Los dos asuntos que concita mayor número de comentarios editoriales en la prensa de este viernes son el acuerdo entre el PP y el PSOE para reformar la Ley de Extranjería y la entrevista que han celebrado Aznar y Chirac en Quintos de Mora.
El Mundo señala que Aznar y Chirac no están de acuerdo sobre Oriente Próximo, tienen puntos de vista opuestos sobre el Pacto de Estabilidad y difieren sobre el reparto de poder en la futura Constitución europea. Para El Mundo, la mayor discrepancia entre ambos dirigentes hace referencia a Irak: El presidente francés criticó duramente la posición de EE UU, Gran Bretaña y España al asegurar que el enfoque militar no es la solución y produce un fenómeno peligrosísimo: alentar la resistencia contra la ocupación. A juicio de Chirac, hay que dar un papel mucho más activo a la ONU y transferir rápidamente el poder a los iraquíes. El líder francés —prosigue El Mundo— afirmó que Francia no enviará tropas si no hay un cambio radical en la situación”.
Aunque El Mundo hoy se limita a exponer las discrepancias entre ambos dirigentes, es evidente que la tesis de Chirac coincide plenamente con las que ha mantenido este diario a propósito de Irak. La afirmación de Chirac, sin embargo, no puede contener mayor distorsión de la realidad. En primer lugar, el objetivo de los aliados ha distado completamente de ser un enfoque puramente militar. Bush no ha querido limitarse a derrocar a Sadam Hussein, sino que, una vez cumplido ese primer objetivo, ha querido implicarse en una transición política que liberalice política y económicamente Irak.
El deseo de EE UU de implicarse en la pacificación, transición y estabilidad de Irak cuenta además con el respaldo de todas las fuerzas iraquíes que constituyen el embrión del futuro gobierno iraquí. Han sido estos dirigentes representativos de la mayor parte de la población de Irak lo que han pedido a EE UU que cumpla su compromiso de no abandonar el país hasta que se haya normalizado la situación y puedan hacerse cargo de su propio destino. Lo que sería absolutamente contraproducente para el futuro de Irak —hasta el punto de poder asistir a una guerra civil— es que ahora las tropas aliadas se retirasen sin haber sofocado a los terroristas nostálgicos de Sadam y sin dar tiempo para que cuaje la transición política.
Por otra parte, hablar de “resistencia frente a la ocupación” como hace Chirac —y desgraciadamente no sólo El Mundo— no es más que utilizar una palabra dignificada por la lucha contra el totalitarismo y las invasiones nazis, para hacer referencia a unos grupos que no son otra cosa que nostálgicos de un dictador que recurren al terrorismo. Quienes recurrieron al terror para mantenerse en el poder, recurren ahora a él para tratar de recuperar lo perdido.
Finalmente, advertir como ha hecho Chirac de que no enviará tropas "hasta que haya un cambio radical" no delata otra cosa que el absoluto desinterés que tiene el Gobierno francés por Irak desde que Sadam ya no ostenta el poder. Las tropas están para sofocar la violencia y dar seguridad a la transición política por lo que esperar a que esto se produzca para que Francia colabore con el envío de soldados es como esperar a que el fuego se sofoque para enviar a los bomberos.
En algo estamos de acuerdo con El Mundo, y es que las diferencias que ahora manifiestan Chirac y Aznar “no son coyunturales”. Sin embargo, a diferencia de lo que opina El Mundo, no es Aznar el que debe cambiar de posición por temor a lo “preocupante que resultan estas discrepancias para las futuras batallas que España debe librar en el seno de la UE”.
Por el contrario, creemos que las batallas que España debe librar en el seno de la UE son fundamental y precisamente contra las tesis francesas que debilitan el compromiso europeo de combatir el terrorismo fuera de nuestras fronteras, de dar seguridad y expansión al mundo libre y mantener el vínculo trasatlántico.
Francia y Alemania, además, no sólo se han convertido en un obstáculo para que Europa cumpla estos objetivos de política exterior y de defensa sino que también constituyen una rémora para el crecimiento y la liberalización económica europea y la principal amenaza para el Pacto de Estabilidad que habían ya consensuado los países integrantes del euro.
Así que ya va siendo hora que nos despojemos de complejos de inferioridad —esto también va por ABC— y no temamos participar —o incluso liderar— un frente contra ese eje franco-alemán que más que nunca merece ser denigrado como la vieja Europa.

Francia o el lastre de Europa
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