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PANORÁMICAS

Las diez pelis del 2010

No fue un año cinematográficamente muy bueno el que se acaba de ir. Hay una carestía de ideas originales y de planteamientos poderosos. Demasiado entretenimiento de bajos vuelos y muy poca osadía. Los viejos maestros están cansados y los nuevos, también.

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Son tiempos pequeños, sin voluntad de grandeza y, mucho menos, trascendencia. Serán pocas las películas que pasen a la historia, que queden para públicos de todos los lugares y, sobre todo, de todos los tiempos.

De todos modos, sí que destacaremos algunos títulos. Estos:

1. Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia

En una palabra, esperpéntica. Pero es que los tiempos que retrata, 1937 y 1973, también lo eran. Un par de payasos enamorados de una trapecista que vuela sin red, un padre que exige venganza, Francisco Franco haciendo de payaso piadoso y los etarras que procuraron un triple salto mortal a Carrero Blanco, de payasos siniestros. Es como si Darío Argento hubiese dirigido Trapecio –la de Burt Lancaster, Tony Curtis y Gina Lollobrigida– con un guión de Valle Inclán. Sólo por ver a Santiago Segura cargarse a machetazos un regimiento franquista y a Carolina Bang hacer honor a su apellido vale la pena gastarse los euros.

2. La vida sublime, de Daniel V. Villamediana

Aunque la estrenarán en febrero, se batió el cobre durante todo el año 2010 en distintos festivales. Esta lista me sirve para recomendarla y para señalar que, junto a la de Álex de la Iglesia, la carrera de Villamediana es una de las más coherentes y atractivas del cine español. En sus diferentes trayectorias, ambos hacen un cine inserto en la tradición cinematográfica española, vía Buñuel y Berlanga en un caso, vía Erice en el otro. Como escribí aquí mismo:

El peligro de una película así es saber contar con lirismo una historia épica. De manera íntima abrir a espacios inmensos. Con la imaginación sustentar una versión posible de la realidad. Y el peligro queda conjurado como una gran oportunidad del cine español que es aprovechada.

3. Two lovers, de James Gray

Entre tanto desastre económico-social, al menos se estrenó, con solo dos años de retraso (los cines también se hunden), una obra maestra del amor fou, una película que al instante se convirtió en un clásico contemporáneo de la locura de amar. Hitchcockiano juego de ventanas indiscretas, cámaras espías y encoñamientos rubios... El arte nos salvará (o al menos nos hará más llevadero el infierno).

4. En tierra hostil, de K. Bigelow       

La señora Bigelow no solo osó enfrentarse al todopoderoso Avatar de su ex marido James Cameron, sino que despertó las iras de la izquierda intelectual (perdón por lo que ya casi es un oxímoron): que alguien como Fernando Trueba malhablase de "detestable (...) propaganda sucia (...) película de tiritos" casi la honra más que los Oscar que le cayeron. Los cuates ideológicos del español hace años decían exactamente lo mismo de las películas de John Ford.

5. Teniente corrupto, de Herzog

Un síntoma de que las cosas no andan bien en el mundo intelectual es que todo tiene un aire de familia, cuando no de déjà vu. Sin embargo, Herzog consigue insuflar una vida diferente al teniente corrupto con el que el tándem Abel Ferrara-Harvey Keitel maravilló hace años. Ahora es Nicholas Cage el que encarna al atormentado madero en la línea de sombra, enfilado hacia el corazón de las tinieblas. La buena (en todos los sentidos) Eva Mendes trata de enmendarlo, pero para el malo de Herzog (en unos cuantos sentidos) no se han inventado los finales felices.

6. Déjame entrar, de Matt Reeves

Otra película versionadora, esta vez de una cinta sueca. Era imposible mejorar el original de esta historia líricamente siniestra de niños vampiros, y el camino elegido por Reeves de metáfora política a propósito de la presidencia Reagan conducía al desastre. Pero la nieve y la sangre hacen muy buena pareja cinematográfica, así como el amor y el sacrificio. Película perversa y surrealista por antonomasia.

7. Uncle Boom recuerda sus vidas pasadas, de A. Weerasethakul

El tailandés se ha hecho famoso en España sobre todo por las diatribas que, Festival de Cannes tras Festival de Cannes, le inflige Carlos Boyero desde las páginas de El País. El crítico de Prisa se aburre más con una peli del tailandés que Cristiano Ronaldo leyendo la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Y la comparación no está hecha al azar. Realmente esta película de fantasmas en mitad de la selva comparte con la filosofía de Hegel el fondo romántico y la forma críptica y esotérica.

8. Imparable, de Tony Scott

Nadie filma tan lento como Apichatpong Weeresehtakul, cuyas películas se hacen tan largas como lo es su nombre. Nadie filma tan rápido como Tony Scott. Y no crean, al hierático director tailandés le encantan las películas hollywoodienses de desastres. Les recomiendo una sesión doble de Uncle Boom... y la última del gran hermano pequeño de Ridley. Como me escribió Alvy Singer en Facebook, "cine de izquierdas (inteligente y no demagógico) con orgullo workingclass".

9. La red social, de David Fincher

Inevitablemente, salió en esta reseña Facebook. Ha sido, lo ha dicho Time, el año de Mark Zuckerberg, ese genio, ese cretino. Brillantísimo guión de Aaron Sorkin, el mago de El ala oeste de la Casa Blanca, es la película de aroma más clásico de todas las grandes estrenadas, y la más adecuada para uno de esos cines-clubes que se hacían antes, con debate posterior.

10. Un tipo serio, de los Cohen

Me faltaba una comedia para finalizar este top ten. Y me ha salido una comedia triste en consonancia con ese año mediocre del que por fin nos hemos librado. La muy inteligente y judía –perdón de nuevo, esta vez por la redundancia– parodia de una familia judía por parte de los judíos Cohen. Ni una sola risa pero sí muchas medias sonrisas para esta versión caritativa de un Homer Simpson circuncidado, un Juan Nadie de la sinagoga, un pobre Job al que el mundo, es decir sus allegados, machacan sin prisa, sin pausa.

Otras películas que he disfrutado han sido Film Socialism, de Godard; Poesía, de L. Chan-dong; Philip Morris, te quiero, de Ficarra y Requa; Un profeta, de Audiard; An education, de Lone Scherfig. También me parecieron interesantes, aunque sobrevaloradas, La cinta blanca, de Haneke; Shutter island, de Scorsese; Copìa conforme, de Kiarostami, e Inception, de Nolan.    

¡Que lo disfruten! Yo sé que ustedes saben a qué me refiero.

 

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