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CRÓNICA NEGRA

La panadera de Mataró cortaba el cuello como el pan

Hay una figura delincuente que tal vez comenzó en Madrid cuando una mujer de mediana edad comenzó a visitar ancianas solas en sus domicilios. Las localizaba llamando al telefonillo o preguntando en la vecindad. Hacía como que les llevaba cosas para vender, como ropa o manteles, cortinas o abalorios.  

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El caso es que cuando sabía que era una señora mayor sola, la agredía, la golpeaba con saña y la dejaba inconsciente. Luego buscaba por toda la casa, joyas y dinero, objetos valiosos. Poco a poco fue descubriendo lo lucrativo del negocio. A veces se le iba la mano y le iba cogiendo el gusto a darles fuerte en el cráneo o en el pecho. Algunas quedaban muertas.

La policía tardó algún tiempo en darse cuenta de que estaba ante una asesina en serie. Ahora solo tenía que probar que había matado a tres, con un periodo de descanso entre medias, en el que perfeccionaba la técnica. Y era exactamente así: ya sabía dónde estaban las mujeres más vulnerables, cómo poner la mejor voz para que le abrieran, y de qué forma encantadora pedir un vaso de agua para que volvieran la cara, justo en el momento de golpearlas.

En Mataró ha sido detenida una panadera por haber supuestamente degollado y apuñalado a una mujer de ochenta años, Conchita, una de esas mujeres mayores con buena situación económica y buena salud que se van quedando solas y aisladas en el tejido social.

Resulta que cinco días antes otra señora había sido hallada en parecidas circunstancias, y la ahora detenida tenía la llave de su casa, le hacía recados y le daba el desayuno en su panadería. Aunque el sumario está bajo secreto, se ha filtrado que la detenida llevaba joyas puestas que pertenecían a alguna de sus víctimas, y su manera de proceder coincide con lo encontrado en otros casos, igualmente misteriosos, de homicidio, que apuntan también a una asesina en serie.

En Mataró hay al menos una mataviejas, una asesina de ancianas que, de ser la citada panadera, podría decirse que cortaba el cuello como el pan. Este tipo de nuevo delincuente confirma la sospecha de que las asesinas en serie son tan naturales como los asesinos de lo mismo, y a veces actúan por idéntico motivo.

En este caso hay llaves que investigar que podrían ser de domicilios hollados, violados y poblados de cadáveres. En las calles de Mataró se moría de EPOC el Arropiero, el más feroz asesino serial de la historia de España. Hay lugares que por su composición social atraen a los criminales. Tal vez ahora, en Mataró, hay superávit de ancianitas encantadoras con posibles, que llevan una vida alegre y confiada. A su alrededor cierra las mandíbulas el lobo.

Como los cargos políticos no son ya aquellos que se sentían responsables de la seguridad de sus ciudadanos, pueden caer en la tentación de no investigar a fondo, sino simplemente hacer que pase pronto la preocupación en la ciudad y mirar para otro lado, mientras los viejos tiemblan a solas en las madrugadas friolentas o se mueren de miedo en el silencio de la noche.

Lo ancianos abandonados a su suerte confían enseguida en quienes les regalan una sonrisa o una palabra cortés. Con mayor motivo, a vecinos que se vuelven contra ellos, como podría ser el caso que se investiga, la panadera, que primero se ganó la confianza y luego atacó y robó a sus víctimas, quitándoles la vida, según supone la hipótesis más fiable.

Las asesinas de ancianas suelen ser brutales, matan a golpes. En esto influye ya la tendencia del criminal que no se conforma con lucrarse sino que le saca diversión al trabajo. En el caso que nos ocupa, las dos muertes comprobadas fueron crueles, resolutivas, llenas de mamporros y humillación. La policía investiga si la presunta asesina actuó sola. En su pasado han encontrado hurtos y conflictos, incluso algún intento de suicidio. En la actualidad, su economía parecía boyante, pero tal vez no pudo resistir el arrebato de aumentar el patrimonio a la vez que se sentía dueña del mundo. Matar a un anciano indefenso debería estar doblemente penado.

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