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Venezuela, ante otra crisis

El año pasado Chávez anunció una reforma monetaria que eliminaría tres ceros a nuestra moneda a partir del primero de enero de 2008. A partir de entonces tendríamos el "bolívar fuerte". La campaña dejó entrever no sólo la fortaleza del nuevo bolívar, sino un mejor rendimiento de los ingresos de la gente.

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Sin embargo, el bolívar fuerte comenzó muy mal: al cierre del primer mes, el índice de precios al consumidor aumentó un 3,4%, y, a pesar de estrictos controles de precios y de cambio aplicados desde febrero de 2003, todo indica que Venezuela volverá a ser este año el país con la peor inflación, excepción hecha de Zimbabue.
 
Otro problema que ha de enfrentar Chávez es la fuga hacia Colombia de grandes cantidades de alimentos, materiales de construcción, combustibles y electrodomésticos. Se van por unos controles absurdos que provocan que los precios en Venezuela sean mucho más bajos que en el país vecino. Así, y por poner un ejemplo, un litro de gasolina cuesta en Venezuela apenas 18 centavos de dólar al cambio libre, o 45 centavos al prácticamente inexistente cambio oficial. La reacción del Gobierno consiste en intensificar los controles y en decomisar mercancías cerca de la frontera con Colombia o que se encuentran, simplemente, almacenadas (el Gobierno considera "acaparamiento" los inventarios que equivalgan a apenas cuatro días de ventas).
 
En su programa dominical de radio y televisión, Chávez dio recientemente instrucciones a militares y funcionarios para que combatan con dureza todo aquello que huela a especulación, acaparamiento o exportación a Colombia. Dijo también que no se debería utilizar la leche para elaborar productos que él llama "exquisitos", como el queso o la leche condensada. Desde entonces se decomisan diariamente muchos alimentos, para, supuestamente, beneficiar a los venezolanos pobres, pero la realidad es que se agrava cada día más una espantosa e inaudita escasez de casi todo en Venezuela.
 
Otro mensaje que da el presidente es que, fuera del microproductor del campo –que puede ser privado, pero no tiene la potestad para decidir sobre los precios ni de escoger a su clientela–, el resto de la producción y la distribución de alimentos debe pasar a manos del Estado. En su programa del 27 de enero dio a entender que la comercialización privada de alimentos no tiene cabida en su proyecto bolivariano. Ése es un nuevo ataque en contra de la eficiencia.
 
Hasta ahora las importaciones colombianas de leche, carne, papas, azúcar, frutas y medicinas han reducido la escasez y frenado en algo la inflación. Pero la escalada de insultos y amenazas del Gobierno venezolano contra Colombia, y el irrespeto de Caracas a los pactos y a la libertad de tránsito en las zonas fronterizas están logrando una fuerte caída de las importaciones del país vecino. Todo esto apunta a un endurecimiento aún mayor de los controles y a fuerte subida de inflación, como ya ocurrió en 1989 y en 1996.
 
Lamentablemente, Chávez sólo ha logrado agravar todos los problemas que encontró cuando llegó al poder.
 
 
© AIPE
 
ALBERTO BRICEÑO, analista político venezolano.
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