Menú

Claroscuros en la lucha contra el yihadismo

Siria despierta contradicciones en los Estados occidentales, porque atacando al régimen de Damasco pueden incrementar la tensión con Rusia y beneficiar al yihadismo.

GEES
4

Desde que se produjeran los macroatentados del 11-S, todo comienzo de curso político y estratégico obliga a hacer balance de la lucha contra un yihadismo salafista que ni ha sido derrotado ni, probablemente, lo será, al menos en un futuro previsible. La fragmentación del mundo en Estados, la superposición de la amenaza yihadista con otros tipos de actores, riesgos y amenazas –véase el caso de Siria– y la capacidad del enemigo para la ocultación y el engaño garantizan tan funesto futuro.

La evaluación al susodicho comienzo de curso la hacen tanto Estados como grupos regionales o subregionales de Estados, además de organizaciones internacionales, destacándose entre éstas la ONU. Cada septiembre se celebra una nueva sesión de la Asamblea General, que reúne en Nueva York a jefes de Estado de todo el mundo. Haciendo memoria, en septiembre de 2012 se prestó atención central a Mali, con una reunión de alto nivel en paralelo a la inauguración de la Asamblea General y dinamizada por el propio Mali y, sobre todo –y desde el Consejo de Seguridad–, por Francia. Luego vendrían el órdago de los terroristas yihadistas –en enero–, la respuesta franco-africana con la Operación Serval y el esfuerzo africano (Afisma) y mundial (Minusma), y, por supuesto, la respuesta de los terroristas, con sorprendentes ataques transfronterizos (In Amenas, Argelia, en enero, ataques suicidas en Níger en abril), muestras de su supervivencia gracias a su dispersión por toda la región.

Este año el centro de atención es Siria, con tensiones de todo tipo (EEUU-Rusia, suníes liderados por petromonarquías y chiíes liderados por Irán, etc.), actores de actitud confusa (Turquía, miembro de la OTAN y, a la vez, actor musulmán e islamista, por ejemplo) y, lo que más nos interesa aquí, el hecho de que Siria se haya convertido y desde hace nada menos que dos años en polo de atracción y dinamización para yihadistas de todo el orbe. Es indudable que el conflicto sirio ha permitido a actores islamistas radicales –sin olvidar en el mundo chií al Partido de Dios (Hezbolá), que ha extendido como nunca antes sus alas fuera del Líbano– encontrar una causa para dinamizar sus redes transnacionales, tanto en términos de propaganda como operativos. Si antes lo fueron escenarios como Afganistán –en los ochenta, primero, y dos decádas después, tanto o más–, Bosnia, Chechenia o Irak, ahora lo es el país árabe.

Todo ello se complica aún más porque dos factores adicionales agravan y agravarán la situación. Por un lado, la guerra en Siria hay que contextualizarla en las revueltas árabes que desde fines de 2010 han trastocado completamente la región, particularmente el norte de África –con efectos nefastos en el Sahel– y Oriente Próximo. Y, por otro lado, y más ahora, Siria despierta contradicciones en los Estados occidentales, porque atacando al régimen de Damasco pueden incrementar la tensión con Rusia y, además, beneficiar al yihadismo.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

En Internacional

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios