de vencer, características ambas de las que carece Obama. Fijar y anunciar el comienzo de la retirada de Afganistán en 18 meses es un error desastroso en términos de estrategia. Por otro lado, Obama ha vuelto a demostrar su ignorancia de la historia: todavía hay tropas norteamericanas estacionadas en Alemania, Japón, Corea, Kosovo y, por supuesto, Irak.

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