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CHUECADILLY CIRCUS

Cómicos en el Gulag (o Zerolo en Riad)

El mayor problema de los intelectuales y artistas es su vanidad. "¿Qué me importa a mí el Gulag, mientras el Estado me pague el teatro?". Así pensaba Vsevolod Meyerhold, niño mimado de la escena rusa en los últimos años de Nicolás II. Tras la revolución bolchevique, al dramaturgo le faltó tiempo para cambiar de chaqueta y afiliarse al Partido, y a Stalin para enviarlo a la muerte en 1940, o sea, cuando estaba en vigor su pacto con Hitler, algo así como la coalición electoral del PSOE con los islamistas en Ceuta y Melilla pero a lo bestia. Una cosa es que te den morbo los moros, y otra acostarte con el sobrino de Jomeini. Más que mariprogres, marisuicidas.

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Disfruto de la interpretación del argentino Eduardo Pavlovsky –no confundir con Ángel Pavlosvsky, el genial transformista– en Variaciones de Meyerhold, presentada la semana pasada en la Sala Triángulo de Madrid, y me acuerdo de algunos españoles a los que les ocurrieron cosas parecidas durante el franquismo, por no aludir a los neo-anticastristas.
 
Gracias a Dios, muchos vivieron para contarlo, relataron los horrores y se arrepintieron de sus errores. Los más se excusan alegando ignorancia, bisoñez e inconsciencia, algo que en algunos casos es verdad y en otros no tanto. Y una pequeña minoría afronta su pasado tal como fue y pide perdón. Pavlovsky prefiere salirse por la tangente y apelar a traición de los burócratas a la auténtica revolución, la de Lenin y Trotsky. Curiosa memoria selectiva.
 
La obra tiene algunos toques de humor, aunque en general resulta bastante trágica. Meyerhold se pavonea de sus logros, su prestigio y su influencia en la Unión Soviética y se olvida del éxito que alcanzó en tiempos del zar. Supongo que para justificar su apoyo al totalitarismo el patético creador, reducido a plañidera arrodillada a los pies de Molotov para implorar clemencia, nos cuenta lo que una vez le dijo su madre: "Hijo, serás un genio y también un ingenuo". Con sus Variaciones, Pavolovsky pone, tal vez sin quererlo, el dedo en la llaga de tantos titiriteros ingenuos convertidos en cheerleaders de los grandes tiranos del mundo. Más de uno habrá de darse de bruces y ver las estrellas antes de darse cuenta, y ni aun así rectificará. Lo confirman en sus respectivas memorias el mago Jodorowsky y el duende Boadella: entre su complejo de inferioridad, su altanería y su fatuidad, algunos actores resultan insufribles. Lo peor es que los demás tengamos que aguantarlos.
 
Y si algunos faranduleros son insoportables, lo de Zerolo y su "extrema derecha europea" para referirse al Partido Popular resulta simplemente delirante. Muy bien lo tiene que estar haciendo Rajoy para que Hazte Oír denuncie, vía e-mail masivo, el supuesto compromiso del gallego con el lobby gay por apelar a los dictámenes jurídicos, y no a Satanás, en su oposición al matrimonio gay, mientras que el establishment se dedica a retratarlo como si fuera el Mussolini barbudo. Se puede estar en contra de la ideología de género, denunciar los abusos cometidos contra los católicos e incluso repudiar la redacción de la ley de matrimonio gay y el horror de Educación para la Ciudadanía sin ser carlista ni apellidarse Arsuaga (para decir chorradas ya tenemos a Pepiño Blanco).
 
Mariano Rajoy.Ya era hora de que el PP formulase su propia alternativa, liberal y laica, que no laicista, a las locuras de ZetaP sin subcontratar los servicios del peculiar Aquilino Polaino y sus colegas, empeñados entre otras cosas en que a Fede lo echen de la Cope –¡qué manía!–. También en esto el PP está enmendando errores pasados. Sólo falta que traduzca su promesa de que los niños puedan ser educados en su lengua materna en alguna medida concreta (haberlas haylas, y sin invadir competencias de las CCAA) para que algunos nos pasemos de la ópera al vallenato.
 
En cuanto a Zerolo, sus alaridos contra el ultraderechismo de Mariano (supongo que también el de Merkel, Sarkozy y hasta Carla Bruni) veinticuatro horas después de que su partido, presuntamente moderno y anticlerical, sellase una alianza con los islamistas en Ceuta y Melilla es peor que una broma de mal gusto. Una impostura mayor que las de Kim Philby, aquel espía de la KGB que con la mano derecha acariciaba el lomo de Churchill y con la izquierda marcaba el número del Kremlin. Si ya lo dijo Stalin: "Para mí, hasta el rey de Afganistán es objetivamente revolucionario".
 
