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Al Qaeda en Afganistán

Al Qaeda no arruinó Afganistán. Fue la consecuencia casi inevitable de un país echado a perder, arruinado política y socialmente y dejado de lado.

GEES
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Pese a lo que a veces se repite, Al Qaeda no arruinó Afganistán. Fue más bien la consecuencia casi inevitable de un país echado a perder, arruinado política y socialmente y dejado de lado. Algo a lo que no fue ajeno Washington: con la derrota de la Unión Soviética, los Estados Unidos dejaron de interesarse por un país en el que habían invertido tiempo y dinero en una lógica de Guerra Fría. El cortoplacismo impidió pensar en el futuro, y las miradas se desviaron pronto a Moscú e Islamabad, grandes actores regionales y globales. Baste señalar como ejemplo que ni siquiera se mantuvo una embajada en Kabul, y eso que, a su manera, EEUU se contaba entre los vencedores. "Rusos fuera, misión cumplida", se pensó entonces, algo que suena demasiado al "Ben Laden muerto, misión cumplida" de hoy.

La derrota rusa puso en marcha una nueva lucha por el poder. En aquella época Afganistán parecía muy lejano y nadie se preocupó de evitar que los talibanes fuesen, poco a poco, laminando a grupos rivales que podrían ser menos problemáticos para Occidente. Y ocurrió lo inevitable: triunfó una joint venture del terror entre talibanes, señores de la guerra... y la red de Ben Laden.

Pero Al Qaeda no había creado el caos en el país, ni lo importó. Simplemente utilizó un entorno, desestabilizado y propicio –que, eso sí, tan bien conocía Ben Laden–, para instalarse, fortalecerse, robustecer alianzas y ejercer por fin una influencia de alcance internacional. A ello ayudaron dos factores: 1) la falta de un Gobierno real con control del territorio y las luchas entre clanes tribales y señores de la guerra; 2) el desinterés internacional por lo que acontece allí.

Hay que tener eso en cuenta, ahora que la OTAN se retira por primera vez de una guerra con derrota, ahora que las incógnitas sobre la fortaleza del abandonado Karzai aumentan y ahora que Obama muestra más que nunca su decisión de no comprometerse con ningún aliado. A diferencia de lo que ocurría antes, Occidente tiene allí aliados fieles, tropas y una estructura militar importante. Pero la tentación es fuerte, y las, pese a todo, posibilidades de Al Qaeda en la zona son aún considerables.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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