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Frenar el flujo de yihadistas a Siria

Lo que sucede con algunos españoles forma parte de un todo inquietante que hay que combatir con urgencia.

GEES
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La gran operación de la Policía belga lanzada el 16 de abril contra redes de canalización de yihadistas hacia Siria ofrece un referente de gran utilidad para otros países europeos que, como España, son también punto de partida de nacionales que emprenden la mortífera senda, como hace una década se hiciera hacia Irak.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado españolas llevan largo tiempo trabajando en el tema, y la gravedad del mismo está siendo puesta de manifiesto desde lugares como Ceuta o Barcelona. La semana pasada trascendían los dos últimos ejemplos para alimentar esta realidad: un marroquí residente en Barcelona moría en los alrededores de Alepo, intenso campo de batalla desde hace meses. Sus emuladores han dado sólo su nombre de guerra, Abu Adam el Magrebi, y vendido su martirio como ejemplar. El perfil de los ceutíes, mucho más jóvenes, que han muerto o que se supone que siguen en suelo sirio es igualmente preocupante. El último de ellos tenía o tiene tan sólo 16 años, y su caso confirma que la red de proselitismo yihadista y de reclutamiento para el combate, claramente transfronteriza –pues es mucho mayor el número de nacionales marroquíes que han muerto o que siguen combatiendo en suelo sirio–, funciona a buen ritmo. El perfil de los que han ido es muy variado, y va desde los que de alguna forma tenían antecedentes con perfiles yihadistas o vínculos familiares o de amistad con otros yihadistas, hasta los que han iniciado esta execrable aventura convencidos en el último minuto.

Es por todo ello que conviene destacar la experiencia de nuestros socios y aliados belgas. Las fuerzas de seguridad de este país han llevado a cabo hasta cuarenta y ocho operaciones de detención (seis personas) y registro en medios yihadistas de Bruselas y Amberes, que han tenido por objeto una red identificada desde antiguo. Se denomina Sharia 4 Belgium y su líder es Fouad Belkacem, un cabecilla bien conocido para policías y para jueces, pues venía cumpliendo una condena de reclusión domiciliaria y estaba controlado por un dispositivo electrónico.

Este grupo, que trabaja desde tiempo atrás para establecer sus ideas yihadistas en suelo belga y para exportarlas a escenarios como Siria, habría enviado a por lo menos 33 individuos al país árabe. En la década pasada partieron de Bélgica para Irak varios terroristas suicidas, incluida una mujer convertida al islam y transformada en bomba humana, cuyo vídeo aún circula por las redes terroristas en internet.

El caso de los conversos, más al yihadismo que al islam como religión, preocupa y mucho en Bélgica, pero también en Francia. Los belgas Brian de Mulder y Jejoen Bontinck y el francés Raphaël Gendron, adolescentes los dos primeros y adulto (38 años) el tercero, son los últimos conocidos.

Por todo ello, lo que sucede con algunos españoles forma parte de un todo inquietante que hay que combatir con urgencia.

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