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TRANSICIÓN

El "golpe de timón" de Tarradellas

Una de las expresiones que más éxito tuvo en la Transición fue la del "golpe de timón", pronunciada por el presidente de la Generalitat Josep Tarradellas antes y después del 23-F. ¿A qué se refería el político el catalán?

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Entre los pocos políticos prestigiosos de la Transición, aceptados por casi todos, salvo por los aguafiestas de costumbre, destaca Josep Tarradellas. El presidente de la Generalitat catalana en el exilio regresó a España de manera definitiva en octubre de 1977 y cedió su cargo a Jordi Pujol en mayo de 1980; vivió hasta 1988 y el rey Juan Carlos I le nombró marqués en julio de 1986. Sin duda, el que no tuviera partido político y su falta de ambición personal le convirtieron en un hombre libre que decía lo que creía más conveniente para el porvenir de España y, dentro de ella, Cataluña.

Así, el 14 de junio de 1979, en Morella, ante unas 300 personas, pronunció por primera vez la célebre expresión, que, a medida que se agriase el ambiente político y social, repetiría cada vez más, y que los políticos y tertulianos difundirían.

(...) no es ser catastrofistas ni pesimistas el decir que estamos viviendo momentos inquietantes. (...) la violencia en cualquier punto de España nos afecta a todos y todos debemos ser solidarios a la hora de erradicarla. Hay que dar un golpe de timón. España no puede seguir así, hay que decirlo y hay que intentar que España no siga así.

En ese año de 1979 que estaba a la mitad, debido al terrorismo morirían 123 personas.

Y luego el "golpe de bisturí"

En julio de 1980, cuando ya había cedido la presidencia de la Generalitat a Jordi Pujol – que se mantendría en ella hasta 2003–, Tarradellas habló de "golpe de bisturí".

Quizá habrá que dar un golpe de bisturí. (...) Es evidente que se necesita una mano fuerte, en el bien entendido de que no estoy clamando, ni mucho menos, por un golpe o una dictadura, sino por una presencia que imprima entusiasmo. Con todo, cabe esperar que las cosas cambien y se consiga la ambición de tener un ideal que nos falta ahora. Quizá sea preciso que pase otra generación para poner esto en orden.

En la presentación de las memorias de Alfonso Osorio, exvicepresidente de Suárez, hecha en noviembre de 1980 en Barcelona, Tarradellas, según La Vanguardia, "insistió en la necesidad de un 'golpe de timón' para evitar la falta de confianza" que se estaba registrando en el país; "consejo que el hasta hace unos meses titular de la Generalitat ha venido dando en varias ocasiones", añadía el rotativo barcelonés.

Una entrevista para una audiencia real

A mediados de enero de 1981 Tarradellas concedió una entrevista al periodista Francisco Mora, que publicó Diario 16 en portada con un titular resonante: "Hemos corrido demasiado". Mora contó los pormenores de la exclusiva en un libro: El elefante blanco: la investigación más completa sobre el 23-F. Tarradellas le llamó el viernes 9 para pactar la entrevista, con la condición de que se publicase no en El Correo Catalán sino en Diario 16, para que tuviese "difusión en toda España". La entrevista se realizó en el domicilio particular del expresidente de la Generalitat el sábado 10 por la tarde. El lunes 12 Mora llevó el borrador a Tarradellas. Éste le insistió para que persuadiese al director de Diario 16, Pedro J. Ramírez, de que la publicase cuanto antes, cosa que consiguió hablando con él por el teléfono del dormitorio de los Tarradellas.

Según Mora, Tarradellas le dijo que la entrevista iba dirigida "solamente a dos personas": Adolfo Suárez y el Rey. El exdirigente de Esquerra Republicana de Catalunya estaba convencido de que debía hablar con ellos y de que no le recibían porque alguien, en el Principado, estaba haciendo todo lo posible para impedirlo. "Hay mucha pequeñez en algunos políticos", dijo. La entrevista sería una manera de pedir audiencia:

Tengo cosas que decirles. Y debe ser cuanto antes, porque el país está muy raro, están pasando cosas que me tienen intranquilo.

En la entrevista, Tarradellas señalaba que el proceso autonómico podía desencuadernar España por su coste económico ("decenas de millares de funcionarios y tres o cuatro mil cargos políticos") y el acrecentamiento de las rencillas entre regiones. He aquí algunas de sus declaraciones:

Hemos corrido demasiado y las cosas no marchan como debieran. (...) que nadie crea que cuando yo hablo de golpe de timón pienso en un hecho traumático, en un golpe de estado, ni nada por el estilo. Yo creo que el país necesita una fuerte sacudida que devuelva la confianza a los españoles en que las cosas que se les dicen se van a hacer de verdad: no se puede vivir en un estado permanente de desconfianza y desilusión.

