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Federico Jiménez Losantos

Eran tres naranjitos, y ya sólo quedaban…

Ciudadanos está desde junio entregado a la causa de presentar una moción de censura para derribar su propio Gobierno de coalición.

Federico Jiménez Losantos
Ciudadanos está desde junio entregado a la causa de presentar una moción de censura para derribar su propio Gobierno de coalición.
El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, fotografiado para Libertad Digital. | David Alonso Rincón

Ayer pude ver a Martínez Almeida en una cuidada producción de Génova 13 y haciendo lo que se supone que debería haber hecho hace días: defender esa asediada Comunidad de Madrid de la que él regenta la mitad. La película era breve y sencilla: recordaba lo que dijo Pedro 53.000 cuando visitó la Puerta del Sol hace una semana: que no venía a tutelar ni sustituir las funciones de la Comunidad, exactamente lo que ha hecho esta semana con la toma a coces por Illa 53.000 de la dirección de la lucha anti-virus, justo cuando las cifras de la Comunidad llevaban varios días mejorando. No me pregunto por qué hizo ayer el mini-film Almeida, sino por qué no lo hizo antes. Y si tiene que ver con la deserción de las comunidades del PP, que, cada una en su estilo, cobardón o puñalero, dejaron sola a Díaz Ayuso.

La pájara del PP

Creo que he visto a todos los líderes de la Derecha española, en muy distintos momentos, sufrir una de esas pájaras que dejan a los ciclistas sin oxígeno, descolgados de la carrera y a merced del coche-escoba, que los rescata o elimina. De Suárez en UCD y el CDS, a Fraga en AP, de Mancha, desolado en el Congreso y en Génova 13 a Aznar en el Caso Palop y tantos momentos de la lucha contra Felipe y Mario Conde, coche-bomba incluido. A Rajoy no le visto sufrir una pájara porque él mismo era una pájara, pero lo he conocido más persona en sus comienzos que estafermo en sus finales. Sin embargo, por mala que fuera entonces la situación de UCD, AP, CDS o PP, nunca fue tan mala como ahora. Ni siquiera aquel 11M de 2004, que es cuando Zapatero inaugura la tragedia nacional que quiere rematar Sánchez.

Es ahora, en pleno golpe de Estado institucional, cuando le ha dado la pájara a Casado; y no sólo a él como líder, que era el caso en casi todos los casos citados, sino a todo el partido, que parece cadáver insepulto o, como en el verso clásico, “presentes sucesiones de difunto”. No es el único: Ciudadanos como partido parece al borde la fosa y de su reencarnación vampirizada en agrupación del PSC. Sólo Vox parece vivo en este triste cementerio de ilusiones y proyectos en que se ha convertido el centro-derecha español. Vivo, pero podría decirse que está más solo… que Vox.

En realidad, la pájara del PP es tortícolis, por mirar demasiado a su derecha, a ver qué hace Vox. Como Vox hace vida solitaria, rancho aparte, el PP vive acalambrado, mirando lo que no pasa. Y en cambio no ve lo que sí pasa, pero a su izquierda, en ese campo de avena loca que es Ciudadanos.

Yo también sembré avena loca, orilla el Henares”, decía Azaña, en su vida primera de joven sin horizonte, entre la provincia triste y el Madrid agotador. Hace un año que nadie sabe qué siembra Casado, rodeado de un coro de almas pías y de los cadáveres del marianismo. Y hace un mes que nadie sabe qué dice el partido, por muchos portavoces mudos que nombre. Cuando se está en la oposición, musitar es enmudecer. Hay que gritar para hacerse oír. Y cuando se vive el asalto a las instituciones que en estos días aciagos padece España, a un partido que se dice nacional no le basta con gritar, debe pegar alaridos para despertar a los demás y también a sí mismo, sobre todo si está acostumbrado a sestear en vez de a luchar, como le suele pasar al PP, con la única y casi milagrosa excepción de Isabel Díaz Ayuso.

