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España y Marruecos

La entrega del Sahara y los intereses de España

En 1943, Francia era un país ocupado. Sin embargo, quien quisiera entrar en su territorio desde España, por ejemplo, debía atenerse a la decisión de las autoridades francesas, no a la de las alemanas. En ese caso, ocupantes y colaboradores guardaban las formas. No ocurría lo mismo en Polonia, donde el Reich tenía un proyecto de germanización y muchos menos simpatizantes; aunque nadie intentaba llegar a Varsovia sin propósitos bélicos por aquellas fechas. La presencia de Marruecos en el Sahara guarda más semejanzas con el segundo caso. Las autoridades marroquíes, sin mandato alguno, como fuerza de ocupación pura y dura, se han hecho cargo de El Aaiún. Y las autoridades españolas no hacen ni harán nada para poner remedio a esa situación. ¿Por qué se van a ocupar de los saharauis si tampoco se ocupan de los presos españoles en Marruecos, cuya situación es infame?

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Por dos veces en los últimos días, grupos de políticos españoles intentaron bajar de sendos aviones en el aeropuerto saharaui, sin éxito. Voy a dejar de lado el tema de la composición de esos grupos, en los que nuestra derecha brilló por su ausencia (*), pese a las declaraciones de Zaplana: también en este caso, se regala, y nada menos que a IU y a los nacionalistas catalanes, la representación de España en un asunto que nos incumbe a todos. Había que estar ahí. La idea era ir al Sahara y comprobar personalmente si se respetaban o no los derechos humanos en ese territorio. El ministerio español de Exteriores y la embajada de Marruecos en Madrid habían sido avisados de la visita a mediados de mayo. Pero poco después de eso se inició la represión de independentistas saharauis por parte de las fuerzas marroquíes. La chispa madre de ese incendio había sido una manifestación contra el traslado de un preso saharaui de El Aaiún a Agadir. A ésa siguieron otras, de mayor alcance: contra las violaciones a los derechos humanos y por la autodeterminación y consecuente independencia del Sahara.
 
Los marroquíes comunicaron, respecto del primer grupo de españoles y por medio de la agencia oficial Map, que su visita era “ilegal” por “no disponer de una autorización oficial para llevar a cabo actividades políticas”. El término ilegal remite, por supuesto, a la legalidad marroquí. El término oficial remite, por supuesto, a la estructura del Estado marroquí. El Sahara, sin Baker, sin referendo, sin comunicación previa de ninguna clase, ha pasado en fecha indeterminada, pero ya pretérita, a formar parte de Marruecos. El primer paso se había dado con la visita de Mohamed VI a la zona en los días del conflicto de Perejil: tengo para mí que aquella provocación tuvo por finalidad crear una cortina de humo para desplazar del primer plano el viaje del monarca, quien se reunió allí con representantes de empresas petroleras –entre ellas Total Fina ELF, la de Chirac-Sadam-- decididas a explorar y explotar la zona.
 
El diario ABC informa el 29 de mayo que “se abrió una investigación judicial después de los violentos enfrentamientos ocurridos esta semana entre manifestantes saharauis y policías marroquíes”, cosa que “fue confirmada en televisión por el procurador de El Aaiún”. El procurador lo es del rey de Marruecos, de modo que cabe pensar que fue él quien abrió una investigación sobre lo que su propia policía hizo en la ciudad, lo que se traduce en muy magras garantías.
 
El ministro de exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos.Entretanto, Moratinos dijo lo que sabe decir, hablando desde Guimaraes, en Portugal, donde estaba reunido con cancilleres iberoamericanos: España “va a seguir desplegando toda una serie de medidas y contactos para que las negociaciones diplomáticas, dentro del marco de Naciones Unidas, puedan llevar a un entendimiento y soluciones definitivas [...] Tenemos que involucrarnos y apostar por el diálogo”. O sea que España va a seguir haciendo nada o, lo que es peor, va a seguir contribuyendo a que Marruecos haga lo que le venga en gana, que para eso es nuestro mejor amigo. Involucrados ya estamos, pero apostar por el diálogo no es la mejor manera de desempeñar el papel que nos corresponde. El marco de Naciones Unidas, por otra parte, ha sido desbordado hace tiempo, sin que a los señores Annan, Solanas y Moratinos se les moviera un pelo. Estados Unidos, que necesita un aliado en el Estrecho y dejó de tenerlo en España merced a la política exterior de Zapatero, desastrosa pero existente y coherente, no hará nada para remediar la situación. Y que nadie diga que lo hace por el petróleo, porque las empresas americanas hubiesen ocupado el mismo lugar que ahora si España conservara su autoridad en la región.
 
