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VIAJE INCOMPLETO POR EL VALLE DEL TAJUÑA

Ambite

"Esta villa se llama Ambite, la causa por la que se llama asina no se sabe, por ser de mucha antigüedad", dice la Relación de junio de 1589, y la de diciembre añade que antes se llamó Ambiz. Ya entonces era "antigua de 400 años según las escripturas antiguas". Tampoco se sabía "cuándo ni quién la fundó ni quién la ganó a los moros".

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"De 50 años a esta parte se han aumentado los cincuenta vecinos, la causa ha sido por haber venido a esta villa vecinos de otras partes y ser lugar sano". La villa era "muy abundosa en fuentes", las casas estaban "edificadas a uso de aldea" y entre ellas destacaban "un edificio antiguo, que llaman la casa de arzobispo de Toledo, y [otro] que se dice castillo de la Querencia".
 
Eso leía antes de su viaje el viajero, en el Ateneo de Madrid, mientras se empeñaba en imaginar, con escaso éxito, el aspecto y la vida de aquellos vecinos que testificaban ante notario. ¿Serían buenos súbditos de Su Majestad, o anidaría en ellos el descontento y hasta la rebeldía? ¿Seguirían las enseñanzas de la Iglesia, o albergaría su espíritu la duda y aun la herejía? ¿Habría dado el pueblo emigrantes para América, una aventura tan arriesgada y difícil? ¿Se sentaría en la plaza, por las tardes, algún soldado de Flandes o de Italia a contar sus peripecias, o a inventarlas, a muchachos ansiosos de escapar de la estrechez lugareña? Todo ello pudo ser, y muchísimas cosas más, pero a ningún vecino se le ocurrió nunca registrarlas. La inmensa mayoría de los sucesos humanos ha quedado y quedará sin documentos.
 
Por el tiempo en que se editó el Espasa, Ambite alcanzaba los 763 habitantes, ni uno más ni uno menos, y tenía hasta fábricas de aguardiente. Hoy se conforma con trescientas y pico almas, si el viajero no ha entendido mal.
 
Felipe IV.El viajero sube desde el puente al caserío. Prosperidad medianilla en casas, calles y coches. En la plazuela de la iglesia han echado arena y unas vallas cierran parcialmente el paso. Habrán tenido alguna novillada. Unos críos juegan sin entusiasmo. El visitante sabe que el templo acogió un "espléndido mausoleo" de alguien que fue embajador de Felipe IV en Nápoles y en Londres; aunque el monumento ya no debe de estar. El viajero empuja la puerta, pero esta no cede. Hace años las iglesias permanecían abiertas casi todo el tiempo, y eso hablaba de tranquilidad y calma. Pero se acabó. Lo que llaman "calidad de vida" no incluye tales cosas. ¡Calidad de vida! La majadería encerrada en el concepto es tan profunda y definitiva que faltan las palabras que le hagan justicia, opina el visitante.
 
El opinante siente curiosidad, lo ha dicho ya, por una casa grande y fuerte que desde abajo le había parecido un monasterio, por más que ignoraba la existencia de alguno por aquellos parajes. Continúa, pues, su paseo aproximándose por un camino de tierra al caserón. Junto a un ángulo de él crece una de las encinas más altas, gruesas y hermosas que el viajero haya visto, hasta diría la más noble que haya visto nunca. Ante la puerta se abre una explanada, en parte ocupada por material agrícola. Sobre el muro, un escudo nobiliario que el recién llegado no sabe descifrar, seguramente tampoco tiene mucho interés en ello. Un portalón da entrada a un pasillo a cuyo final se vislumbra un patio que ha de ser hermoso, con una capilla señalada por una cruz.
 
 Viene un perro ladrando, y enseguida tres hombres y una mujer.
 
– Esto es una casa particular, una casa de campo.
– ¿No habrá sido un monasterio?
– No, un palacio. Era el palacio de un marqués, creo.
– ¿Sabe de qué época?
– Del siglo XVII. De principios del siglo XVII, tengo entendido.
 
Son corteses aunque no acogedores. Puede que les haya sacado de la siesta el visitante. Tampoco parecen muy enterados. En todo caso, es un hermoso palacio. El viajero sabrá que perteneció a los marqueses de Legarda, de los cuales uno hizo traer a Ambite, desde Madrid, el mausoleo antes citado, que contuvo los restos de don Alonso de Peralta y Cárdenas. Ahora el palacio ha pasado a una familia Madariaga, emparentada con la de los marqueses.
 
Desde la explanada el paisaje se extiende con una belleza suave, ya que no espectacular. La vega y las laderas contrastan sus colores, sus formas y sus curvas. Paisaje armonioso y variado, "a la medida humana", diríase.
 
En la villa, la hora despuebla las calles. Calor, voces de televisor despedidas por algunas ventanas abiertas. Al viajero le gustaría meterse en una tasca, amodorrarse y dejar transcurrir el tiempo, pero renuncia. Planea visitar Orusco esa misma tarde. Desciende nuevamente a la carretera, mirando el valle, un valle de siempre muy poblado. "Ningún otro río tiene en la provincia tantos pueblos a la lengua de sus aguas". "La mejor tierra de Madrid". "El río mejor aprovechado de la provincia". Así lo define Casiano del Prado, gallego como el viajero. Pese a ello, el panorama da una impresión muy rural, casi remota, alejada del ruido, la gasolina, las luces de colores…
 
Michel Foucault.Error. Camino de Orusco, al lado del río, se levanta un edificio con traza de haber sido molino o fábrica de harinas. Sea lo que haya sido, hoy es un centro para toxicómanos. Luego la modernidad ha entrado de lleno en un territorio que el observador superficial habría creído atrasado. Lo dijo Foucault: "Creo que las drogas deben llegar a ser parte de nuestra cultura". Un amigo del caminante le había contado una conversación con un pastor de cerca de Chinchón: "Yo no estoy contra las drogas", le dijo el pastor, "porque vi un debate en la televisión y no parecía que fueran malas". Foucault opinaba que había drogas buenas y malas "exactamente como hay buena música y mala música".
 
Que el país ha avanzado, da igual hacia dónde, lo revela el hecho de que un pastor pueda opinar casi como Foucault. Y hoy, para las generaciones jóvenes, la droga es parte de la cultura, parte del paisaje social, y siempre lo han conocido así. El viajero recuerda épocas en que nadie hubiera imaginado que los estupefacientes penetrasen en España como lo estaban haciendo en Europa. Y sin embargo, en contados años, ¡ya lo ven!, España ha dado en ese índice de modernidad sopas con honda a los países del norte, se ve que todo es cuestión de proponérselo. Las drogas llegaban con etiquetas de libertad, de rebeldía contra el sistema, de independencia juvenil, de progresismo. Los líderes juveniles de los partidos, entrevistados por la prensa, admitían su desinhibición, su ausencia de tabúes y prejuicios en este como en otros temas.
 
Ahí se levanta el centro para toxicómanos. El aislamiento no existe hoy día. Pretenden rehabilitar a los drogadictos. ¿Para qué? ¿Qué será de la cultura? El viajero va dando vueltas al tema.
 
Luego, entre los campos, una fábrica, parece que de moquetas. Luego, en lo alto, una ermita. El viajero deja sus pensamientos y duda. La ermita le parece vulgar y él sigue su camino. No sabe que tendrá que hacer un esfuerzo y volver a ella desde Orusco.
 
 
VIAJE INCOMPLETO POR EL VALLE DEL TAJUÑA: PEZUELA DE LAS TORRES - LA VENTA DEL COJO.
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