Yo no discuto la eficacia, aunque desprecie la moral, de la táctica que le funcionó a Rajoy: esperar a que la crisis económica vaya minando el poder del Gobierno y apague el griterío mediático de sus esbirros, mientras la gente vuelve sus ojos afiebrados al remedio antiguo pero probado del PP. Lo que no sólo discuto, sino que entiendo ciego, estúpido y suicida es creer que el régimen democrático español ha vivido una situación parecida en sus cuatro décadas largas de existencia. Las he vivido prácticamente todas en la platea de los medios de comunicación, que es un buen observatorio, y ni yo ni nadie que conozca cree haber vivido nada remotamente parecido. Bueno, sí conozco a uno: Pablo Casado. Y a su partido, que sigue pensando como si este Otoño pudiera esperar tranquilo al Invierno e incluso a la Primavera.

¡Santiago y cierra España!

Si cambia el campo de batalla, porque llueve y se embarra, o llegan refuerzos al enemigo, o hay un terremoto, o muere el mejor coronel de la caballería, o se rinde un ala de la infantería, o pasa, en fin, algo gordo, todo general debe cambiar de inmediato su táctica y modificar su estrategia. En otro tiempo y otras guerras podía apelarse a Santiago, Patrón de España, o a la Virgen del Pilar. Pero aquel grito de carga “¡Santiago y cierra España!” no significa, como creen algunos, que hay que cerrar algo y atrincherarse. Es justo al revés: “cerrar” era, en tiempos de la Reconquista, sinónimo de atacar cerradamente, es decir, sin reservas y decididamente al enemigo. ¿Es eso lo que hace el Partido Popular? ¿Es eso lo que cabe esperar del “giro a la moderación”, al “centro del centrismo”, o sea, a tumbarse a la bartola?

Incluso si no fuera así. ¿Cree el PP que sus mensajes de crítica al Gobierno llegan a la masa televidente, radioyente y lectora? No. El propio Casado se queja, y con razón, del cerco desinformativo del sanchismo. Se impone, pues, cambiar de táctica. Y si las circunstancias se agrían como se están agriando, es de sentido común cambiar de estrategia. En un caso, porque algo no funciona; en el otro, porque todo está patas arriba. Confieso que he perdido la esperanza de que Casado tenga la humildad de trabajar no en función de lo que es y cree que sabe hacer, sino de lo que debería ser y debe aprender. Sin la humildad de cambiar, es imposible ganar cuando ya pierdes. ¿Y alguien duda de que España va perdiendo? ¿A qué espera, por tanto, un líder y un partido españoles? ¿A comentarlo en el exilio francés?

Los diez naranjitos de Madrid

La tiranía de lo “políticamente correcto”, ha llevado a la editorial francesa que publicaba la famosa obra de Agatha Christie “Diez negritos” a cambiarle el nombre por “Eran Diez”. Espero que se hunda esa editorial. Pero no han cambiado la trama: diez personas aisladas van muriendo asesinadas sin saber cuál de ellos va matando a los demás. No desvelaré el truco, que es bastante tramposo, pero me vale el final de cada capítulo, en el que queda uno menos que en el anterior. Ciudadanos está desde junio entregado a la causa de presentar una moción de censura para derribar su propio Gobierno de coalición, porque Aguado, ay. no puede ser Isabel. Ya escribimos entonces que urgía convocar elecciones. El PP, como si nada.

El asalto a Madrid no tiene más función que desgastar a Ayuso y proporcionar una excusa para que tres o cuatro naranjitos se pasen al PSOE. Aguado ya lo ha hecho, quedan tres. Su amigo Reyero acaba de hacerlo, quedan dos. Abascal ya ha dicho que se debe ir a votar antes de que Aguado traicione a los madrileños. Pero eso ya lo ha hecho. Y su peón de brega, también. Sólo quedan dos naranjitos, y adiós, Madrid. Pues bien, aunque parezca increíble, en una situación de vida o muerte para Madrid y de lo que puede presentar la Derecha como modelo de sociedad frente a la Izquierda, lo único que estudia el PP es la evolución de las encuestas.

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