En su primera visita de Estado, Zapatero fue a Marruecos, a donde ya había ido en diciembre de 2001 para fotografiarse con el rey ante un mapa del país que incluía las Canarias, Ceuta, Melilla y Perejil. La primera salida al exterior de Maragall como presidente de la Generalidad catalana y con Zapatero en el gobierno central, fue a Marruecos. La primera vez que el jefe del Estado y el del Gobierno, a la sazón Felipe González, se ausentaron juntos de España fue en 1991, para firmar en Rabat el tratado de amistad y cooperación hispano-marroquí. Los viajes de Felipe González y de su esposa a Marruecos son muy frecuentes.
 
José María Aznar había sentado un principio al respecto: el de que las buenas relaciones hispanomarroquíes son más importantes para Rabat que para Madrid. El gobierno socialista prefiere desconocer ese principio y actuar en sentido opuesto. Naturalmente, si Madrid dice lo contrario, Rabat encantado de ser el beneficiario de esa falta de autoestima: así es como están las cosas, en la más completa entrega.
Para quien intente sugerir que el gobierno español ha abandonado a su suerte al Polisario, Moratinos tiene la respuesta preparada: es que la derecha española quiere que la Legión vuelva al Sahara. Pues verá usted, señor ministro, yo sé que su imagen de la Legión y su imagen de la derecha española –al menos las que pretende vender en su discurso— no se corresponden con la realidad, y probablemente no se correspondan tampoco con realidades pasadas.
 
La escena en la que un Millán Astray vociferante se enfrenta al rector de Salamanca, que usted y sus pares evocan a menudo, ha sido interpretada torcidamente: en ella, quien representa a la derecha española es Don Miguel de Unamuno; el militar mutilado, paranoico y resentido apenas si encarnaba una de las vertientes estéticas, o antiestéticas, de uno de los fascismos locales. En cuanto a las guerras españolas en África, mucho habría que decir: lo primero, que las dos partes eran igualmente feroces cuando de la Legión se trataba, y que cuando no se trataba de la Legión, nuestros soldados llevaban las de perder porque comían mal, entendían poco la situación y lo que tenían delante era espantoso. Como recordará, cuando Franco quiso ser brutal de verdad, se trajo a los moros. Su colega Bono, por otra parte, podrá explicarle lo que la Legión es hoy. Y sí, la derecha española, a fuer de civilizada, preferiría que en el Sahara estuviese la Legión y no las fuerzas marroquíes. Y lo mismo cabe decir de cualquier saharaui de a pie en la arena. Teníamos que descolonizar, parece claro, pero no como lo hicimos, sino con la Legión ahí, garantizando la independencia del territorio y acompañando a sus habitantes a la escuela y a los colegios electorales.
 
En 1976 no descolonizamos: entregamos. Lo que vino después no pasó de las buenas palabras, salvo en el período en el que José María Aznar recordó, y quiso hacer recordar a todos, que España, como cualquier otra nación, tiene intereses permanentes en el Magreb y en el resto del mundo. Si no se parte de esa noción, el siguiente paso es la entrega de todos los lugares que figuran el mapa de Mohamed, empezando por Ceuta y Melilla y terminando no se sabe dónde.
 
 
(*) NOTA DEL AUTOR: Este párrafo fue redactado desconociendo la presencia del diputado del PPC Rafael López en la delegación que viajó al Sahara desde Barcelona y a la que se impidió bajar del avión en El Aaiún. Posteriormente, informa ABC el 27/6/2005, Marruecos rechazó otra delegación, compuesta por “los parlamentarios del PP e IU, Begoña Chacón e Ignacio García”, dos catedráticos uniersitarios y representantes de asociaciones de ayuda al pueblo saharaui. De modo que el reproche al PP es del todo injusto.
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