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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Los hombres de negro ahora visten de gris

Tengo un gran aprecio por el ministro Cristobal Montoro, porque es de esas personas que, nada más nacer, obligan a la matrona a decir a la feliz mamá: "Señora, ha tenido usted un subsecretario". Y no hay nada más serio en España que pertenecer a ese ilustre cuerpo de la Administración.

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Pero ese afecto que le tengo no se ha visto precisamente acrecentado con su dudosa elección de un símil cinematográfico –Los Hombres de Negro– para caracterizar a los interventores de la Troika, en último término otros tres subsecretarios.

Los Hombres de Negro, popularizados por la saga Men in Black, son esos tipos salidos del submundo de los creyentes en los ovnis y las energías cósmicas que borran las pruebas de que los extraterrestres están entre nosotros. Según los fans de Iker Jiménez –los de JJ Benítez están en otras conspiraciones más alocadas aún–, la vasta maniobra illuminati-reptiliana necesita esbirros sin escrúpulos para mantener a la humanidad en ese estado de adolescencia permanente que le impide dar el salto cuántico profetizado por los mayas.

Bien, ¿y qué tiene que ver eso con que tres subsecretarios procedentes del FMI, el BCE y el Consejo de Europa vengan a España a purgar las cuentas públicas y adecentar las bancarias? Nada. Absolutamente nada. Es más, entre esos tres subsecretarios ni hay ningún hombre de color, como sí ocurre en la producción hollywoodiense. Pero es que, encima, los tres burócratas que eventualmente vendrían a poner orden y vigilar la aplicación de los fondos procedentes del rescate financiero visten de gris, como corresponde a su condición de chupatintas de la parte alta del escalafón, con lo que la comparación cinematográfica pierde mucha verosimilitud.

Sólo hay una semejanza entre los hombres de negro de Hollywood y los hombres de gris de Bruselas, y es el miedo cerval que despiertan entre sus víctimas, ya sea un grupo de campesinos del Medio Oeste norteamericano que cree haber visto un marciano o el Consejo de Ministros de España en pleno cuando sospecha haber detectado un brote verde en nuestra economía.

Caricaturizar a los gestores del rescate financiero de España es una forma de conjurar el miedo que provocan entre los políticos intervenidos, pero a la gente normal, que bastante tiene con llegar a fin de mes, lo cierto es que le da igual cómo se vistan los que vengan a resolver el carajal.

Ahora que parece que la amenaza del rescate se debilita, los políticos hacen gracietas; pero en las dos últimas semanas no tenían ánimo para ponerse chistosos ante unos acontecimientos que presagiaban una catástrofe. Una catástrofe para ellos, claro, para los políticos, porque en lo que respecta a los contribuyentes españoles tal vez no habría sido mala solución que alguien de fuera se encargara de hacer algunas de las cosas que nuestra casta lleva postergando desde hace treinta años, lustro arriba lustro abajo.

El Gobierno tiene intervenida su capacidad de maniobra en materia económica, las cajas están quebradas, las comunidades autónomas más aún, y de lo que se trata es de que los que disponen de fondos rescaten a todo el mundo menos a los ciudadanos de a pie, que tenemos que rescatarnos solos y, de paso, salvar a las instituciones creadas por la casta de su triste condición.

Lo peor de todo es que los mismos que nos han llevado a la ruina no tienen la menor intención de asumir sus responsabilidades. Intentarán contemporizar hasta que escampe trincando las indemnizaciones abusivas que ellos mismos se pusieron cuando aceptaron su cargo y en cuanto la economía se recupere un poco volverán a hacer exactamente las mismas golfadas que nos han llevado al desastre.

Como los hombres de negro –o de gris, que tanto da– no traigan el bolígrafo estroboscópico para que las víctimas olvidemos a los culpables de tanta canallada, antes de que escampe la crisis puede escaparse algún pescozón. Y aquí no habrá especialistas para sustituir a los actores como en las películas de acción que tanto gustan a Montoro.


twitter.com/PabloMolinaLD

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