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Mundial de Brasil 2014

Guillermo Domínguez

Alfombra roja para la Canarinha

¿Que Neymar no tiene su día? Ya estará ahí el Ovrebo de turno para convertir su habitual zambullida en un clamoroso penalti. ¿Que David Luiz y Luiz Gustavo meten la pierna más de la cuenta y se pasan de la raya? Aquí paz y después gloria.

Guillermo Domínguez
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La FIFA, esa institución corrompida hasta el tuétano, con el presidente-dinosaurio Joseph Blatter a la cabeza, va a hacer todo lo posible para que Brasil gane su Mundial y, doce años después, vuelva a levantar la copa. Esta vez ante miles de fervorosos torcedores en Maracaná, su gran templo futbolístico. En el país del fútbol y en el máximo organismo mundial de este deporte no se contempla otro Maracanazo, harán todo lo posible por evitar que otro Ghiggia les robe la gloria en casa. A ver quién es el guapo que se atreve... ¡osáramos!

Mientras buena parte de la sociedad brasileña pone el grito en el cielo por los gastos en la organización del Mundial, reivindicando mejoras en salud y educación (menos bola e mais escola), la mayoría aguarda ansiosa el inicio del campeonato. Contamos ya las horas para que eche a rodar el balón en Sao Paulo con el partido inaugural entre los anfitriones y Croacia. Lisboa queda ya muy lejos. El pueblo tiene mono y ansía su opio balompédico.

La Canarinha, en pleno proceso de renovación, con Kaká, Ronaldiho y Robinho viendo el torneo desde casa, no es seguramente la mejor de las 32 selecciones, pero los árbitros le pondrán alfombra roja para que acabe ganando su sexto título. ¿Que Neymar no tiene su día? Ya estará ahí el Ovrebo de turno para convertir su habitual zambullida en un clamoroso penalti. ¿Que David Luiz y Luiz Gustavo meten la pierna más de la cuenta y se pasan de la raya? Aquí paz y después gloria. Ya se vio en la Copa Confederaciones, en la que la verdeamarela pasó por encima de España con un fútbol muy agresivo –a veces por encima del reglamento–, y lo veremos este año en el Mundial.

Aunque Brasil es favorita en las apuestas, la gran mayoría de selecciones no duda en trasladar la presión a España, por aquello de su condición de campeona –¡qué cortos se han hecho estos últimos cuatro años!–. Acuden Del Bosque y los suyos con un bloque parecido al de Sudáfrica y al de la última Eurocopa, pero también con la gran novedad de Diego Costa. Sin olvidar las llamativas ausencias –bien por lesión, bien por decisión técnica– que han sorprendido a la gran mayoría: Valdés, Fernando Llorente y Gabi. Son las dos favoritas, destinadas a encontrarse en la final, aunque también podrían verse las caras en octavos. Sería la hecatombe para una de las dos.

Y en cuanto al resto de favoritas, más de lo mismo: Alemania, Argentina, Italia, Holanda, Francia... aunque la Mannschaft se presenta con la sensible baja de Marco Reus y los bleus sin Ribéry. Otros dos genios que se pierden el Mundial por culpa de las lesiones, tras una recta final de temporada que ha causado grandes estragos. Capítulo aparte merece Messi. El argentino, vómitos y problemas fiscales al margen, llega con la sensación de que se ha reservado para este Mundial tras firmar su peor campaña de largo con el Barcelona. El bombo le sonrió a la albiceleste –Bosnia, Irán y Nigeria son sus rivales en la primera fase–, que presenta una delantera temible (Agüero, Di María, Higuaín, Lavezzi…), aunque deja muchas dudas atrás.

Precioso se antoja el grupo de la muerte que comparten Inglaterra, Italia y Uruguay –siete Copas del Mundo entre las tres–, y una de las selecciones a tener en cuenta es la de Portugal, después de su gran papel en la última Eurocopa, aunque necesita al cien por cien a Cristiano Ronaldo. Sin olvidar tampoco a Bélgica (Hazard, Courtois, Fellaini, Lukaku, Mirallas, Alderweireld…) o Croacia (Modric, Rakitic, Mandzukic…). Colombia también está en ese grupo de las posibles revelaciones, pero la ausencia de Falcao le resta bastantes enteros. Muchos ausentes ilustres en Brasil 2014, una pena.

Todo preparado, pues, para el inicio del campeonato. Esperamos ver espectáculo, aunque ya se sabe que el nivel en los mundiales rara vez ha sido para tirar cohetes, teniendo en cuenta además que los jugadores llegan fundidos tras una temporada de lo más exigente. Ya lo dice el refrán: día de mucho, víspera de nada.

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