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IBEROAMÉRICA

Venezuela, al borde del abismo

A Hugo Chávez se le está complicando el panorama nacional. Pese a que el precio del barril de petróleo se acerca a los 100 dólares, los venezolanos afrontan una creciente escasez de alimentos y demás productos esenciales. Debido a unos absurdos controles de cambios y precios, a la ineptitud y desbordada corrupción de la burocracia, al acoso que sufren los productores nacionales y a la lentitud de los servicios portuarios, por primera vez en la historia Venezuela padece escaseces de este tipo. La carencia más notable es la de leche infantil. Pues bien: apenas estamos en el prólogo del chavismo estalinista.

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Como al Gobierno se le viene encima una crisis fiscal de inmensas proporciones, acaba de implantar un impuesto a las transacciones financieras: un 1,5% sobre cada cheque emitido por las empresas. En los sectores que operan bajo unos precios fijados por el Gobierno (colegios privados, distribución de gasolina, gas licuado, medicinas y alimentos esenciales), este nuevo impuesto significa la desaparición de un mayor número de empresas e industrias pequeñas y medianas.
 
Según estadísticas de la Confederación Venezolana de Industriales, de las 11.000 industrias que existían en el país en 1998 sólo quedan en pie menos de 7.000.
 
Cada día son más los venezolanos que se preguntan para qué sirven los controles de precios y cambios, si desde hace años sufren una de las peores inflaciones del mundo, como reporta la revista The Economist. En lo relacionado con la depreciación de la moneda, sólo su amigo Robert Mugabe, presidente de Zimbabue, gana a Chávez.
 
La otra pregunta es: ¿para qué les sirve el petróleo a los venezolanos? Supuestamente, desde enero de 1976 es de todos.
 
En enero habrá una nueva moneda (con tres ceros menos), que el Gobierno llama "bolívar fuerte". Chávez asegura que con ella los venezolanos podrán comprar más, pero lo cierto será lo opuesto. Se avecina una fuerte devaluación, aunque siga subiendo el precio del petróleo.
 
Mientras los venezolanos afrontan tales calamidades, Chávez sueña con encabezar una confederación de naciones latinoamericanas, infiltra funcionarios, militares y dólares venezolanos en entidades gubernamentales de Bolivia, Nicaragua, Argentina y Ecuador, ofrece refinerías petroleras por donde quiera que viaja y amenaza con medidas aún más radicales a quienes pretenden producir, distribuir o prestar algún servicio a la población del país.
 
Últimamente Chávez anda celebrando la retirada de América del Sur de Exxon Mobil y Shell, empresas que hace medio siglo tenían cuantiosas inversiones en Venezuela; por aquel entonces, las exportaciones venezolanas representaban el 60% del comercio petrolero internacional.
 
Hoy, todo apunta a una crisis sin precedentes. De ahí su apuro por que el referéndum constitucional se celebre el 2 de diciembre. Pretende aprobar una nueva Constitución, la número 27, a imagen y semejanza de la que oprime salvajemente a los cubanos.
 
Chávez está seguro de ganar el referendo porque –como sucede en todos los países comunistas– la oposición vive bajo serias amenazas, mientras él ejerce cada día un mayor control sobre la radio y la televisión y manipula como quiere al Consejo Nacional Electoral. Por cierto, el registro de electores es un secreto de Estado, para que nadie pueda investigar ni comprobar irregularidades (muertos y fantasmas que votan, cubanos y otros extranjeros que reciben cédulas venezolanas apenas llegan al país...), y el sistema electrónico de votación es inauditable. Por si esto fuera poco, cuenta con cómplices de amplia experiencia en conteos fraudulentos.
 
Además, muchos opositores no votarán porque la reforma propuesta irrespeta descaradamente los fundamentos de la Constitución vigente, la cual señala que los derechos cívicos, como el voto, la libertad de pensamiento, expresión y asociación, el proceso debido, la libre iniciativa, la competencia, la propiedad sobre el fruto del trabajo y la libertad de estudiar, no son negociables, no se pueden limitar ni están sujetos a votaciones por mayorías incidentales.
 
Frente a lo que dice la propaganda oficial, Chávez es el gobernante venezolano que menos se parece, física, cultural e ideológicamente, a Simón Bolívar.
 
 
© AIPE
 
CARLOS BALL, director de la agencia AIPE.
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