Si no hay unidad en España, en Cataluña, en el País Vasco, en todo el país, no nos salvamos.

Soy un ciudadano catalán y español apasionadamente preocupado por el país.

Tarradellas consiguió lo que quería, ya que a finales de enero viajó a Madrid y fue recibido por el Rey, el presidente del Gobierno (Suárez dimitió unos días después, el 29 de enero) y el ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa, como cuenta el periodista Jesús Conte en Tarradellas, testigo de España.

¿Un ‘contragolpe' para parar el golpe?

¿Qué se le dijo en Madrid? El catedrático Francesc de Carreras reveló el año pasado que Taradellas le confesó a su padre, del que era amigo, que,

dada la gravedad de la situación y para evitar un probable golpe de estado militar, Suárez dimitiría y un general, de plena confianza del Rey, asumiría la presidencia del Gobierno con el acuerdo de todos los partidos. Así se daría un "golpe de timón" que permitiría acabar con el terrorismo, estabilizar la democracia y tomar medidas para mejorar la economía.

Unos días más tarde de la conversación con De Carreras, Tarradellas cenó con Francisco Mora, al que insistió en que fuese a Lérida a conocer al general de división Alfonso Armada, gobernador militar de la provincia. Mora le dijo que lo haría después del II Congreso de UCD, que se inauguraba el 6 de febrero. Y Tarradellas le respondió: "Quizás entonces ya sea tarde". Mora cuenta que el significado de esas palabras, después de los sucesos del día 23, siempre le ha intrigado.

El 10 de febrero Armada visitó a Tarradellas para despedirse, pues dejaba el puesto de gobernador militar (siendo tal, se había entrevistado con dirigentes socialistas como Enrique Múgica) para desempeñarse como segundo Jefe de Estado Mayor del Ejército, en Madrid. El día 23 por la tarde, un grupo de guardias civiles irrumpió en el Congreso de los Diputados mientras se elegía presidente a Leopoldo Calvo-Sotelo.

En una situación de decadencia política y crisis tanto económica como de orden público, con diversos miembros de UCD, PSOE, AP y otros partidos implicados en conspiraciones contra Suárez y afanados en formar Gobiernos de gestión o de coalición, las palabras de Tarradellas fueron como gasolina para un fuego.

Que el "golpe de timón" no era una medida de fuerza, pese a los intentos de los militares del 23-F por utilizar la expresión en su defensa, lo prueba la reiteración de Tarradellas de la explicación del significado que le daba. En los años siguientes siguió hablando de ello.

Las autonomías, el mayor problema

A mediados de marzo de 1981 Tarradellas remitió a La Zarzuela una carta para el Rey, de veintisiete folios de extensión, que reproduce parcialmente Conte en su libro:

No hace falta que enumere los problemas (...), pero principalmente hay uno que, en mi opinión, es vital y que si no se resuelve o no lo reconsideramos desde el principio será muy difícil conseguir estabilidad alguna en el país. (...) Es el problema de las autonomías [vasca y catalana].

Al final, pidió una "medida generosa" para los etarras y los golpistas militares, cuyo juicio empezaría en febrero de 1982. Para estos últimos solicitó un indulto en 1983 y adujo como ejemplo lo ocurrido en Francia con los militares implicados en actos políticos contra los Gobiernos de Charles de Gaulle.

El 11 de abril de 1981 mandó una carta a Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González, Manuel Fraga y Santiago Carrillo en la que afirmaba que "los problemas de la lengua y de la escuela" se debían al Gobierno de Pujol. La carta la publicó La Vanguardia ese mismo mes.

El 18 de noviembre de 1981 se explayó con el periodista Emilio Romero sobre el sentido de la expresión golpe de timón:

Referente al golpe de timón que ya hace más de dos años pedí en Morella, me parece que entonces era el momento oportuno para darlo, pero en aquellas circunstancias el Gobierno y los partidos que lo apoyaban estaban en plena euforia y recibieron mi llamamiento con desagrado, considerándolo algunos hasta una provocación.

¿Qué diría hoy Tarradellas, cuando el presidente de la Generalitat, representante del Estado español en Cataluña, chantajea a la nación con el concierto económico y consigue que el presidente del Gobierno le reciba como si fuera un jefe de Estado extranjero?

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