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BAMIYÁN EN EL LLOBREGAT

La expropiación cultural (y material) en tiempos del PSOE

El 20 de octubre llegó a mi mail una información desoladora de Periodista Digital, que reproduzco textualmente: “El Ayuntamiento de Esplugues de Llobregat (Barcelona), gobernado por el PSC con mayoría absoluta y entre cuyos concejales se encuentra la actual Vicepresidenta del Congreso de los Diputados, Carme Chacón, continúa los trámites para expropiar de forma totalmente arbitraria el Monasterio de Santa María de Montsió y expulsar a la comunidad de religiosas dominicas que ahí vive”.

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"La última notificación que recibieron al respecto está fechada el 6 de octubre, les llegó el 13 del mismo mes y se publicó en el boletín oficial el pasado día 27 de septiembre –prosigue la nota–. Por lo tanto, como indican las hermanas dominicas, las alegaciones terminan el 28 de octubre. Y no saben qué hacer. Pero piden ayuda y oraciones. El objetivo del Ayuntamiento es apropiarse de todo el monasterio (Iglesia, claustro gótico del s.XIV, dependencias y jardines), que es propiedad de la Comunidad de religiosas. Y, para tal fin, pretende modificar el Plan General Metropolitano actualmente vigente y recalificar los terrenos, pasándolos de zona verde privada de uso religioso a terrenos de titularidad pública con la zonificación de verde público y equipamiento. Esta modificación es totalmente contraria a Derecho e infringe el ordenamiento jurídico, además de ser poco coherente, irracional y antieconómica. Y los argumentos dados por el Ayuntamiento no tienen ninguna justificación. El Ayuntamiento afirma que con la expropiación se pretende preservar el conjunto patrimonial y garantizar la apertura del mismo a todos los ciudadanos. Pero esas razones son falsas y no se sostienen. El conjunto patrimonial ha sido preservado, desde su creación (s.XIV), precisamente por las distintas comunidades de religiosas que ahí han vivido a lo largo de los siglos. Gracias a ellas, solamente a ellas, el claustro ha llegado hasta nuestros días en perfecto estado. Y gracias también a ellas, cualquier persona puede visitar el claustro y los jardines cuando lo desee".
 
Confío en que mis lectores no piensen que éste es un problema aislado, una muestra de imbecilidad o de corrupción en el ayuntamiento de Esplugas o en el PSC, que no necesita de las presiones de ERC para hacer de las suyas, o un absurdo de los tantos que ocupan los periódicos cada día. Tampoco vayan a creer que al Obispado de Barcelona se le ha pasado por alto comunicarlo urbi et orbi, y por eso tienen que saber por mí o por amigos que han hecho cadenas de correo electrónico algo que deberían saber por ser católicos, o españoles, o europeos o, más en general, occidentales; no: la Iglesia, como tal, parece moverse poco por estas cosas últimamente.
 
El asunto, a mi modo de ver, es mucho más grave. La expropiación de Montsió tiene al menos tres niveles de interés. El primero se refiere a la capacidad expropiadora de los ayuntamientos y de las diversas instancias políticas de las que el Estado federal de las Autonomías, delegando cada vez más poder hacia abajo, nos ha dotado, confiando a concejales y alcaldes la interpretación del artículo 33.3 de la Constitución, en el que se establece la expropiación "por causa justificada de utilidad pública o interés social". Es una de las consecuencias de la descentralización, que no tendría por qué tener efectos tan perversos si se hubiese ido haciendo con criterios lógicos, y no mediante concesiones espasmódicas, vinculadas a la capacidad de presión de distintos grupos en distintas circunstancias políticas.
 
Maragall, Rodríguez Zapatero y Carod-Rovira.Deberíamos reconocer ahora, frente al plan Ibarreche y al estatuto de Zapatero y Maragall, que desde 1978 los sucesivos gobiernos no han tenido más remedio, si pretendían seguir actuando, que conceder. La tensión autonomista no ha cesado en ningún momento, y los partidos nacionalistas se han alimentado electoralmente de las maquinarias locales, que también fueron reclamando lo suyo. El ayuntamiento de Esplugues expropia a las dominicas, el de Barcelona expropió un barrio entero para construir el adefesio bladerunneriano que rodea los espacios del Fórum, un desastre cultural que disimuló un éxito de la especulación inmobiliaria. La expropiación política es el fundamento de un orden recalificatorio que proporciona suelo caro para una vivienda cada más inaccesible. Lo cual convierte al mercado inmobiliario español en el más intervenido de Europa. Y pone en cuestión el derecho de propiedad, "natural e imprescriptible", según la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
 
El segundo tiene que ver con la indefensión en que se encuentra el patrimonio cultural en España, donde los mismos ardientes defensores de la memoria pública que no vacilan en desgajar el Archivo de Salamanca porque el corazón de Cataluña se duele por los papeles de sus deudos tampoco vacilan en expropiar un monasterio que marca más de medio milenio de vida catalana. Si las posiciones del Gobierno frente a Marruecos, a Al Qaeda y a Irak huelen a mozarabismo y a chamberlainismo, sus actuaciones en relación con el legado católico español evocan con facilidad tanto a Mendizábal como a la pasión incendiaria de la FAI: primero intentamos la vía de la expropiación y la venta con ventaja, después la del fuego. No así, curiosamente, en lo que respecta a las mezquitas, para las que siempre hay terrenos generosamente cedidos y transferencias de dinero saudí generosamente autorizadas.
 
A esta gente, la que dice gobernar España, le trae sin cuidado el pasado, los edificios en los que vivió el espíritu, los documentos del bien y del mal, los conventos y los incunables, el laboratorio de Cajal o el paradero de los restos de Colón. ¿Por qué les va a inquietar nada de eso si no les tiembla la mano a la hora de cerrar o abrir los grifos de los ríos a voluntad de Carod? No vuelan todo eso a la manera jemer o a la manera talibán, como si fuesen los budas de Bamiyán, en parte porque han descubierto que los guiris despistados pagan por verlo y en parte porque hacerlo es caro, electoral y financieramente. La dinamita, como bien saben algunos jueces, cuesta lo suyo. No lo vuelan, pero lo malversan; y no sé si no es peor.
 
El tercero tiene que ver con la debilidad de la Iglesia española –cuyas causas de fondo ignoro–, que sin duda ha sido y es buscada en la inacabable campaña de propaganda llamada "de recuperación de la memoria histórica", es decir, de exaltación del viejo anticlericalismo y de recapitulación permanente de culpas eclesiásticas, entre otras cosas. Creo que en ningún otro país occidental se ha hecho propaganda anticatólica con la intensidad y la virulencia con que se ha hecho y se hace en España. Y ningún Gobierno europeo desde 1945 se ha enfrentado con la Iglesia como lo ha hecho el de Zapatero: hay una página en la que se puede ver en detalle la cronología de esa relación.
 
También creo que en ningún otro país occidental estaría pasando desapercibido un problema como el del Monasterio de Montsió, propiedad de las dominicas, de los católicos, de los españoles, en manos del ayuntamiento en el que dio sus primeros pasos hacia el Congreso Carme Chacón, mujer de meteórica carrera y gran poder de seducción, pero temo que excesivamente secularizada para la sensibilidad de las monjas.
 
Esas monjas dominicas, por cierto, tienen su web y necesitan apoyo en la batalla que libran en nombre de todos: http://www.esplugues.com/montsio/.
 
Gracias.
 
 
vazquez-rial@telefonica.net
www.vazquezrial.com
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