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ESTADOS UNIDOS

¿Vuelve Newt Gingrich?

Newt Gingrich compareció hace pocas fechas ante el Comité Conservador de Acción Política. El entusiasmo con que fue acogido su discurso ha dado nuevo bríos a las especulaciones que apuntan a que el padre del Contrato con América podría entrar en la carrera por hacerse con la candidatura del Partido Republicano para las presidenciales de 2008.

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Hubo un tiempo en que se pensó que Gingrich estaba acabado para siempre, luego de abandonar la Cámara de Representantes marcado por los "escándalos". Lo cierto es que "escándalo" es una de esas palabras-comodín que emplean, con criterios harto volubles, los medios de comunicación. Así, el sórdido affaire de Bill Clinton con Monica Lewinsky no fue, para la prensa progresista, un "escándalo", sino un "asunto". Lo de "escándalo" queda, más bien, para abordar casos que afectan a gente que le cae mal a la prensa; y Gingrich, francamente, caía fatal a los progres.
 
¿Y por qué les caía tan mal? Pues porque, excepción hecha de Ronald Reagan, Gingrich ha sido el líder conservador más efectivo de las últimas décadas. Él fue el artífice de la increíble toma republicana de la Cámara de Representantes en 1994 (el GOP llevaba más de 40 años sin dominarla), y se encargó de sacar adelante el programa conservador que había dado tan descomunal victoria a los republicanos. He aquí una gran diferencia entre su Congreso y el siguiente, también en manos republicanas y recientemente repudiado por los electores.
 
¿Qué podemos decir de los "escándalos" de Gingrich? Según los medios, el más grave de ellos fue "el parón de la maquinaria de la Administración" como consecuencia de los recortes presupuestarios impulsados por el republicano. A juicio de sus enemigos, los recortes hicieron imposible que el Estado siguiera funcionando. El caso es que el presupuesto aprobado por la Cámara de Representantes presidida por Gingrich fue, en aquel entonces, el mayor de la historia de EEUU. Pero los progres entienden por "recorte" cualquier partida presupuestaria que resulte inferior a lo que ellos piden, por mucho que tal partida alcance niveles nunca vistos.
 
Bill Clinton pedía más dinero del que Gingrich estaba dispuesto a conceder, de modo que el presidente detuvo la maquinaria de la Administración y acusó a los republicanos de haber detenido la maquinaria de la Administración. Clinton sabía que podría contar con los medios progresistas para vender su burra en los telediarios y los programas de debate.
 
Bill Clinton.¿Y qué hicieron los republicanos? Pues defender su postura con declaraciones torpes a más no poder. Mientras los demócratas hablaban de que los "recortes" perjudicaban al hambriento y al oprimido, los republicanos se dedicaban a aventar discursos soporíferos en los que se comparaban las estadísticas de la Casa Blanca con las del Congreso.
 
Como era de esperar, Clinton y los demócratas se llevaron el gato al agua y a Gingrich se le puso como chupa de dómine: era un desalmado que negaba comida y refugio a los más necesitados.
 
Lo verdaderamente escandaloso de este asunto fue la incapacidad republicana para transmitir la verdad a la gente por medio de un discurso coherente. Por otro lado, los republicanos deberían haber sabido que no iban a ser los medios de comunicación los que desmontaran la retórica de los demócratas.
 
Gingrich volvió a incurrir en "escándalo" cuando infringió uno de los múltiples trámites burocráticos erigidos, supuestamente, para adecentar la política. Lo cierto es que la política no se ha hecho más transparente con la aplicación de dichas leyes, pero siempre hay alguien que tropieza con algún tecnicismo, lo que permite a los medios proveerse de "escándalos"; eso sí, siempre que el implicado no sea un político progre: en este caso no pasa de ser un "asunto".
 
Last but not least, Gingrich reconoció haber tenido una aventura extraconyugal. Al personal le dio por comparar esto con el "asunto" que se trajo entre manos Bill Clinton con Monica Lewinsky, pese a que Gingrich dijo la verdad en público y Clinton mintió mientras declaraba, bajo juramento, ante un tribunal que dirimía una demanda que se había interpuesto contra el por aquel entonces presidente de la nación.
 
Más de un hombre ha dado con una mujer irresistible cuando no debía. Ante una plétora de candidatos con hechuras de santo, esto podría descalificar de una vez por todas a Gingrich. Pero no parece que el panorama sea éste. Los conservadores que andan esperando que se manifieste el candidato de sus sueños podrían encontrarse con que, entre tanto, Hillary Clinton ha accedido a la Presidencia. Tal y como está el patio, Gingrich no parece, ni mucho menos, un mal candidato.
 
 
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