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EL CASO ARGENTINO

El populismo es violencia y engaño

Al igual que Evo Morales y Chávez, recientemente la presidenta argentina hizo un llamado a "construir" una "nueva independencia". Cristina Kirchner se refería al Pacto del Bicentenario, un pacto al estilo fascista entre el Estado y las corporaciones paraestatales.

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Coherente con su clara vocación violenta, la mandataria aseguró que quienes lucharon por la independencia argentina "se enfrentaron a los ejércitos más poderosos del planeta y los vencieron".
 
Igual que Castro, Chávez y todos los totalitarios, Cristina Kirchner utiliza la "cadena oficial", que obliga a los medios a transmitir tediosos discursos oficiales, para señalar cosas como que el mundo "necesita más alimentos". Lo dice la presidenta de un país que con 40 millones de habitantes produce alimentos para más de 300 millones pero donde muchos niños padecen hambre. Según un estudio de la ONG Cippec, las acciones del Gobierno contra la desnutrición infantil, "lejos de ser eficaces, (...) continúan acentuando las brechas de inequidad".
 
En el mismo discurso, la presidenta argentina aclaró: "No hay posibilidad de ser un país independiente si no hay desarrollo económico". Como señala Gustavo Lazzari, en Cristina Kichner repite en todos sus discursos que nuestro país está viviendo el proceso de crecimiento "más largo de toda la historia". Pero en realidad la Argentina no crece al 8% anual, como mienten las cifras oficiales, sino al 3 o al 4%. Y nuestro crecimiento es muy desigual, concentrado en unos pocos ricos, casi todos amigos del Gobierno, mientras que la pobreza general aumenta.
 
La aquí desdeñada globalización fue el vehículo para que el crecimiento de países como China y la India empujaran la demanda y, con ello, los precios de las materias primas que muchos países exportan. Así, en 2007 Azerbaiyán creció un 31%; Timor Oriental, un 24%; Macao, un 16%; Angola, un 16%; Armenia, un 13%; Sudán, un 12%; Guinea Ecuatorial,  12%; Georgia, un 12%; China, un 11%; Lituania, un 10%; Mongolia, un 9,9%; Etiopía, un 9,8%; Camboya, un 9,1%; Bután, un 8,8%; Eslovaquia, un 8,8%; Kazajistán, un 8,7%; los Emiratos Árabes Unidos, un 8,5%; Liberia, un 8,5%; la India, un 8,5%; Vietnam, 8,5%. Todos ellos crecieron más que la Argentina.
 
La debacle argentina se debe a la violencia ejercida por el Estado sobre el mercado. Como caso sintomático cabe señalar las "retenciones" confiscatorias que se quiso imponer a los exportadores argentinos. En un primer momento el Gobierno dijo que cobraría altas retenciones a la soya con el objeto de que se cultiven también otras especies. Luego dijo que era para que no se encarecieran los alimentos en el mercado interno. Seguidamente, apostando a la demagogia, aseguró que el fin era construir hospitales para los pobres.
 
Veamos cómo le va a Venezuela con las políticas similares de Chávez. El Estado venezolano paga por una cama diaria en un hospital público entre 5 y 8 millones de bolívares, mientras que en los centros privados el costo por cama varía de 1 a 3 millones, según explica Juan Correa, jefe de cirugía del Hospital Domingo Luciani de El Llanito, que por lo demás aclara que la diferencia de precios obedece a la burocracia y a la "excesiva cantidad personal".
 
El estatismo no hace daño sólo en el Tercer Mundo. Steve Hanke explica que, en EEUU, el Departamento de Asuntos de Veteranos "opera el mayor sistema de servicios de salud del país"; y añade: "El costo de construcción por cama de sus hospitales para ancianos es casi un 290% superior que en los hospicios privados (...) el equipo de administración de construcción tiene 16 veces más empleados por cama que (...) el sector privado, y los proyectos requieren de 3,5 veces más tiempo de construcción que los privados".
 
 
© AIPE
 
ALEJANDRO A. TAGLIAVINI, analista político argentino.
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