Algunas mariprogres, que no parecen haber pasado del Padrecito de Todas las Rusias (¡y qué mal lo disimulan!), son aún peores, pues van por la vida, en plan acróbata, moviéndose entre La Habana y Teherán. Yo no creo que, pongamos por caso, el presidente del Yemen sea "objetivamente revolucionario", sino más bien objetivamente deleznable. Ya me gustaría a mí poseer la flexibilidad de los zerolistas, aunque de momento me conformo con saber dónde tengo la cabeza y dónde lo otro, y no confundir la razón con la testosterona.
 
Qué tendrán Mohamed VI, cuyo segundo pasatiempo favorito consiste en mandar homosexuales a la cárcel (las malas lenguas dicen que el primero es mandarlos, pero a otro sitio), y el melillense Mustafá Aberchán, que insulta a los musulmanes que no le votan y estuvo en Afganistán socorriendo a los muyahidines, que no tengan los obispos. ¿Cuestión de sedas y brocados? ¿O quizá de metralletas? Aliarse con partidos religiosos y luego poner verdes a los eclesiásticos por ejercer su libertad de expresión –otra cosa son los cuatro freakies del nacionalcatolicismo, espeluznante mezcla de derecha ultramontana e izquierda reaccionaria– es como pasarse del buen vino al güisqui de garrafón, que no aprovecha ni a las ratas. En fin, que a Z sólo le queda meter a Ahmadineyad en las listas, aunque para eso ya está Llamazares.
 
Juan José Imbroda.Acosado por estas terribles disquisiciones, paseo por Fitur y, como no podría ser de otro modo, me acerco al pabellón de ese dichoso pedacito de África en España, como escribiera Matthew Parris. Es el Día Grande la ciudad, y ahí esta, firmando y saludando, su presidente y senador nacional, Juan José Imbroda.
 
Juanjo es una de las estrellas de Webislam, donde día sí y otro también los que firman a favor de ZP sin que nadie se queje por ello se dedican a llamarle de todo menos bonito. El señor no es precisamente un pibón, aunque si de buenos mozos se trata, a mí me bastan el equipo de Rugby de Francia y los curas del calendario romano. Lo que sí posee es buenas ideas, como la de convertir Melilla en un centro de ocio, comercio y finanzas que haga de polo de desarrollo para la región marroquí circundante, y un proyecto intercultural alejado del jaleo multiculti de los progresistas. Así, en su equipo de gobierno hay cristianos, musulmanes y judíos, y hasta la fecha ni le han organizado una intifada ni se han encaramado a ninguna Masada.
 
Melilla proporciona dos senadores, imprescindibles para apuntalar la probable mayoría popular en la Cámara Alta. ¿Irá Rajoy?
 
Abría con la complicidad de algunos artistas y celebridades con el totalitarismo y cierro con el jubiloso compromiso de otros con la decencia y la libertad. Estoy pensando, sin ir más lejos, en el cineasta Iñaki Arteta, el ciclista Pedro Delgado y la directora de orquesta Inma Shara, que acudieron a la entrega de los premios Españoles Ejemplares, que otorga la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes). Entre los galardonados, José María del Nido, presidente del Sevilla FC, y Carlos Herrera, al que cada día se le notan más las largas horas que pasa en el gimnasio mientras sus tertulianos se tiran los trastos a la cabeza vía RSI. También los vascos Regina Otaola y Ricardo Benedí. Un acto bello y emotivo que contó con el glamour enfundado en negro riguroso de Cristina López Chichi y la simpatía de Alejo Vidal Quadras, hábil conductor de carritos de bebé por las calles del centro de la capital.
 
Los interesados en contribuir al sostenimiento de Denaes, una auténtica iniciativa desde y por la sociedad civil, pueden pinchar aquí.
 
Me sobran motivos para creer en Santiago Abascal y en José Imbroda, y ninguno para fiarme de la alianza de Zerolo con la Media Luna. Parafraseando a Camus, citado por Luis Antonio de Villena en La felicidad y el suicidio: "Il n'y a qu'un problème psychologic vraiment serieux: c’est le suicide". Se puede ser bizarro y decadente, pero no gilipollas.
 
 
Enquire within: chuecadilly@yahoo.es
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