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MITOS DE LA IZQUIERDA REFUTADOS

Salvador Allende se suicidó en La Moneda

El 11 de septiembre de 1973 se produjo en Chile el golpe de estado contra el socialista Salvador Allende, que fue encontrado muerto por los militares en el palacio de La Moneda. Durante años hubo dudas sobre si se había suicidado (versión de la junta militar), si había muerto en el ataque o si había sido asesinado, por un agente castrista o por los propios golpistas. Una reciente autopsia confirmó el suicidio.

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La izquierda europea y americana nunca ha tenido buen gusto al escoger a sus líderes. Le encantan los vejetes, como Santiago Carrillo, Noam Chomsky y Stéphane Hessel, aunque se pongan corbata y chaqueta. En los años 70 los socialistas educados, es decir, los que ya tenían algo que perder con la revolución (piso en la playa, herencia familiar), se sintieron subyugados por el sexagenario Salvador Allende, un médico de buena familia que se había hecho rojo, que había desfilado con uniforme paramilitar y había promovido la eugenesia y diagnosticado la curación de los homosexuales.

En 1970, después de haber fracasado en tres elecciones desde 1952, Allende se presentó como cabeza de la Unidad Popular, que agrupaba a toda la izquierda. Junto a los socialistas y la izquierda cristiana estaban los comunistas y los miristas (Movimiento de Izquierda Revolucionaria); éstos, desde su fundación –en 1965–, habían optado por la vía violenta:

El MIR rechaza la teoría de la vía pacífica porque desarma políticamente al proletariado y por resultar inaplicable, ya que la propia burguesía es la que resistirá, incluso con la dictadura totalitaria y la guerra civil, antes de entregar pacíficamente el poder. Reafirmamos el principio marxista-leninista de que el único camino para derrocar al régimen capitalista es la insurrección armada.

Sólo un tercio de los votos

Las elecciones se celebraron en septiembre, en medio de una gran tensión. Allende obtuvo un 36,3% del voto; Jorge Alessandri, del Partido Nacional, un 34,9; y Rodomiro Tomic, de la Democracia Cristiana, un 27,8. Como ninguno superó la mitad de los votos válidos, de acuerdo con la Constitución el Parlamento escogió entre los dos primeros. Los democristianos apoyaron a Allende a cambio de la aprobación de un Estatuto de Garantías Constitucionales, que luego Allende incumplió.

Empezó así la vía chilena al socialismo, con olor a empanadas y vino tinto (sic). La meta era el socialismo (la propiedad colectiva, la socialización de los medios de producción, el control de la sociedad por el Estado y la vanguardia proletaria), pero alcanzado por medios pacíficos, es decir, electorales y parlamentarios. La vía revolucionaria, estilo castrista, quedaba aparcada. Personalidades del llamado socialismo democrático mostraron su admiración y su interés por esta vía, el único producto de exportación chileno –excepción hecha del cobre– a Europa.

El regalo de Fidel

En poco tiempo la Unidad Popular condujo a Chile al desastre económico y social: ocupaciones de tierras y fábricas, huelgas, hiperinflación, nacionalizaciones, milicias armadas, desabastecimiento... Como muestra de cuál era el destino chileno, en noviembre de 1971 llegó al país el dictador Fidel Castro, que se pasó casi un mes arengando a las masas trabajadoras en contra de la oligarquía, los golpistas y los reaccionarios. Al marcharse regaló a Allende un objeto muy práctico para asegurar la vía pacífica al socialismo: un AK-47, el arma preferida de nuestro enemigo, como lo definió Clint Eastwood.

En agosto de 1973 la Cámara de Diputados aprobó un acuerdo por el que declaraba:

(...) es un hecho que el actual Gobierno de la República, desde sus inicios, se ha ido empeñando en conquistar el poder total, con el evidente propósito de someter a todas las personas al más estricto control económico y político por parte del Estado y lograr de ese modo la instauración de un sistema totalitario absolutamente opuesto al sistema democrático representativo que la Constitución establece.

El golpe militar se produjo el 11 de septiembre de 1973. Las imágenes más espectaculares son las de unos aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea Chilena bombardeando la sede la presidencia, el palacio de La Moneda. Allende se había refugiado en éste junto con su guardia pretoriana, el GAP (Grupo de Amigos Personales), que había sustituido a la escolta militar y estaba conformado por militantes de extrema izquierda nacionales y extranjeros.

