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CIENCIA

Astrólogos en la universidad

Antes de dedicarse a la investigación, el científico Geoffrey Dean, de la universidad australiana de Perth, creía en los horóscopos. Para que su caída del caballo fuera ejemplar, decidió regalar al mundo un experimento: durante varias décadas hizo un seguimiento de las vidas de 2.000 personas, la mayoría de las cuales había nacido el mismo día.

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Si los postulados de la astrología están en lo cierto, es decir, si la posición de los astros en el momento en el que nacemos condiciona el resto de nuestra existencia, las vidas de estos 2.000 individuos deberían haber seguido derroteros similares.

Los niños seleccionados formaron parte de un estudio médico, realizado en 1958, que pretendía detectar si las condiciones socio-sanitarias de nacimiento influyen determinantemente en la salud futura de la gente. Todos ellos nacieron en marzo, y su desarrollo fue objeto de un seguimiento exhaustivo. La actividad profesional, el estado civil, los niveles de ansiedad, la agresividad, la sociabilidad, el coeficiente intelectual; las habilidades que mostraban en materia de creación artística, deporte, matemáticas, lectura: todas estas cosas pueden ser susceptibles de influencia astral, según los creyentes en la astrología; y todas ellas fueron sometidas a análisis.

Pues bien, los investigadores australianos no detectaron una sola similitud entre estas 2.000 personas, que, astrológicamente hablando, deberían ser gemelas. Los resultados, por supuesto, provocaron el pánico en algunos astrólogos. Así, el presidente de la Asociación Británica de Astrología advirtió de que debían tomarse con "extrema cautela", y acusó a Dean de haber perseguido solamente el descrédito de sus antiguos compañeros de viaje. Otros astrólogos eminentes quisieron resaltar que el estudio era "simplista, selectivo y tendencioso".

Algo similar han debido de pensar en el Rectorado de la Universidad de Alicante. Si no, no se explica la decisión de permitir que en sus doctas dependencias se celebren las Jornadas Astrológicas de la Sociedad Española de Astrología, este mismo fin de semana. Allí se darán cita "eminentes" astrólogos nacionales e internacionales, y se celebrará la Asamblea General de dicha sociedad; que, digo yo, tratándose de astrólogos, no durará mucho: en lugar de balances y presupuestos, tirarán de las cartas para saber el futuro de la organización.

No es cosa de broma. La Universidad española, el templo de la ciencia y la razón, vuelve a caer en las redes de la sinrazón paranormal. Y digo "vuelve" porque por internet circula una Lista de la Vergüenza que contiene otros sonados ejemplos de penetración del pensamiento anticientífico en las Aulas Magnas.

Que una reunión de astrólogos sea acogida en el alma mater del saber científico es tan desesperantemente absurdo como si el Círculo de Ateos celebrara su convención anual en la catedral de Burgos. Y estremece pensar los motivos de tamaño desatino. No sé qué prefiero: que el Rectorado ni se haya enterado porque no sepa qué pasa y que no pasa en su universidad, o que haya dado su visto bueno como muestra de su apoyo a una suerte de alianza de civilizaciones entre la ciencia y la pseudociencia. Porque si la ignorancia dolosa es mala, la tolerancia cobarde es peor.

A España le va a costar sudar tinta el colocar una universidad entre las 100 mejores del mundo. La de Alicante, si es que optara a ello, va a partir con desventaja, porque la medalla de hojalata que se acaba de colgar pesa un quintal. Aún está a tiempo de reparar el desaguisado; por ejemplo, incluyendo en sus programas docentes una asignatura transversal de defensa de la razón frente a la superchería horoscopera, o explicando los millones de argumentos científicos que desde hace siglos han venido separando el destino de los hombres de los bellos dibujitos aleatorios que las estrellas parecen pintar en el cielo. Meras ilusiones ópticas que han confundido, esta vez, a la eximia institución académica.

 

http://twitter.com/joralcalde

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