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No hay que tomar partido en las peleas entre vecinos, y menos entre los nuestros. Ya hemos recibido suficientes lecciones.

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Es bueno que se aclarara que Chile no va a mediar entre los presidentes del Perú y de Bolivia. Los redentores suelen ser crucificados y, en América Latina, ridiculizados. Que digan lo contrario Hugo Chávez, Néstor Kirchner y otros próceres regionales, teniendo en cuenta sus bochornosas intervenciones para liberar a Ingrid Betancourt, al niño Emanuel y a otros secuestrados por las FARC.

Entre los presidentes del norte parece que no hay química. Reconciliarlos es una misión imposible y sin beneficios para Chile. Habríamos tenido que reconocer que Alan García tiene la razón. El presidente Morales sigue a su mentor Hugo Chávez, y está enfrentado con su pueblo y con el mundo. En el último mes se enemistó con la Unión Europea, volvió a desarticular la Comunidad Andina de Naciones, insultó al mandatario peruano, apoyó manifestaciones violentas en contra de la embajada de los Estados Unidos en La Paz, objetó la presidencia de Colombia en la Unasur y, a la menor frustración, atacará a Chile. Además, aunque nos hagan creer lo contrario, Bolivia no tiene relaciones diplomáticas con Chile y se niega a reanudarlas.

Las malas experiencias en nuestras intervenciones a favor de otros países son ejemplarizadoras. En la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana, contribuimos a la liberación del Perú. Chile no obtuvo beneficios y el enfrentamiento costó la vida a soldados chilenos. Cuando apoyamos al Perú en su guerra contra España, sufrimos sólo perjuicios, incluido el bombardeo de Valparaíso. Más adelante, en el siglo pasado, intervenimos para la pacificación en la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay y en el conflicto entre Ecuador y Perú. En ambas oportunidades fuimos recriminados. En la del Chaco, el Presidente Arturo Alessandri y su canciller, Miguel Cruchaga, fueron decisivos para el tratado de paz, aunque poco reconocidos. Entonces se dictó la Ley N° 5.178, que castiga a los chilenos que participen en conflictos en los que somos neutrales. Esa ley no fue observada, y hasta un ex ministro del Presidente Ibáñez dirigió tropas bolivianas. Varios chilenos, entre ellos un ex diplomático, combatieron por Paraguay. Parecía que habíamos aprendido, pero no lo hicimos. A continuación nos matriculamos como garantes de la paz entre Ecuador y Perú en 1942. Inicialmente fuimos rechazados, terminamos inmiscuidos en el tratado de paz, expuestos a la desconfianza de ambos Estados y con secuelas muy recientes. De poco sirvió la garantía; en 1995 volvieron a enfrentarse.

No hay que tomar partido en las peleas entre vecinos, y menos entre los nuestros. Ya hemos recibido suficientes lecciones.

© AIPE

Hernán Felipe Errázuriz es abogado chileno, ex ministro de Relaciones Exteriores.

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