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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Nene, tú métete en política

La gravedad de esta crisis y la certeza de que no la vamos a superar en al menos un lustro ha provocado una mutación metafísica en las madres de España con hijos veinteañeros.

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Si el consejo tradicional a los jóvenes era que estudiaran y no se metieran en política, ahora pasa todo lo contrario. Visto el panorama actual, las mamás ya no sueñan con ver a sus hijos en una plaza de funcionario. Ahora los quieren colocados de concejal, aunque sea de Festejos y Nuevas Tecnologías.

La política, en sus distintos niveles, es un terreno propicio para la colocación laboral que además exige poco esfuerzo intelectivo, como es público y notorio. Cualquier joven a medio alfabetizar goza de grandes oportunidades para encontrar un puesto de trabajo ahí, a poco que sepa jugar bien sus cartas en las estructuras de una de las dos grandes formaciones, las agencias de contratación que mayor número de plazas convocan y en las que más fácil resulta medrar.

Si los papás son afiliados al PP o al PSOE, el chico tiene parte de su camino recorrido, ya que la pertenencia a un clan familiar caracterizado por la lealtad a unas siglas puntúa mucho. Pero si ustedes, padres preocupados por el futuro de sus criaturas, no han formado parte jamás de un partido político no se preocupen demasiado. Es una dificultad que se puede superar, aunque sus hijos tendrán que estar preparados para comprometerse con el PP o el PSOE en cuanto cumplan la edad mínima para hacerse el carné de la organización juvenil respectiva.

Ahí, en la Sub 21 del partido socialista o en la del popular, que eso es lo de menos, es donde el niño tiene que comenzar mostrar las virtudes que han de proporcionarle en el futuro un puesto de trabajo en inmejorables condiciones: docilidad perruna, falta de escrúpulos, talento para identificar a los líderes, disposición para el halago y facilidad para la traición.

Las oposiciones, vehículo tradicional para acceder a un puesto de trabajo fijo, han perdido el glamour de tiempos pasados. Se convocan pocas plazas, la perspectiva es que sean todavía menos numerosas en el futuro y, por si fuera poco, para aprobarlas hacen falta muchas horas de estudio y cierta capacidad de sacrificio, dos aptitudes erradicadas del sistema educativo y que resulta complicado adquirir esos hábitos bien entrada la veintena.

El mundo de la política, en cambio, ofrece un abanico de oportunidades lo suficientemente amplio para que cualquier joven, sea cual sea su coeficiente intelectual, pueda hacerse con una de las cientos de miles de plazas a disposición de la casta.

Tan es así, que hoy resulta raro encontrar a algún miembro destacado de las organizaciones juveniles de PP y el PSOE que no esté trincando 3.000 pavos mensuales, mínimo. El que no es concejal con sueldo es diputado autonómico, asesor de un alto cargo o directivo de una empresa pública, engendro ruinoso utilizado por la casta para dar cabida a las demandas de empleo entre sus afiliados pata negra, cada vez más acuciantes, dada la ruina que padecemos.

El desempeño laboral es irrelevante porque para eso ya están los funcionarios. Los cargos políticos –es decir, los nombrados por los políticos sin necesidad de concurso o examen– están para seguir trabajando en tareas de partido a tiempo completo, pero trincando un sueldazo de campanillas a cargo de los administrados.

Normal que las mamás, siempre dos pasos por delante del resto de la humanidad, prefieran hoy para sus retoños un buen enchufe en la política como primera opción laboral. Se trabaja poco, se gana mucho y aunque el nene sea algo retrasadito tiene la plaza asegurada para toda la vida, porque la casta ha depurado tanto su técnica, tras treinta años de trinque continuo, que tres meses antes de cambiar el gobierno en la administración de que se trate todos los eventuales se convierten por arte de magia en funcionarios y ya no se les puede echar.

Jóvenes y jóvenas: hagan caso a sus madres y métanse en política. No lo lamentarán.


twitter.com/PabloMolinaLD

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