El hallazgo del cadáver

Cuando los militares entraron en La Moneda, encontraron el cuerpo de Allende y afirmaron que se había suicidado de un disparo. El cadáver fue enterrado ese mismo día con nombre falso. Mitterrand, que le había visitado en Santiago, declaró que Allende le había mostrado el busto de un presidente chileno, José Ramón Balmaceda, que en 1891 se suicidó al ser derrocado; entonces le dijo:

Este hombre se dio muerte. Si un día yo soy derrocado, haré lo mismo.

La similitud entre ambos la llevó Allende al punto de inspirar su último mensaje en el testamento político de Balmaceda.

Para la izquierda, el desastre del modelo chileno fue un mazazo. El comunista Manuel Vázquez Montalbán aprovechó la ocasión para conducir el agua al molino de la revolución violenta. En cambio, mucha gente asistió al golpe con alivio; dentro de Chile, por ejemplo los democristianos que habían votado a Allende para presidente, y fuera de Chile, por ejemplo en España, Estados Unidos... y hasta en la China comunista. En el Centro Vasco de Santiago, controlado por nacionalistas, se bebió champán para celebrar el derrocamiento.

Premios Nobel para la propaganda

El poeta comunista Pablo Neruda, que sobrevivió unos días al golpe (murió el 23 de septiembre), fue uno de los primeros, si no el primero, en construir el mito de un Allende asesinado por los uniformados. Escribió un texto que alimentó el martirologio comunista y que concluía con estas palabras:

Había que ametrallarlo porque jamás renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile.

El 28 de septiembre Fidel Castro añadió en un discurso nuevas pinceladas al retrato. Allende había luchado con un arma hasta caer herido.

Se produce entonces, en medio del combate, un gesto de insólita dignidad: tomando el cuerpo inerte del presidente, lo conducen hasta su gabinete, lo sientan en la silla presidencial, le colocan su banda de presidente y lo envuelven en una bandera chilena.

El novelista Gabriel García Márquez también participó en esa campaña de propaganda. Según él, después de morir en un tiroteo "todos los oficiales, en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo".

Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

Estos relatos han perdurado durante décadas, pese a los hechos. Hasta el periodista español Manuel Leguineche repitió en alguna columna la imagen de los oficiales disparando sus armas sobre cadáver de Allende.

Había motivos para creer a la dictadura de Pinochet capaz de infamias como ésa, ya que la Junta enviaba pistoleros a matar a los que consideraba sus enemigos no sólo a países vecinos, también a unas manzanas de la Casa Blanca.

Un testigo le vio matarse

El doctor Patricio Guijón era parte del equipo médico de Allende y estaba en La Moneda ese 11 de septiembre. Es el único testigo de su muerte, y confirma la versión del suicidio. En 1984 Guijón relató a una revista:

Iba saliendo y de pronto pensé que nunca había estado en una guerra y volví para ir a buscar una máscara y llevársela de recuerdo a mi hijo. De pronto, justo frente a la puerta, vi el momento en que Allende se pegó un tiro.

Cabe decir que la familia de Allende aceptó la tesis del suicidio, pero para la izquierda un Allende asesinado era tan atractivo como un póster del Che.

También circuló la versión de que Allende fue muerto por sus protectores para impedir que se rindiese. El periodista y escritor cubano Jacobo Machover relató las declaraciones de dos testigos que escucharon al entonces guardaespaldas Patricio La Guardia asegurar que él había acabado con la vida de Allende cuando pretendía rendirse.

Nueva autopsia

En mayo de este año, un juez especial chileno ordenó la exhumación del cadáver de Allende, que en 1990 había sido trasladado al panteón familiar, para hacerle un nuevo peritaje. A fin de despejar cualquier duda, hasta se hizo a los restos un análisis de ADN. En julio el juez recibió el informe, que afirma que la muerte se debió a una herida de proyectil cuyas características corresponden a un suicidio.

En la familia Allende los suicidios son sorprendentemente frecuentes. Aparte del expresidente, se han suicidado su hermana Laura; una de sus hijas, Beatriz, que se mató en 1977 en Cuba de un disparo; y, en diciembre de 2010, después de una larga depresión, su nieto mayor, Gonzalo Meza Allende, hijo de la senadora Isabel.

En este asunto, Pinochet decía la verdad, mientras que Fidel Castro y Gabriel García Márquez mintieron.

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