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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Belenistas y cantaores de villancicos, ¡uníos!

Estas Navidades van a ser ligeramente distintas de todas las anteriores para muchas familias españolas. Pero no se preocupen. Zapatero ya ha ordenado a la economía que se reactive de forma inmediata y los sindicatos, que de esto saben bastante, lo apoyan. Así que perdonemos el pavo de hoy por el caviar de mañana y dispongámonos a celebrar un bonito solsticio de invierno.

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Los socialistas son como son y no vamos a hacerles cambiar ahora. Su querencia por la prohibición de todo lo que su atolondrada ideología condena lleva aparejado un evidente frenesí por disfrutar en abundancia de todo lo que desaconsejan a los demás, y eso es algo francamente divertido.

Así, podemos ver a honrados luchadores por un mundo más justo que se dejan a diario los cuernos luchando contra el capitalismo y su avatar, el consumismo irracional tan típico de la Navidad, saliendo de las tiendas de delicatessen con varias botellas de champán francés y unas cajitas de madera que anuncian los manjares que llevan en el interior. Yo apostaría a que no son para destrozarlas en un ritual comunitario anticapitalista de denuncia del consumismo, sino para zampárselas y además en privado, no sea que los kolegas se apunten al gorroneo como si fueran unos vulgares cuñados y haya que redistribuir una riqueza que, evidentemente, no les corresponde.

Y es que en estas fechas sólo los banqueros y los revolucionarios van a poder entrar en esas tiendas exclusivas para hacer honor a la tradición navideña en materia gastronómica. Los primeros porque para eso son banqueros y en tal condición el gobierno les mete a espuertas el dinero que nos quita a los demás, y los segundos por... exactamente lo mismo.

Leire Pajín.Es sorprendente que haya todavía algún ser humano que crea sinceramente que la izquierda es el ideal de la austeridad y un ejemplo de lucha por los más desfavorecidos, pero cada uno cierra los ojos ante la realidad que no le conviene, y si no que le pregunten a Zapatero. El PSOE, dirigido sabiamente por la célebre Leyre Pajín, está celebrando estas entrañables fechas de la forma en que cualquier proletario espera que lo hagan sus referentes morales: organizando comilonas en hoteles de cinco estrellas y barra libre en los locales de moda de la capital, no sea que venga la revolución y les encuentre sin fuerzas.

¿No dicen que son superlaicos? ¿No han dicho ya que quieren acabar con cualquier símbolo religioso? Pues entonces dejen esto de la Navidad a los capitalistas vocacionales (que no de hecho, por desgracia, como en mi caso) y a los ultras católicos, a los que nos encanta poner el Belén, hacer regalos y comprar cien gramos de gamba fresca en la mañana de Nochebuena para comerla esa noche diez minutos antes de que llegue el cuñado gorrón, que por cierto siempre se adelanta diez minutos, como si llevara un radar de marisco integrado en el duodeno para llegar justamente en el momento en el que menos quieres verle la jeta de todo el año.

Lo que deberían hacer los rojos es redistribuir el dinero de las arcas públicas que reciben en el mes de diciembre entre los que tienen motivos para celebrar la Navidad. Entre ellos el incipiente Sindicato Obrero de Belenistas y Cantaores de Villancicos, que pienso poner en marcha de cara al año próximo con el fin de recibir abundantes subvenciones para implementar programas de concienciación ciudadana sobre el carácter revolucionario de los pastores de Belén, oprimidos entonces por el centralismo romano. Todo ello por supuesto desde una "perspectiva de género", para que Bibiana nos suelte otro pastón.

Pero el principal objetivo de este Sindicato Obrero de Belenistas y Cantaores de Villancicos, al que hay que sacrificar cualquier otra estrategia, es tener al menos un liberado sindical para diciembre de 2010, mayormente yo. Espero que no les moleste: total, uno más...
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