La lectura de los comentarios que todos los diarios dedican al atentado terrorista en Nasiriya, en el que han sido asesinados doce carabinieri, cinco soldados italianos, nueve ciudadanos iraquíes y dos italianos, refleja hasta que punto la prensa española difunde en sus editoriales el mensaje que los terroristas quieren transmitir a través de sus atentados. Los terroristas no matan por matar. Lo que pretenden estos criminales nostálgicos de Sadam es que la población iraquí y la Comunidad internacional llegue a la convicción de que los aliados están haciendo que se deteriore la situación en el Irak liberado de la dictadura de Sadam, quieren forzar su retirada, que abandonen la idea de establecer y consolidar un régimen de libertades en aquel país, disuadirles, en definitiva, y amenazarles con mayor violencia si no renuncian a la política que llevan a cabo en Irak.
¿Combaten los medios de comunicación de un país democrático y occidental como España este sermón inherente a los atentados terroristas? Juzguen ustedes mismos simplemente fijándose en los titulares de sus comentarios: El País titula “Irak se libaniza”; El Mundo, “En Irak se ha creado un problema mayor que el que había, pero la ONU debe afrontarlo”, La Vanguardia, “Irak, de mal en peor”, La Razón, “Irak: Urge un cambio de política”.
¿Criticaría un diario como La Razón la política del Gobierno español por el hecho de que el día anterior ETA cometiera una matanza en el País Vasco? ¿Acusaría por ese atentado El Mundo al Gobierno de “haber creado un problema mayor que el que antes existía”?
Seguro que todos estos diarios nos reprocharían la comparación con ETA aduciendo que las tropas aliadas son extranjeras en Irak. Un mal argumento, sin embargo, para unos diarios que, por una parte, casi siempre omiten en sus editoriales la nacionalidad iraquí de muchas de las víctimas de los terroristas suicidas, y, por otra, nos habían hecho creer que para ellos todos los terroristas eran iguales.
Sin embargo, tanto La Razón como El País y La Vanguardia insisten en hacernos creer que la solución al problema del terrorismo baazista pasa por la rápida devolución de la soberanía al pueblo iraquí y una no menos rápida retirada de las tropas aliadas, como si el Gobierno provisional iraquí estuviera en este momentos en mejor disposición y tuviera mayor capacidad para combatir a los “guerrilleros” que las tropas aliadas, como si los terroristas no fueran los primeros y los que más celebrarían que los aliados dieran ese paso, como si las distintas facciones que integran el Gobierno provisional iraquí no hubieran coincidido en pedir a EE UU que sean fieles a su compromiso de mantener sus tropas hasta que las tareas de pacificación estuvieran concluidas...
El Mundo, aunque comete la fechoría intelectual de hacernos creer que el Irak que sufre los atentados está peor que cuando los terroristas ocupaban el poder, por lo menos ya no reclama como solución la retirada de tropas, sino que estas lleven a cabo sus tareas de pacificación bajo mando de la ONU. ¡Como si eso fuera aplacar el ansia criminal de los nostálgicos armados de Sadam! ¡Cómo si estos no hubieran ya atacado a la propia ONU y hasta la mismísima Cruz Roja! ¡Cómo si los funcionarios de la ONU no hubieran salido corriendo al ver que los terroristas se resisten a ser desalojados del poder!
Como con acierto señala Colin Powell en la tercera de ABC, “debemos recordar que la pesadilla en la que Sadam Hussein sumió a Irak llegó a durar más que la tiranía que ejerció Stalin sobre la Unión Soviética. No es realista esperar que la tragedia pasada de Irak se desvanezca con rapidez”.
Si, ciertamente, los diarios no se muestran realistas a la hora de enjuiciar la posguerra en Irak, no dejan tampoco de amputar ciertas noticias que pudieran contradecir su pesimista visión del Irak post-Sadam. Así ningún diario ha informado de logros como el que la capacidad de generar electricidad en aquel país ya haya superado los niveles previos a la guerra, que ya se hayan reparado más de 1.700 averías graves de la vieja red de distribución de agua, que ya se hayan limpiado 14.500 canales de irrigación, que ya se hayan renovado más de 1.500 escuelas, que ya se hayan distribuido 22 millones de vacunas a los niños iraquíes y a las mujeres embarazadas o que hasta tres millones de equipos de rehidratación hayan podido llegar a los niños necesitados.
No, de eso no se informa, como tampoco se informa de que los Estados Unidos, desde el primer día de posguerra se pusieron a elaborar los planes para crear un nuevo entorno de seguridad dirigidos por iraquíes. ¿Por qué los medios de comunicación no nos han informado de que ya han empezado a impartirse a más de 35.000 agentes civiles iraquíes la formación básica para ser policía que permitirá durante los próximos dos años graduarse cada mes a 1.500 policías civiles?
No seríamos justos, sin embargo, si dejáramos de señalar que ABC vuelve a ser —respecto a Irak— la honrosa excepción en un panorama mediático bochornosamente manipulador. Su editorial va muy en la línea de lo expuesto anteriormente por nosotros y considera que las propuestas como las que barajan el resto de los diarios no sería otra cosa que “ceder ante los profesionales del terror y abrir la puerta a una inestabilidad general”.
Pese al acierto general de su editorial, debemos, no obstante, hacerle a ABC una puntualización a un comentario respecto “a la posibilidad de que el Gobierno de Bush altere el calendario previsto para la transición democrática, bajo la premisa de reducir su presencia en el país antes de las presidenciales de noviembre de 2004”. Esta cuestión es presentada por el resto de los diarios como una “rectificación” de una política “mal planteada por Bush”.
Pues bien, de retirada, por ahora, nada. Los objetivos siguen siendo los mismos para la Administración estadounidense. Si ABC se basa en el artículo de Powell en el que habla del “nuevo entorno de seguridad dirigido por iraquíes” hay que decir que ese objetivo siempre lo contempló Washington y también que en ese mismo artículo el secretario de EE UU apunta a “los años venideros” como el momento “para ver la prueba de nuestro éxito”. “No importa lo difícil y peligrosa que puede llegar a ser la vida para los estadounidenses y tantos otros que intentan hacer surgir un nuevo Irak, nuestro mejor aliado es el pueblo iraquí”.
Ciertamente si esto es lo que dice una “paloma” del sector realista como Powell, que no hará el Gobierno de Bush bajo la influencia de los “neocon” de Wolfowitz...
