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Dialogando con el Eje

La perpetuación del diálogo y una ONU inofensiva han hecho, se dice, "ganar tiempo". ¿A quién, exactamente?

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La perpetuación del diálogo y una ONU inofensiva han hecho, se dice, "ganar tiempo". ¿A quién, exactamente?

George W. Bush identificó en 2002 a Irak, Irán y Corea del Norte como el Eje del Mal. Hubo no pocas burlas. Irak será un desastre, como celebraron los medios en el décimo aniversario de la invasión que hizo desaparecer al dictador del mismo partido que el tirano sirio, pero no amenaza la paz de sus vecinos ni del mundo. Lo hacen, en cambio, Irán y Corea, objetos de ofensivas "diplomáticas", que no militares.

La primera intervención bélica de la ONU, participante en estos tratos mediante los miembros del Consejo de Seguridad y la Agencia Internacional de la Energía Atómica, fue casualmente Corea. Truman, que acababa de formular la doctrina del mismo nombre destinada a resistir al comunismo, promovió la participación de la ONU y el mando del general MacArthur para preservar la paz. Gracias a aquél uso legítimo de la fuerza distinguimos hoy en la península entre quienes viven libres e industriosos y quienes sufren un comunismo puro –los dubitativos pueden ir a Googlemaps a otear campos de concentración– bajo un jefe supremo y generales con gorras de plato. Estos rechazan hoy el armisticio de aquella guerra de hace sesenta años como guinda del pastel de su escalada no solo retórica. Corea del Norte bombardeó en noviembre de 2010 la isla surcoreana de Yeonpyeong, matando a dos soldados y dos civiles surcoreanos, y hundió en marzo del mismo año un buque surcoreano muriendo 46 marinos.

En suma, mientras en Irak, como antaño en Corea, la comunidad internacional liderada por resoluciones de la ONU, combatió, ahora prefiere hablar. Este es el resultado: Corea del Norte exige, desde su primer test nuclear en 2006, negociar en pie de igualdad con Estados Unidos y otros cinco países como potencia nuclear. Irán considera lógico enriquecer uranio "sólo" hasta el 20% a cambio de desarrollar su sistema nuclear para fabricar material fisible en cuanto lo crea necesario, imposibilitando un ataque israelí y dificultando uno americano en quien nadie cree. Pero ni siquiera necesita producir armas nucleares. Puede comprárselas a su colega de Eje y montarlas en sus misiles Shabab, copia de los norcoreanos. Luego podría incluso denunciar tranquilamente, como hizo Corea, el Tratado de No Proliferación suscitando acaso la misma comprensión internacional que Corea estos siete años: ningún castigo militar.

Tal colaboración coreana tiene el precedente de la instalación nuclear siria de Al-Kibar volada por los israelíes en 2007. Aunque nadie se lo agradezca hoy cuando Siria anda como anda. Y se confirmaría de aseverarse los informes que sitúan al físico iraní Mohsen Fakhrizadeh, director del proyecto 111 dedicado a diseñar cabezas nucleares para ser montadas sobre misiles iraníes, en Corea del Norte el mes pasado durante su tercera prueba nuclear.

La perpetuación del diálogo y una ONU inofensiva han hecho, se dice, "ganar tiempo". ¿A quién, exactamente?

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