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EL IMPERIO DE LA BOINA

Cómo llegó el PNV a Idaho

Los tentáculos, engordados con el dinero ajeno, llegan hasta lugares insospechados, como Idaho. Por encargo del PNV, Pete Cenarrusa trató de presionar desde Estados Unidos para conseguir unas nuevas negociaciones entre el Gobierno español y ETA. El PNV se hizo en los años 40 con el control de la colonia vasca en el estado de Idaho sin que ninguna autoridad española interviniese.

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En la primavera de 1978, cuando las Cortes elegidas en junio de 1977 estaban elaborando la Constitución y ETA había empezado a asesinar de manera indiscriminada, el PNV celebró el Aberri Eguna, el día de su patria, por primera vez en la legalidad desde la invención de la efeméride, en tiempos de la República. Era la época en que el PNV reunía a decenas de miles de personas; ahora, los Aberri Egunak los celebra en la pequeña Plaza Nueva de Bilbao y con sillas de tijera para las viejas. Los nacionalistas (apellidados en Madrid, no se sabe por qué, moderados) contaron ese año con un invitado de relumbrón: el senador Frank Church, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado de Estados Unidos, y también el secretario de Estado de uno de los estados miembros de la federación, un tal Pete Cenarrusa. Ambos venían de Idaho.

Idaho es uno de los estados más remotos de Estados Unidos. Limita con Canadá y su territorio (216.000 kilómetros cuadrados) abarca parte de las Montañas Rocosas. Su mayor ciudad es Boise, la capital, con casi 600.00 habitantes. Quien recorra Boise verá numerosas ikurriñas ondeando en solitario o junto a las banderas federal y estatal. Se debe a que hay allí una apreciable colonia vasca que, además, está manipulada por el PNV.

La presencia del PNV en Idaho se remonta a antes de la conclusión de la guerra civil española. El PNV se alió con el Frente Popular a cambio de recibir el estatuto de autonomía (aunque cuando lo aprobaron, de manera ilegal, las diezmadas Cortes republicanas sólo se pudo aplicar en una Vizcaya menguada). En cuanto los hijos de Sabino Arana dispusieron del estatuto se dedicaron a vulnerarlo, tal como contó más tarde Manuel Azaña en sus memorias. Una de esas vulneraciones fue la de montar un cuerpo diplomático y una red de embajadas y consulados disimulados bajo el nombre de delegaciones; éstas se usaron no sólo para difundir las pretensiones abertzales, también para emboscar a numerosos miembros y parientes del PNV en edad militar.

A Boise en autobús en 1938

A finales de 1938, los militantes del PNV enviados por José Antonio Aguirre a Estados Unidos dejaron Nueva York y marcharon en autobús a Boise para contactar con los descendientes de los cientos de pastores vascos (españoles y franceses) establecidos allí desde finales del siglo XIX.

En las décadas siguientes fueron más importantes para el PNV sus vínculos con la CIA, con los partidos democristianos de Francia, Italia, Bélgica y Venezuela –con los que trabó relación en la Internacional Democristiana– y con religiosos abertzales afincados en el Vaticano. Pero el PNV sabe sembrar y esperar. La influencia de las consignas del separatismo abertzale era tan fuerte que en 1979 un embajador del Reino de España visitó Boise y la dirección del Basque Center le negó el uso del edificio para una reunión.

En marzo de 1988, el presidente del Gobierno vasco, José Antonio Ardanza, visitó Estados Unidos y comenzó su gira por Boise, donde encontró tiempo para acudir al cementerio en el que está enterrado el senador Church. Church había fallecido en 1984, pero Cenarrusa seguía vivito y coleando.

Los Gobiernos vascos presididos por José Antonio Ardanza y Juan José Ibarretxe regaron con dinero de todos los vascos, nacionales y separatistas, las asociaciones de Idaho. En su libro Memoria de Washington, Javier Rupérez da una lista de éstas: la American Basque Foundation de Idaho (50 millones de pesetas en 1995), la Euzkaldunak de Boise (15 millones en 2000), la Oinkari Basque Dancers (tres millones en 2000)...

Las ideas de Cenarrusa

En 2000 la Fundación Sabino Arana, del PNV, dio un premio a Pete Cenarrusa, que fue secretario de Estado de Idaho entre 1967 y 2003. Junto a él estaba Francesco Cossiga, un maniobrero de la democracia cristiana italiana que entre otros méritos tiene el de haber sido ministro de Interior cuando las Brigadas Rojas secuestraron y asesinaron a su correligionario Aldo Moro.

La identificación de Cenarrusa con el programa y las consignas del PNV es absoluta. Sus declaraciones demostraban que su adhesión al abertzalismo no se debía a una nostalgia por el terruño. He aquí unas frases de una entrevista que le hizo un redactor del diario Deia (31-7-2010):

"Pero aún no hay democracia [en España]; todavía quedan franquistas y fascistas que tienen poder sobre el pueblo vasco: ilegalizan partidos, cierran periódicos... No quieren dar a Euskal Herria el derecho de autodeterminación".

"En Euskal Herria lo que hace falta es un alto al fuego, seguido de una mesa de diálogo con todos los partidos, incluida la izquierda abertzale, y, finalmente, que se respete el derecho de autodeterminación".

"[ETA] Ya ha hecho altos al fuego y España no ha hecho nada, ningún movimiento. Más aún, siguen ilegalizando, como lo que están intentando hacer con Udalbiltza. Las Cortes españolas quieren callar a los vascos y barrer hacia su casa".

Cabe preguntarse si el Congreso de Estados Unidos daría a los habitantes de Idaho o a los vascos de Idaho el derecho de autodeterminación. En el siglo XIX, por negar a varios estados el derecho de secesión, el Gobierno federal fue a la guerra.

ETA es buena y Al Qaeda es mala

En 1998, ETA y el mundo abertzale, con la ayuda de compañeros de viaje como el cristiano de base Javier Madrazo, jefe de Izquierda Unida vasca, y el funcionario español Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, plantearon un órdago al Gobierno español: una tregua-trampa. Ante la negativa del Gobierno de Aznar a ceder, la tregua acabó rompiéndose en noviembre de 1999. Pero el brazo político del abertzalismo no cejó en sus esfuerzos por volver a reunir a los etarras y a los negociadores de Aznar. En ese momento, el PNV, con un magnífico dominio del espectáculo y de la estrategia, recurrió a Cenarrusa para pedirle un favor: que ayudase a internacionalizar el conflicto. Durante esos meses, Cenarrusa se hizo más conocido en España que en California.

El diario Gara publicó (3-12-2001) una entrevista a Cenarrusa en la que éste negaba que se pudiese equiparar Al Qaeda con ETA:

La utilización política por parte del embajador español de los dramáticos sucesos del 11 de setiembre es muy desagradable para nosotros. Es muy inapropiado poner a ETA y Al Qaeda en el mismo contexto. No son la misma cosa. Entre otras razones, Al Qaeda es un grupo que actúa a nivel mundial, y ETA no. Los terroristas islámicos están repartidos por todo el mundo, incluso en España, y han preparado durante años el ataque antes de estrellar los aviones contra el WTC y Washington. Estas acciones no están motivadas por un conflicto político.

Para el cacique de Idaho tiene más valor la vida de un policía de Nueva York que la de un guardia civil de Lugo. No es la manera más adecuada para obtener amigos en las relaciones internacionales.

La Casa Blanca, con España

El 6 de marzo de 2002 la Cámara de Representantes de Idaho aprobó un documento en el que instaba a los Gobiernos español, francés y vasco a abrir un nuevo proceso de paz. Rupérez, que fue secuestrado por unos etarras en 1979, escribió una carta a todos y cada uno de los miembros de las cámaras legislativas de Idaho. A continuación, el diplomático se puso en contacto con la Casa Blanca y el Departamento de Estado:

Era tal el grado de entendimiento entre los dos gobiernos, que bastaba que el de España solicitara ayuda en un tema tan delicado como el de la unidad nacional para que la Casa Blanca se pusiera en marcha.

El Gobierno de Bush recordó a los legisladores de Idaho que la política exterior era competencia exclusiva de Washington. Gracias a la presión del gabinete de Condoleezza Rice, consejera de Seguridad Nacional, y de los funcionarios del Departamento de Estado, dirigido por Colin Powell, el Senado de Idaho aprobó unos días más tarde una declaración donde ya se arremetía contra ETA y eran condenados sus atentados.

Después de leer las páginas escritas por Rupérez, queda claro que si los políticos y los funcionarios españoles no hacen la vida imposible a los etarras es porque no quieren. Algunos prefieren vivir sin problemas, y eso también lo cuenta el diplomático español. Rupérez reconoce que varios de los empleados de la embajada española habrían preferido que su jefe "no armara tanto ruido" con las réplicas a Cenarrusa. ¿Para qué estropearse la vida en Washington con campañas contra los separatistas? Vas a cobrar lo mismo. Y quizá enfades al ministro/a.

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